Por Jesús Antonio Dyke García*

Desde una óptica internacional el ritmo de crecimiento de la economía se vislumbra en términos negativos, según el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que el mundo se contraerá en 3.0%. De igual manera, el mismo FMI considera que la región de América Latina y el Caribe se contraerá en 5.2%. Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estima que esta misma región se contraerá en por lo menos 1.8%, siendo México uno de los más afectados, pues según estos dos organismos la actividad económica se verá drásticamente reducida, en 6.6% según el FMI y en 6.5% según la CEPAL.
Las estimaciones que arrojan estos organismos las fundamentan en la adopción – por parte de los países -, de la política de aislamiento social y económica como medida para contener la propagación del virus COVID-19, siguiendo las recomendaciones de la OMS. En nuestro país, estas medidas de aislamiento han sido implementadas bajo el nombre de “Jornada Nacional de Sana Distancia”, con el objetivo de evitar la propagación y el potencial colapso de un sistema de salud nacional que durante años fue saqueado por el neoliberalismo.
La implementación de la Jornada Nacional, sin dudas ha traído consigo la parálisis económica porque, recordemos, la vida económica no funciona sin la interacción de la vida humana.
De allí que encontramos variables “fundamentales macroeconómicos” en negativos, desde la calificación que arrojan las parásitas calificadoras de riesgo, como las estimaciones de crecimiento del PIB en negativos, la caída de la Bolsa de Valores Mexicana que día con día se encuentra descapitalizándose a ritmos acelerados dentro de una banda de 33,000 a 36,000 puntos, un tipo de cambio muy volátil que se encuentra en un rango diario de 22 a 25 pesos por dólares, a pesar de que hoy nuestro país tiene una tasa de interés del 6%, y el precio a la baja de la mezcla petrolera mexicana que se encuentra en 7 dólares por barril debido al conflicto internacional de países como Rusia y Arabia Saudita, aunado a una caída en la demanda de los países más desarrollados como China, Estados Unidos y los de la Unión Europea, por el confinamiento internacional.
Por otra parte, dentro de estas variables se encuentra particularmente una que es de vital importancia para los hogares y es el empleo. Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo al finalizar el año y producto de la pandemia del COVID-19 se estarían eliminando poco más de 195 millones de empleos, esto es equivalente a la población de Nigeria, para poner en perspectiva. En nuestro país, en un mes, las empresas mexicanas despidieron a 340 mil trabajadores. A partir de esto es que tenemos que considerar un sector de la población que ha sido muy afectado por la inactividad económica, y es la población informal mundial, quien hoy en día a nivel es de poco más de 2,000 millones de personas y en México es poco más de 31 millones de personas.
Los gobiernos del mundo muy poco han hecho para canalizar los apoyos a este sector de la población.
EN CORTO…
El Gobierno de México a nivel federal se encuentra destinando más de 25 mil millones de pesos para asignarlos a los municipios más pobres. El programa Sembrando Vida da empleo permanente a 230 mil sembradores y se ampliará para 200 mil campesinos más. Se entregarán 3 millones de créditos.
*Maestro en Integración Económica por la Universidad de Sonora.
Licenciado en Economía por la Universidad de Sonora.
Twitter: @JesusDyke5
Fb – Jesus Dyke G.





