Foto: Jesuitas de México.

Javier “El Pato” Ávila, sacerdote jesuita con cuarenta y ocho años en la sierra Tarahuamara, afirmó en entrevista que el presunto asesino de los dos jesuitas y el laico pidió perdón a un tercer sacerdote por haber asesinado a sus compañeros. No solo eso, estuvo platicando con él cerca de una hora, en la que también pidió el sacramento de la confesión.

Así lo narra en la conversación que sostuvo con el periodista Ciro Gómez Leyva esta mañana. Cuenta que el padre Jesús Reyes estaba en medio de los otros dos asesinados,  Javier Campos Morales S.J. y Joaquín César Mora Salazar S.J. “Él me dice: ‘no sé por qué a mí no me mató, es una interrogante”.

El presunto asesino, identificado como José Portillo, alias “el Chueco”, era conocido de los tres sacerdotes. “Lo conocían de saludo, de decir ‘qué tal padre como le va, gusto de verlo’. El Padre Javier lo conocía desde niño”, refiere Ávila.

De acuerdo a lo narrado por Jesús Reyes, después de asesinar al guía de turistas, llegarían los tres pidiéndole con autoridad al presunto asesino que se calmara. El delincuente, con el arma en la mano mata primero a uno; después el padre superior, Javier Campos, intenta decirle algo y también lo mata.

El Padre Jesús, a decir de Ávila, pensó que seguía de morir. Pero lo que ocurrió fue que el delincuente se quedó como “desconcertado” y se puso a platicar con el sacerdote por alrededor de una hora. En un momento dado se arrodilló y le pidió perdón, incluso pidió el sacramento de la confesión.

“Estuvieron platicando en el patio exterior de la casa parroquial por una hora. El padre Jesús le pidió que le dejara los cuerpos, pero llegaron otros personajes que acompañaban al delincuente, él les ordenó que levantaran los cuerpos y se los llevaron en una caja de pick up”, dice “El Pato” Ávila.

Según lo comentado, Portillo se veía un sujeto fuera de sí, “parecía muy drogado”.

“Nosotros no vamos a abandonar el pueblo, es nuestra opción de vida, no vamos a correr, es opción definitiva, no es opción de sexenio, es de vida” dice Javier, y critica al gobierno federal: “Yo llevo cuarenta y ocho años en la tarahumara y ya desde entonces existía este problema (del narcotráfico). ¿Qué pasa con las autoridades, que no pueden? ¿Hay complicidades? Es pregunta, no afirmación. Hay impunidad, esa sí es afirmación, no pregunta.”

Y responde también sobre la política del presidente López Obrador: “En todo el país hay conflictos muy graves, no solo en la tarahumara, es un manto que arropa al país. Es muy fácil hablar, echar sermones mañaneros y homilías mañaneras, pero dónde están los resultados, si aquí te estoy hablando de cuarenta y ocho años. Sí ha habido detenciones, pero es más la impunidad”.

Y redunda: “El mismo presidente ha reconocido que es una zona muy conflictiva, pero de qué sirve que lo reconozca si no hay resultados efectivos”.

“A la fecha no existen datos de experiencias exitosas, datos palpables de poder decir “esa zona ya se limpió todo”, no, es una plaga que no han podido erradicar, es una pus, que permea toda la sierra y todo el país.”

Sobre las novedades de la búsqueda de los cuerpos dice que la comunidad está tranquila, pero temerosa. “Espero que realmente estén buscando los cuerpos”, afirmó.

También el padre Javier Ávila reflexionó sobre los sucesos desde la perspectiva de su quehacer jesuita: “estos hechos a nosotros nos fortalecen mucho nuestra opción por la gente, por la verdad, por la justicia, darle la mano y seguir caminando con ellos, ha sido una gracia, un regalo el que nos permita participa de esta manera el dolor de la agente. Yo he estado en muchas marchas en solidaridad, de desaparecidos, ahora es chistoso como somos parte, los jesuitas, de ese grupo de familiares que exigen a sus desaparecidos”.