Manuel Alberto Santillana M.

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El camino del corazón 1

De adolescente, como casi todos, sufría de inseguridades, de miedos y mil temores, a la vez que era tremendo por lo arrojado e imprudente. Me quería comer el mundo. Uno de los temores más grandes de esos años era el de saber si eras atractivo o no para las damas. Y esa inseguridad generó acné y tartamudeo. Y así pase la secundaria y preparatoria. A la mitad de la carrera de medicina tuve una conversación con mi abuela, que era, sin duda, tan cabrona como mi padre. Fuerte y enérgica, pero con una pinta de dulzura mi abuela escuchó mis quejas de amores y, tomando su café con leche y después de morder su mollete enfrijolado con salsa mexicana me dijo: “No seas pendejo mi´jito, enamórate de mujeres que te hagan caso, no de las que no te hacen caso”.

Que vale para todo en la vida, no solo para el eterno femenino.

(13/87)

El camino del corazón 2

Don Juan Matus le dice a Carlitos Castaneda el problema de los amores y el cariño, las relaciones hombre-mujer, etc, que todas son complejas, pero que uno no debe malgastar energía personal en saber si lo quieren o no. Carlos le explica una historia de joven y otra más reciente donde sufrió porque la compañera lo había abandonado.

Don Carlos se sentó en un otomano de ramas y asiento de cuero de vaca y le dijo: “Un guerrero quiere, eso es todo. Si lo quieren o no no es lo importante, lo importante es lo que el guerrero quiere y se dedica eso. Que lo quieran o no lo quieran a uno, créeme, no es la más importante que hay en la vida”.

MASM