
Manuel Alberto Santillana M.
(18/82)
La enseñanza del cáncer
En agosto del año pasado 2021, hice del baño y miré sangre en la heces fecales y en el papel al limpiarme. Esto es cáncer, me dije inmediatamente, con 64 años y sangrado anal asintomático esto es cáncer de colon. Y lo fue. Me hice exámenes y en efecto se demostró un tumor en la región rectal muy cerca del ano. Por lo que acudí con mi querido alumno Carlos Daniel quien me indicó el manejo: Radioterapia y quimioterapia y me envió con los especialistas quienes me dieron el manejo respectivo en el Hospital San José en el área de oncología. Gracias al seguro de gastos médicos mayores de la UNISON STAUS se dio todo sin complicaciones ni gastos catastróficos. Amén de que el trato ha sido de excelencia y con gran calidad humana.
Pero hay varios aprendizajes de los que quiero dejar constancia:
- Que es falso que haya desabasto de medicamentos oncológicos. No me falló ninguno en ninguna de mis 6 quimioterapias. Ni siquiera cuando en la prensa se hablaba de “un desabasto total”
- Que sí es posible que el trato en los hospitales públicos y de la seguridad sea cálido, eficiente y seguro. Todo el personal médico, de enfermería, secretarial, químico, o administrativo que me atiende y atendió en la unidad de Oncología del Hospital San José –que es privado-, es egresado de universidades públicas. Y además es orgulloso de haber egresado de escuelas públicas. A todos ellos mi agradecimiento, pero mi constatación de que la calidad óptima está en el trato, no en que sea privado o público.
- Que mil y un amigos/as se reportaron para manifestarme su solidaridad y cariño. Lo que apreció y estimo aún más. Desde el panadero vespertino en su triciclo quien le preguntaba a mi esposa: “¿Cómo va el doctor?” hasta amigos de hace 45 o 50 años quienes buscaron mi número telefónico para llamarme y estar a mi lado. Y a los amigos, compadres y familiares quienes estuvieron y están cerca.
- Que esto es un aprendizaje que me dice, bájale al stress. Y le he bajado.
- Que la bella Graciela es y está a mi lado, y yo con ella, en todo.
- Que hay mucha vida por delante, aunque se puede terminar mañana mismo.
(19/81)
Temporada de huracanes
Acabo de leer la novela de Fernanda Melchor “Temporada de huracanes”. Terrible, brutal, implacable y sórdida la novela pese a sus ritmo vertiginoso es cansada. Agota tanta violencia, tanto ser humano sin esperanza, traicionero y sin nada porqué o para qué vivir.
No me gustó. No porque sea una mala literatura, sino porque muestra un México de la región tropical donde al malo le sigue el peor, y de éste al infame y de aquí a la traicionera o al vengativo. ¿Para qué tanto odio, tanta tristeza o tanta pobreza?
Yo se que esa es la moda actual de los jueces de los jurados de literatura nacional, el que la narrativa muestre lo deleznable del ser humano. Más si se trata de lo que sucede a migrantes, mujeres, niños o indígena. Mostrar la miseria humana. Pero no lo entiendo. Como ¿para qué?. ¿Cuál es el sentido?. La neta no lo entiendo. Se también que es lo que ahora, y desde hace 20 años más o menos, premian constantemente y mientras más policiaca, sangre, balazos, machetazos o violaciones haya, mientras estén bien escritas, más premios obtendrán. Pero no me gusta.
Ya se que no es una literatura para “que te guste” o que viva en el romanticismo o modernismo de los nenúfares o el beso que se escapó en un suspiro, pero creo que ahora escribir de sanguazas, semen violentado por una violación tumultuaria, cachazos de pistola o narices rotas no es lo mío.
Ni pex, como dijo Manuel Murrieta, académico de la Universidad de California: “No tocayito, tu escribes de mujeres victoriosas; mujeres poderosas que deciden su futuro. Eso no lo entienden, quieren sangre, quieren ver derrotadas o derrotados. Tu literatura no es así”.
Ni mi vida tampoco.
MASM





