#DíasdelFuturoPasado 92
Jorge Tadeo Vargas.
Por motivos personales estuve todo el mes de junio en la ciudad de Hermosillo (Ankh-Morpork) que se encuentra justo en la frontera entre el Desierto de Sonora y los ecosistemas de transición del sur del Estado de Sonora, mismos que han sido modificados por la agro industria río arriba, y por el turismo y la industria de la acuicultura en las costas. Es decir, las cuencas en su estado natural han sido modificadas en su totalidad, con lo que el ciclo del agua está en un desbalance crítico, que no aporta mucho ante la crisis socio-ecológica actual.
En junio la temperatura en Hermosillo se mantuvo entre los 35 y 42 grados centígrados, un hecho histórico, incluso para esta ciudad considerada una de las más calientes del mundo. Este año, en plena primavera fue al menos en dos ocasiones la ciudad con las temperaturas más altas a nivel global.
Sin embargo, para el grueso de la población, este calor, estas temperaturas son de lo más normal, a lo mucho algunos culpan – en abstracto, como dictan los medios de comunicación – al cambio climático como si este fuera un fenómeno global del cual ellos no pueden hacer nada, no tienen ninguna responsabilidad. Siguen su vida sin preocuparse mucho por el clima más allá del recibo de su consumo de energía eléctrica, donde las altas tarifas son insostenibles para muchas familias, pues quienes pueden ya tienen sus aires acondicionados encendidos desde mucho antes de que les llegue el subsidio de la Comisión Federal de Electricidad.
Poco o nada se dice de la decena de muertos por golpe de calor que cada año ocurren en una ciudad que no llega al millón de habitantes, los medios a lo mucho les dedicara una pequeña nota. El calor, las altas temperaturas ya no son noticia, tampoco lo es la modificación del clima que se ha venido dando en los últimos años donde el factor de humedad va cobrando tintes de ecosistema selvático, y donde la humedad cada año es más alta, un recordatorio de la era previa a la pequeña glaciación donde este desierto actual era una selva. Un fenómeno climático como el que tenemos en puerta fue el que nos convirtió en desierto hace algunos millones de años atrás. Pero esto es motivo de otro texto.
Las altas temperaturas están ocurriendo en todo el país (lo correcto es decir en todo el mundo) aunado a una sequía que está poniendo en entredicho la mala gestión del agua (cuencas hidrológicas) y los ecosistemas privilegiando a la industria antes que a la naturaleza y las comunidades humanas.
Esta ola de calor está haciendo estragos en Europa, principalmente en el sur de este continente en los países más pobres, con lo que el clima este recordándoles que forman parte de un sistema global y que los impactos del modelo de producción-consumo del que tanto han disfrutado como sociedad les está cobrando factura justo en este momento.
Justo ahora cuando no hay como dar marcha atrás a la crisis socio-ecológica es cuando comienzan hablar de colapso, pero lo hacen de la forma equivocada, sin pretender cambiar el sistema de clases que sustenta al modelo, a lo mucho plantea alternativas desde un concepto que han manoseado mucho para acomodarlo a sus necesidades, como lo es el decrecimiento que cada vez se parece menos a la propuesta de Latouche, para acercarse a una idea que al capitalismo le viene bien.

Decrecer sin tocar al sistema de clases, para así armar sus Elisyum con las zonas de sacrificio incluidas. En los últimos años el decrecimiento ha ido perdiendo el espíritu anticapitalista que debería ser el eje rector en este momento de cualquier alternativa ante el colapso, eso junto a una fuerte crítica al sistema de clases, pero (de nuevo) es material para otro texto.
Mientras en Europa siguen resistiendo con muy pocos elementos para hacerle frente a la ola de calor que viven desde mediados de la primavera, en Sonora, a pesar de sus zonas desérticas, el verano ha dado un giro sin precedentes pasando de una primavera atípica, considerada la más caliente en toda la historia de al menos la ciudad de Hermosillo, a tener fuertes lluvias que están dejando destrozos en muchas ciudades, incluidas decenas de muertos. Ciudades enteras inundadas con grandes pérdidas económicas y humanas. Las temperaturas también han bajado, incluso con días de menos de 30 grados en una ciudad con veranos acostumbrados a tener temperaturas a más de 45 grados.
Esto es un claro ejemplo de que estamos en pleno colapso climático, pero sobre todo es un ejemplo de que no hay medidas de mitigación global que ayuden a que las comunidades afectadas puedan hacerle frente a lo que parece será la tendencia de los próximos años. El impacto es local y de nada sirven las medidas que se puedan aplicar de forma global, sin una política Estatal y/o municipal de adaptación a estos impactos.
El Antropoceno está entrando en el cenit de su era y los sobrevivientes están definiendo su rol dentro del neo feudalismo. Están preparándose para el papel que les tocará jugar ante lo que se viene, ya sea en los Elisyum que la clase con el poder económico y político está preparando o en las zonas de sacrificio que no solo van en aumento, sino también los impactos están siendo cada vez mayores, en estas regiones que básicamente son las que hacen funcionar a las ciudades.
Estamos justo en el punto de ruptura del capitalismo tardío y su cara más voraz como lo es el neoliberalismo y el neo feudalismo. que se presenta mucho más agresivo con las comunidades ya vulneradas y la naturaleza. Este colapso socio-ecológico es el pretexto perfecto para esta ruptura. Saben aprovechar las crisis a su favor dejando muchos costos socio-ambientales en los territorios.
Se dice que esta no es la primavera-verano más caluroso de la historia, sino que es el más frio de los que se vienen en el futuro, puede ser, aunque no hay que ser tan categóricos, el clima no funciona así, las lluvias de las últimas semanas son ejemplo de ello y es importante tenerlo claro para que ante este colapso seamos capaces de buscar medidas de adaptación basadas en el apoyo mutuo, la solidaridad, la comunalidad, y no él lo que el sistema pretende…
Agosto, 2022
Desde el exilio autoimpuesto
*Jorge Tadeo Vargas, escritor, ensayista, anarquista, a veces activista, pero sobre todo panadero casero y padre de X.
Está construyendo su caja de herramientas para la supervivencia.

