Cultura light 2020

Manuel Alberto Santillana

1. Hace unos meses hice un pronóstico epidemiológico de los alcances que, pensé, iba a tener la epidemia de COVID19 en México. En junio de este año, en mi muro de Facebook señalé que iba a llegar a 300 mil casos y 60 mil fallecimientos. Desafortunadamente mis pronósticos epidémicos, basados en la datos que proporcionaban los informes de la secretaría de Salud federal, con el tiempo se vieron superados. Hice ese pronóstico, que en ese momento pareció excesivo, porque varios de los señalamientos del Dr. López-Gatell señalaban que en junio estábamos por llegar a la mitad de la epidemia, cercanos al punto más alto. En ese momento iban 150 mil casos y alrededor de 41 mil decesos. Y me lo creí.

2. Ahora me doy cuenta que las epidemias no tienen palabra. Ni en México ni en el resto del planeta. Ahí vemos a España y a Italia con una nueva ola de contagios por COVID19, en algunos casos, con mayores casos por día que en la ola inicial. Vemos que Brasil y los EEUU, donde se privilegió la libertad comercial por encima de la sanitaria, los casos son alarmantes pero igual paulatinamente van bajando. Vemos cómo en Rusia, que tuvo un control inicial mus estricto, de repente se disparó en su casuística. Igual le pasó a la India, a Colombia o a Ecuador; como balazo se disparó  la curva epidémica incontrolable.

3. Pero en ciencia nuestro interés es buscar una explicación. ¿Por qué sucede así en esta región y por qué en otra es diferente? ¿Qué factores de riesgo hacen que sea más frecuente o letal en una región? ¿Qué factores protectores tenemos? ¿Qué se ha hecho bien y qué no? ¿Qué cosas creíamos que eran benéficas de inicio y luego no, o qué cosas aprendimos son útiles en el control? Más en salud pública que es una disciplina científica práctica y humanista. Lo que sabemos es que la epidemia, como se ha repetido en innumerables ocasiones será una epidemia larga, tal vez de dos o tres años. Y mientras no haya un tratamiento específico efectivo y una vacuna verdaderamente segura y que genere inmunidad total, lo que nos conviene es seguir con el aislamiento.

4. Ahora, 25 de septiembre día de mi cumpleaños 64, estoy feliz de haber llegado bien, bueno y sano en una epidemia que afecta más a los mayores de 60 y con sobrepeso. Pero al día de hoy, a 6 meses de confinamiento y 10 meses del inicio de la pandemia en China sabemos esto:

a). Que la epidemia es altamente contagiante por vía aérea, más a un nivel de cercanía interpersonal menor a un metro y que, al parecer el uso de cubrebocas sí es un factor protector contra el contagio.

b). Que de nada sirvió haber cerrado fronteras, limitar el acceso a la vía pública o controlar estrictamente a los individuos. En los países que se hizo así, al levantar el confinamiento se inició el contagio masivo. Lo único que hicieron fue retrasar el inicio de la epidemia.

c). Que el 80% de los casos son asintomáticos o leves, más en niños, adolescentes o jóvenes, siempre y cuando no tengan de base una enfermedad inmune, o afección respiratoria como el asma.

d). Que el 20% de todos los contagios será necesario hospitalizarse y que entre un 3 al 10% de los casos será fatal. La letalidad mundial actual se encuentra en un 5%, un poco menor que la influenza que es del 9% o de la Tuberculosis pulmonar.

e). Que la letalidad aumenta en mayores de 60 años, hipertensos, diabéticos y obesos, y se encuentra presente aunque menor en pacientes inmudodeprimidos o con afecciones respiratorias.

f). Que no hubo ni ha habido coordinación internacional sanitaria para la prevención o control de la pandemia. Cada país hizo lo que quiso. Algunas naciones siguieron las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), otros a medias las siguieron y otros como Brasil, Suecia o el Reino Unido, de inicio descalificaron a la OMS. E incluso un país, los EEUU, se salió de la OMS. En pocas palabras, que la OMS no tiene liderazgo,  autoridad ni capacidad de control político-sanitario. Tanto así que los datos “oficiales” para documentar la pandemia en el mundo se buscaban en la información de los centros informáticos de dos universidades, la John Hopkins o la Oxford.

g). Que la epidemia ha seguido su curso diferente en cada país. Independiente del nivel socioeconómico, político, religioso o de la capacidad resolutiva o de la calidad e la atención de su sistema hospitalario o de sanidad. Lo que parece funcionar más es el confinamiento, la distancia social y uso de cubrebocas.

h). Que nada que ver para que la epidemia bajara con el incremento de la temperatura del ambiente o la época del año, ni con la raza o color de piel, o con el tipo sanguíneo. Igualmente nada que ver con el tratamiento inicial con un antipalúdico y un antiparasitario. Nada que ver tampoco con la migración de mexicanos a los EEUU, ni de africanos a Europa. Por el contrario, que la dexametasona sí es útil en el manejo hospitalario inicial, que el manejo temprano de los síntomas respiratorios disminuye la letalidad. Y que sí sirven los cubrebocas.

i). Que por alguna razón que aún no sabemos bien, en todos los países ha disminuido la letalidad del virus. Hayan hecho mucho, poco o nada por prevenir los contagios o modificar su sistema hospitalario.

j). Y que todavía le tarda para tener una vacuna segura.

5. Por eso decir que la mortalidad tan alta de México es culpa de López-Gatell es una estupidez mayúscula. Señalar que todo se ha hecho mal por el gobierno de AMLO o que la estrategia de control de la pandemia es un error, es otra tontería. Culpar de fallas sólo a los dirigentes técnicos sanitarios, una perversa acusación con fines políticos. Nada que ver. Pero igual señalar que la mortalidad mayor en México es culpa exclusiva de nuestra mala nutrición de años, con una obesidad epidémica, o diabetes o hipertensión tan extendidas, es algo que debe de probarse. Alemania tiene una prevalencia de Diabetes un poco mayor de la mexicana y no hay tanta letalidad. Los EEUU tienen más obesidad que nuestro país, y su letalidad es del 5%. O sea, aún no hay una explicación plausible científicamente del porqué nuestra mortalidad es tan alta. Es nuestra tarea científica el avanzar en ello.