Por: Rosa María O’leary.

Es innegable la importancia del ferrocarril, un medio de transporte seguro, económico cualquier país que se digne de tener vías de comunicación tiene los mejores ferrocarriles.

Recuerdo mi infancia en Benjamín Hill, el ferrocarril del Pacífico y el Sonora-Baja California, los juegos en los cabuses, las casas de algunas familias de ferrocarrileros que eran viejos vagones, los pitidos de las máquinas, la vendimia cuando llegaba el tren, el sonido de los trenes cuando estaban en movimiento o el cambio de vías, recuerdo como si fuera ayer el triste silbido de las máquinas desde que salió el féretro de mi abuelo de su casa hasta que lo sepultaron.

Sé que el tren tiene un gran significado para muchas familias sonorenses y mexicanas, desde el gran esfuerzo y muerte de linieros e ingenieros hasta que prácticamente se lo robaron entregándolo a Ferromex, habíase visto, México un país donde se roban un tren con todo y vías.

Mientras fue un servicio público muchos mexicanos, clasemedieros, ricos o pobres seguramente disfrutamos un viaje en tren.

Es lo que deben de comprender los defensores a ultranza de un proyecto donde interviene la iniciativa privada para llevar a cabo un proyecto que terminará siendo su negocio, ellos los empresarios, no son hermanas de la caridad.

Independientemente y suponiendo sin conceder que protegieran el entorno, terminan apropiándose de terrenos, no cuidan la infraestructura ni se proyecta el crecimiento ya no digamos el desarrollo de los pueblos, las autoridades ni en cuenta, los permisos se otorgan indiscriminadamente, lo importante para ellas es que paguen lo que se les cobre a los solicitantes.

Venden la idea de que habrá progreso y los ciudadanos que no se atreven a cuestionar, hasta dan ejemplos de toda la bonanza que deja cualquier industria, empresa, en este caso un ferrocarril, luego dicen, vean el Chepe, ferrocarril que va de Sinaloa a Chihuahua (que por cierto se lo entregaron a los mismos), atravesando la hermosa Barranca del Cobre, y sí, unió Chihuahua con Sinaloa y es un importante medio para transportarse en la sierra, un importante medio de transporte turístico, ahí en los poblados los nativos venden sus artesanías, pero no se han construido hospitales, ni mejorado sustancialmente la atención ni la educación, ni sus condiciones de miseria, claro, el tren no es de los rarámuris, por lo que no pueden ser beneficiados directamente. Se han construido poblados cerca de sus estaciones, pero los más beneficiados son los chabochis, los mestizos, igual hay hoteles y son las mujeres las que limpian y hacen comida.

Laura Cordero en un artículo publicado el 15 de agosto de 2014 en SinEmbargo cita:

En esa ocasión, Lorenzo Moreno Pajarito, primer gobernador rarámuri en el municipio de Urique, dijo que para llegar al Distrito Federal “caminamos dos días entre cumbres y barrancas para llegar a Guachochi y de ahí llegar a la ciudad de Chihuahua para poder venir aquí, al Senado de la República”.

Denunció que “durante más de 40 años hemos luchado por el reconocimiento de nuestro territorio y la protección de nuestros recursos naturales ante diversos tribunales con acciones jurídicas, administrativas y penales. En todos y cada uno de los juicios hemos presentado pruebas de despojo que hemos sufrido por parte de caciques, mestizos, madereros, empresarios y políticos. Todos y cada uno de ellos han sido protegidos por los gobiernos en turno, ya sea por complicidad u omisión”.

¿Cómo va a garantizar Sr. Presidente Andrés Manuel López Obrador que la historia del tren Maya sea distinta?

Las fotos son de internet, son El Chepe, Cabus y máquina de Ferrocarriles Nacionales de México. Benjamin Hill.