#DíasdelFuturoPasado 96
Por Jorge Tadeo Vargas.
Una constante cuando platico con amigos sobre el colapso civilizatorio que vivimos, producto de una severa crisis socio-ecológica a la cual apenas estamos entrando, es que se tiene la sensación de que la especie humana va a terminar por extinguirse en cualquier momento, que nuestro impacto es tan grande que no podremos aguantar lo que se nos viene encima. Algunos, los más jipis, dan discurso de como la tierra entrará en un proceso de sanación en el cual nosotros vamos a desaparecer.
Este discurso es constante a pesar de haber en años muy recientes una pandemia, de la cual logramos salir son mucho que lamentar, gracias a los avances que hemos tenido como especie, al contrario, esta pandemia fortaleció mucho más el modelo de producción-consumo y como este nos esta llevando al neo-feudalismo donde la tecnología es la herramienta para que el sistema de clases mantenga su hegemonía.
Nos mantenemos en pie a pesar de los discursos eco fascistas de “nosotros somos el virus” u otras filosofías que no tienen nada de realidad y si mucho de ingenuidad. No me pienso detener mucho en ellas, no me parecen importantes, al contrario, son parte de las estrategias del sistema para que continuemos mordiéndonos la cola sin ver en donde radica la causa raíz de toda esta crisis y eventual colapso.
Me parece más importante puntualizar sobre este sentimiento generalizado de que estamos ante la extinción de la especie humana como un síntoma muy pesimista sobre el capitalismo tardío y la poca o nula influencia que tenemos como sociedad ante las acciones corporativas de ir mercantilizando la naturaleza y nuestras propias decisiones de sobrevivir. En lo personal me parece que este sentimiento es bastante optimista, una forma de evadir la realidad, de enfrentar con acciones concretas el futuro que nos espera en esta especie de mutación que se viene dando del capitalismo tardío, salvaje, criminal que estamos viviendo en la actualidad hacia ese neo-feudalismo, donde el espejismo de la tecnología se nos intenta vender como la salvación ante la extinción. Nada más falso, es precisamente ese culto a la tecnología lo que nos tiene en jaque colapsistas.
¿Por qué digo que pensar que la extinción es un pensamiento optimista a pesar de lo que representa? En simple, primero porque como discurso quienes lo presentan saben o están conscientes de que esta extinción por muy cercana que este no les tocará, por lo tanto, quienes lidiaran con ella es otra generación, desde ahí el discurso se convierte en una falacia, no les importa si desaparecemos o no, solo no quieren enfrentar la realidad. Segundo es que, si existe una agenda de parte del sistema que intenta modificar el entorno creado por la civilización humana, donde la pérdida de vidas humanas ya se está dando, las zonas de sacrificio se han ido convirtiendo en espacios de muerte, de pérdida de vida y ecosistemas. Esta es la verdadera agenda por combatir.
Es fácil caer en el espejismo de que la extinción de la especie humana se va dar de forma natural, así como esa falsa premisa de la extinción de los dinosaurios, esto como resultado por todo lo que le hemos hecho a la naturaleza, sin embargo desde hace años, la dictadura de la tecnología nos ha llevado hacia otros derroteros, tenemos como sobrevivir a cualquier evento catastrófico, muchas películas y libros de ciencia ficción distópico nos lo muestran, desde 12 Monkeys (Gilliam, 1995) hasta Sleep Dealer (Rivera, 2008) solo se trata de reacomodo geopolítico para mantener el poder y el control en manos de unos cuantos, mientras la verdadera agenda de extinción en las poblaciones más vulneradas y en la naturaleza se mantiene.
Ahora ya tenemos más claridad para asegurar esto, solo basta ver este nuevo colonialismo que nos dice que hay que buscar alternativas tecnológicas al colapso y nos venden materiales como el litio como la salvación a la crisis socio-ecológica, claro, escondiendo todos los daños que causa su extracción y la producción de los productos (sic) a consumir, esto se minimiza, se invisibiliza para que aquellos privilegiados no hagan la sumatoria completa, con lo que las zonas de sacrificio son sacadas de la ecuación, al fin y al cabo, esas comunidades son prescindibles para el sistema.
La agenda de extinción, no es para toda la especia humana, esta dirigida por el sistema de clases para un determinado grupo población ya muy vulnerado, el mejor ejemplo de esto lo encontramos en el Valle del Mezquital (Estado de México/Hidalgo) una de las regiones más contaminadas del mundo, donde el promedio de vida ha sido reducido a más de veinte años, la gente se muere antes, se muere joven y se muere de enfermedades que no están relacionadas con su forma de vida previa a convertirse en una zona de sacrificio. Son pues víctimas de este modelo, parte de su agenda que va dirigida hacia los prescindibles, a la carne de cañón, a los que les quitan sus derechos, incluidos el de la salud ambiental para continuar con un modelo que sustenta a el sistema de clases.
No estamos ni cerca de extinguirnos como especie, pensarlo nos lleva a la inacción, donde este sistema tecno-feudal que condena a millones privilegiando a unos cuantos, se sirve justo de eso para mantenerse sin acciones reales en su contra, las resistencias se van dando desde los propios territorios amenazados, y justo hacia ellos es muchas veces que se dirigen las criticas por estar “en contra del progreso” o “no querer salir del hoyo económico” frases sin sentido que nos han metido hasta en la sopa. Estamos más cerca de una acción -es posible que ya la estemos viviendo de forma gradual- al estilo de Thanos en Avengers Infinity Wars (Russo, 2018) que a extinguirnos como especie.
La necesidad de modificar el discurso hacia uno que nos invite a ver que o enfrentamos lo que se viene desde la organización comunitaria, pensando en el bienestar común, se convierte en una urgencia, no es solo salir a la calle a protestar, es organizarte desde tu comunidad, aceptando que la agenda extinción esta muy cerca de nosotras, pero muy lejos de los privilegiados.
Octubre, 2022
Desde algún lugar en el exilio.
Jorge Tadeo Vargas, escritor, ensayista, anarquista, a veces activista, pero sobre todo panadero casero y padre de Ximena. Está construyendo su caja de herramientas para la supervivencia.

