Manuel Alberto Santillana

1. De las tres versiones cinematográficas de la novela de José Rubén Romero “La vida inútil de Pito Pérez” sin duda la mejor es la primera versión, de 1944, con Manuel Medel como protagonista y dirigida por Miguel Contreras. La segunda, una extraña película entre drama y comedia interpretada por Germán Valdez ”Tin Tan” del año 1957 y dirigido por Juan Bustillo Oro, llamada Las aventuras de Pito Pérez. La tercera de 1970, dirigida por Roberto Gavaldón, y llevando como actor principal a don Ignacio López Tarso. Tal vez ésta última la más conocida, si bien no la mejor adaptación.

2. Las tres versiones cinematográficas llevan como tema el devenir de un vagabundo y “mil chambas” llamado Jesús Pérez, al que llaman Pito, por haber llevado, durante su infancia permanentemente y tocándolo, un chiflo de carrizo. Al final de su vida de apenas cuarenta años, luego de ser un mil usos se vuelve un filósofo de la vida cuando regresa a su pueblo luego de lustros de rondar por el mundo, es decir por Michoacán. Se hace medio poeta, medio filósofo empírico, medio enamorado, medio comerciante y borracho completo que vendía hilos para mantenerse, de ahí el otro mote, el de “hilo lacre” que se gana al final de su vida. Con una canasta de mimbre vende carretes de mil colores de diversos hilos así como mantas y deshilados de Aguascalientes. Se la pasa la fina de su vida por las calles y de cantina en cantina.

3. Pero lo que hace que uno viva con emoción la lectura de la novela y se identifique con el texto es la profunda ideología de amistad, solidaridad y rebeldía que tiene Pito Pérez. No porque sea la historia de “un peladito urbano” al estilo de Cantinflas, sino la de alguien quien decide no hacerle el juego al sistema: Dice Pito “no me place la amistad con las autoridades, ni del ramo civil, ni del eclesiástico. Todos ofrecen castigarme en esta y en la otra vida y ninguna me brinda un pedazo de pan.”

4. Es claro que Pito Pérez pertenece a la novela costumbrista post-revolucionaria mexicana. Novela que exalta los valores bucólicos de un campo tranquilo, con el valor de la palabra como honorabilidad de la amistad o el comercio, así como de mantener costumbres arraigadas a la tierra, la lluvia, las flores y el atardecer y que se resiste al cambio, las prisas y lo consumista de la vida urbana. Pero, pero eso es precisamente lo que nos hace falta ahora en estos días de carreras locas por el reconocimiento, y más aún después de este año loco del 2020. Año en que nos sorprendió algo tan sencillo como quedarnos encasa. Así, no nos dimas cuenta cómo habíamos caído en una vida frenética: una cotidianidad de estar ansiosos por tener “más likes” en el Facebook, por tener el último grito de la moda en el aparato celular, por contar con dinero plástico sin límite, por deseas y poseer más mujeres, hombres, trajes, relojes, carros, ropa, calzado, maquillaje, belleza. O sea que el leer, releer, ver “La Vida Inútil de Pito Pérez” es un retorno a la memoria de la región, en suma un retorno a la vida sencilla.

5. En el 2021 el Instituto Politécnico Nacional cumplirá 85 años de existencia y no ha cambiado su lema: “La técnica al servicio de la Patria”. Orgulloso lema, que surge en los mismos años en los que Pito Pérez anduvo andando por los caminos cercanos a Janitzio, Tzintzuntzan o Santa Clara del Cobre. Y este 2020 nos hace tmbien regresar a ese orgullo nacionalista. Por eso, de eso escribo y hablo, de ese orgullo. No es como la Comisión Federal de Electricidad que olvido su lema “Electricidad para el progreso de México” para cambiarlo en los ilusos tiempos del los gobiernos neoliberales por un vago y difuso “Una empresa de clase mundial”. Qué horror y qué flojera.

6. Y como afrenta al mundo cambiante y orgullosos de lo banal e insulso que sufrimos hasta antes del 2020, mismo que nos dio una bofetada directa a la soberbia humana, transcribo el poema de Pito Pérez que viene en la novela, cuando le piden que declame en la boda. Donde él, forzado por la presión social y su fama de poeta, se ve obligado entonces a recitar y ya borracho, olvida la discreción, cortesía y respeto:

“El pueblo lo felicita
por la mujer que se lleva.
Es dadivosa, bonita,
diligente y casi nueva.
Tiene un lunar en el pecho,
barbas en las pantorrillas
y verá usted satisfecho,
que ya no le hacen las cosquillas.
Le huelen mal los sobacos,
si seguido no se baña.
Al fin de los arrumacos,
gime, muerde, grita, araña”.