Por: Manuel Alberto Santillana.

1. Dentro de las varias críticas que se han hecho de que, a fines de este sexenio se alcanzaría el nivel de cobertura y calidad de un sistema nórdico de salud pública, una de ellas es acerca de la calidad de los médicos formados en las instituciones públicas. No es la primera vez que se cuestiona la formación de los médicos mexicanos. De hecho, en la década de los noventa hubo una campaña en varios medios de comunicación y en la prensa dedicada a denostar a los egresados de la UNAM, del IPN o de la UAM. Incluso ahora hay investigadores quienes en “petit comité” señalan que la UNAM no es la que aporta porcentualmente el mayor número de especialistas a las residencias médicas. Lo cierto es que es cierto, si no de las universidades privadas, pero en publicaciones o foros académicos destacan el alto nivel de la Universidad Nacional.

 2. Cabe destacar que en efecto sí hubo una etapa de la formación de médicos en los que sí se vio afectada la calidad de su formación. Y fue precisamente en el gobierno del licenciado Luis Echeverría (1970-76) quien, de un plumazo y casi sin oposición, decretó que se dejara entrar a la Facultad de Medicina de la UNAM a todos lo que quisieran. Lo que hizo que la generación 1974 (por cierto, en la que se formó el Dr. Julio Frenk) fue de 3,800 alumnos, la 1975 de 5,200 alumnos y la 1976 (la mía) de 4,902. Pero a partir de ahí comenzó una reducción del ingreso hasta quedar en 1,500 alumnos por generación en la UNAM. Adicionalmente se inauguraron escuelas de medicina y universidades públicas en la mitad de las entidades del país. Pero en ambos casos, el ingreso desproporcionado en la UNAM y la creación de varias universidades y escuelas de medicina implicó hacerlas a la brava e improvisando maestros, laboratorios o campos clínicos. Cabe recordar que como resultado de esa ampliación presidencial a “la brava”, consolidó actividades una Comisión Interinstitucional de formación de Recursos Humanos en Salud quien definió, desde entonces qué escuelas de medicina se abriera o no, así como el número de alumnos que debían ingresar por escuela o Facultad, así como también el número de especialistas que, por año, debían de ingresar a cada especialidad y por plaza. Y lo que sabemos todos es que no se ampliaba más el número de residentes que pudieran incorporarse a las especialidades porque al egresar el mismo gobierno mexicano no podía ofrecer más que un muy limitado número de plazas de nueva creación o de reemplazo.

 3. Dicho de otra forma, era el propio gobierno mexicano, a través de las instituciones públicas o de seguridad social quien no creaba el número suficiente de plazas, por lo que eso precisamente limitaba el ingreso a las residencias. Andrés Manuel dice que esa fue una política perversa neoliberal, puede ser y no. También puede verse como una estrategia inteligente de costo beneficio. O sea, si no puedo ofrecer más que 7,000 nuevas plazas de especialista a nivel nacional por año, pues nada más entran 7,000 residentes de primer año. Y ya vimos en artículo previo que eso equivalía a 144 millones de pesos por mes. La comisión de formación de recursos humanos la hacía para garantizar una buena calidad en la formación y… lo logró

 4. Tal vez la única crítica que pudiera hacerse a la propia Comisión citada fue que, en la década de los noventa del siglo pasado y combinado con una presión social que se articuló bajo el concepto de “mayor oferta educativa”, fue que se triplicaron las escuelas de medicina privadas en todo el país. Con dos excepciones públicas: La escuela de medicina de la Universidad de Sonora y la Universidad Autónoma de Baja California Sur.

 5. Afortunadamente, la calidad de la formación de los médicos y las doctoras mexicanas se ha mantenido en muy buen nivel. Y permanece aún con el incremento de casi una tercera parte más de los residentes en cada especialidad, decretado por AMLO. Y lo que abrió la llave fue, precisa y distinguidamente, el que ante la amenaza de la llegada de los 500 médicos cubanos se crearon plazas médicas. Luego de tres décadas de tener atoradas las plazas por criterios administrativos, financieros o burocráticos, al liberarse se pueden formar más y mejores profesionistas. Y como todos sabemos, todos ellos alimentan, casi de a gratis, a la medicina privada mexicana, también de altísima calidad, me consta.

Publicado originalmente en inversionistasonora.com

Reproducido con la autorización expresa del autor.