
Manuel Alberto Santillana M.
(10/90 bis)
El camino correcto
Cuentan que Carlos Castaneda, en su aprendizaje chamánico, trató de ponerle un acertijo a Don Juan Matus, el brujo yaqui. Y lo que hizo don Juan, como buen brujo, fue cortar el imposible nudo Giordano.
Pero Don Juan, le reclama, si usted va a pasar por un camino donde está un francotirador esperándolo con un rifle de alto poder, cómo lo puede evitar. Don Juan se sorprendió de la pregunta. Carlos insistió. Sí, haga de cuenta que usted tiene que ir por ese camino y ahí oculto está un francotirador esperando a cazarlo a usted. Pues, se acomodó y estiró las piernas, si me esta esperando un francotirador por ese camino, pues no paso por ese camino.
No has entendido, le dijo años después Don Juan. Un guerrero no deja nada a la suerte, pone su vida en juego en cada decisión que hace en su vida, desde la más sencilla a la más compleja. Un guerrero avanza y retrocede, pero no va por la vida sin saber qué va a pasar en su camino. Él lleva la riendas y conoce las posibilidades y está listo como un águila ante las sorpresas de la vida, él construye su destino, no la suerte, no el azar.
(11/89)
Aquí me quedo
Me acuerdo que llegué a estas tierras de calor y del sahuaro una madrugada de invierno del año 78. Entonces existía el tren Pullman; uno viajaba tranquilo de día, dormitaba de día y dormía de noche en pequeños cubículos que les llamaban camarotes y viajaba, viajaba, viajaba. Treinta y tantas horas de tren para llegar a Sonora, en tren Pullman, en la famosa bala.
Llegué a la antigua estación Cajeme. Ciudad Obregón para los cuates y los emigrados de la sierra baja de Sonora, Bacatete, Tarachi, Gerardo Cornejo y anexas. Al llegar, cerca de las cinco de la mañana unos compas me subieron a una pick up y me dejaron enfrente de mis camaradas los Riesgo, a quienes iba a visitar. Puebla 659 norte, entre Yaquis y Tetabiate, si la memoria no me falla. Esa fue mi primera experiencia, observar un amanecer en el semidesierto subtropical del Valle de Yaqui. Flores del destino de rosa y venus, nubes de violeta y azul no me olvides, rojo tenmeaquí, naranja azuladito cautivante de muslos de mujer. Decidí quedarme. Me quedé cuarenta años.
MASM





