Por Manuel Alberto Santillana

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1. La reciente inauguración de la planta solar de Puerto Peñasco, aquí en Sonora, es motivo de reflexión sobre el impacto de las energías limpias en la salud. El por qué es muy sencillo, el principal motivo a nivel mundial del por qué se solicita el cambio de las energías sucias (como las plantas generadoras que utilizan carbón, gas o combustóleo) a plantas limpias es la contaminación de CO2, ozono y calor consecuente. De hecho se ha hecho ya parte cotidiana de la narrativa periodística o “científica” el señalar la “huella de carbono” que deja tal o cual producto o actividad. Así entonces producir un automóvil deja tantos kilogramos de huella de carbón, una pantalla de TV otros tantos, y así etcétera.

2. Sin duda el impacto de esta consideración ha estado presente no sólo en los foros establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sino esencialmente en los diversos Foros climáticos desde Sao Paulo a París. Foros internacionales donde se ha llegado a acuerdos que luego, casi en su mayoría, no se han podido cumplir. Incluso países como los Estados Unidos, quienes de plano no firman los acuerdos finales de los Foros Climáticos, simplemente porque no conviene a sus intereses económicos. Pero igual puede decirse de las empresas japonesas o alemanas, además de las norteamericanas, como el caso de la industria automotriz. Así, por ejemplo, aunque Japón se adhirió al compromiso de que para el 2030 la mitad de los automóviles circulantes fuera eléctricos, su principal empresa fabricante, la Toyota, le dijo que no, que le era imposible cumplir con eso. A lo que se sumó luego la casa Renault-Nissan-Mitsubishi. Ante lo cual, ya entrados, la casa alemana Daimler-Mercedes dijo que tampoco le sería posible y de ahí le siguió la Ford y la General Motors norteamericanas. Si bien, me parece, esta decisión se debió no sólo a que técnicamente no podrían producir miles de automóviles eléctricos para el 2030 sino también a la presión, en mi opinión bajo cuerdas, de las aún poderosas empresas petroleras del mundo. Es decir, la industria petrolera no va a dejar tan fácilmente un negocio fabuloso como el de la producción de automóviles de combustión interna a gasolina o diesel por o contra motores eléctricos y pilas de litio. Menos aun cuando, a diferencia del petróleo, estas empresas no cuentan con la libertad abierta de explotación en Bolivia, Chile y México. Países todos quienes de inmediato nacionalizaron este mineral.

3. Así que, en efecto, el motivo inicial del cambio a energías limpias se encuentra en su impacto en la salud y el clima global. Que, por cierto, también afectaría la salud al producirse sequías, huracanes, o nevadas más prologadas o intensas lo que también afectaría la salud de las poblaciones del mundo, no importa si es rico o pobre.

4. Así que lo que se busca con el cambio a las energías limpias es impactar positivamente en la salud, por lo menos ese es el pretexto. Pero hay aquí también un doble engaño. Porque las energías limpias van desde la hidráulica, la geotérmica, la marítima e incluso la nuclear además de la eólica o la solar, pero en la narrativa empresarial o de algunos gobiernos sólo se habla de estas dos últimas. Con la desventaja, ahora ya se sabe, que tanto la solar como la eólica son generadores de energía de una manera intermitente. Es decir, la solar sólo produce energía 12 horas por día en promedio, y la eólica acorde a la época del año. Mientras que las otras, también limpias se les minimiza o desconoce su importancia, pese a que no sufren de esa intermitencia. Además, los críticos de las energías eólica y solar señalan que las “huellas de carbono” de la producción de las turbinas eólicas o la de la fabricación de los paneles solares les quita todo lo limpias que aducen ser.

5. Por último, habría un par de comentarios, uno de ellos es que la oposición estuvo molestando durante3 años porque México le había apostado a crear una refinería, como la de Dos Bocas en vez de generar plantas solares o eólicas. Y ahora que se echa a andar esta primera sección del parque solar “Rafael Galván” en Puerto Peñasco, no dicen ni pio. Lo otro es señalar que aún existen los contratos leoninos de empresas eólicas o solares privadas que, para su exclusivo beneficio, demandaron que el 50% de la generación de energía de las principales presas hidroeléctricas del país. ¿Así pues cómo?

Publicado originalmente en https://www.inversionistasonora.com/impresoi/20230225/20230225_26.pdf

Reproducido con el consentimiento expreso del autor.

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