Por Manuel Alberto Santillana

    1. El reciente amparo, promovido por cuatro grandes empresas de alimentos en contra del etiquetado de “sellos negros” en los envases de los productos procesados, ha causado sorpresa en los ámbitos de la salud pública y autoridades gubernamentales. Derivado de una política pública promovida inicialmente por el gobierno federal y, posteriormente avalada por el poder legislativo en el 2019, se estableció un etiquetado más sencillo que la anterior tabla de contenido nutricional por porciones. La establecida por la nueva legislación era más accesible y señalaba, entre otras cosas la obligación de colocar sellos negros si había riesgos para la salud, ya comprobados científicamente. A la vez, establecía que para evitar el engaño o sugestión de compra a la población infantil se eliminaran las figuras o personajes que identificaban a tal o cual producto. Así que, de golpe y porrazo de los cornflakes desapareció el gallito, del maizoro ya no apareció la mazorca sonriente, y nunca más salió Pancho Pantera en el Choco Milk.

    2. Sin duda el impacto de esta medida fue positivo en cuanto a los criterios de educación para la salud. Criterios establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de lo que debe ser un buen mensaje en salud: sencillo, inteligible, claro y que genere un cambio de actitud y conducta. Me consta que, como ejemplo, mi nieta de 8 años no compra tal o cual producto “porque tiene 3 sellos” y a ellos su papá y en la escuela les han dicho que compren productos sin sello o cuando mucho con un solo sello negro. Por último, la reciente Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENSANUT 2021) siguió documentando que 7 de cada 10 adultos en México tenía sobrepeso u obesidad, y en el caso de los menores de 12 años de edad, 1 de cada 3 niños presentaba obesidad. Es decir, pese al etiquetado el impacto, en términos de un impacto en la salud de la población no ha sido tan positivo.

    3. Pero si el impacto en la salud de la población no ha sido tan efectivo al parecer en términos de disminución de la compra de los productos o de las ganancias empresariales sí lo ha sido. De otra forma no se explica la interposición de amparos ante una política pública de comunicación en salud. Los empresarios señalan, con cierta razón, que el etiquetado limita la libertad de creatividad y expresión en la publicidad de sus productos. Igualmente expresan que la aplicación de los sellos es innecesaria ya que, además deben de cumplir con el etiquetado del contenido nutricional del producto y por ración

    4. Nos encontramos así ante un dilema, o tal vez un falso dilema. Por un lado, el cumplimiento de la legislación del etiquetado de sellos y eliminación de figuras de promoción del producto no ha tenido el impacto en la disminución de la obesidad y, por otro lado, los empresarios aducen que se les limita en su libertad de expresión. Ambos argumentos son parcialmente válidos, pero lo que está en juego son los argumentos que están detrás de esa superficie del etiquetado, literalmente. Es decir, la normatividad en el etiquetado sí es pertinente y necesaria en un país que gasta y va a gastar más de la mitad de su presupuesto hospitalario en enfermedades crónico degenerativas derivadas de enfermedades nutricionales relacionadas con la obesidad y el sobrepeso. Pero por otro lado los empresarios pueden argumentar que, sin que se limite su libertad creativa o de expresión, pueden cumplir la normatividad y a la vez sí impactar positivamente en que haya menor sobrepeso y obesidad.

    5. Porque la otra posibilidad es terrible. O asistimos a una dictadura política o a un capitalismo feroz. Y ojo, esto no nos es tan ajeno; tal como ya sucedió con la política de residuos peligroso biológicos infecciosos (RPBI) que se hizo para apoyar a una empresa ligada a unos políticos y que, ante lo estricto, rígido e incumplible, a los 5 años se modificó para poderse cumplir. Aquí, en este caso en gobierno federal cedió. O, como en el caso de la exitosa industria tabacalera, que sigue vendiendo cigarros sin inmutarse un ápice ante la inútil publicidad que traen las cajetillas de cigarrillos. Aquí, igualmente las empresas cedieron porque no las ha afectado para nada, aquí nunca han dejado de vender. Aquí nada de amparos. Como quiera que sea, hoy miércoles 16 que escribo este artículo la Suprema Corte de Justicia de la nación emitirá su dictamen ante la pertinencia o no de los amparos: para cuando lea estas líneas ya sabremos si ganó la salud o las ganancias empresariales.

      Publicado originalmente en: inversionistasonora.com

      Reproducido con la autorización expresa del autor.