Luis Enrique Ortiz

Hoy iniciamos un proceso más de construcción de huertos familiares de traspatio, orgánicos y #sinagrotoxicos.

Como muchos de Ustedes, al principio creí que promover la producción de una parte de lo que comemos, era la salida al contexto de una síntesis de muchos fracasos, tal vez en parte sí, pero no de manera determinante.

Sobre la marcha, noté que los huertos son una forma de captura de carbono y regeneración del suelo disponible para la producción de alimentos y por tanto abono a la seguridad alimentaria de quien cultiva sus propios chiles, tomates, cebollas y cilantro.

Pueden ayudar a iniciarnos en el camino de la separación de residuos, su re utilización y reciclaje para descontaminar al mundo, no sólo a una comunidad.

También aprendí que las pequeñas granjas o parcelas pueden ayudar a elevar el ingreso familiar mediante el ahorro directo, en tantos productos como el interesado quiera incursionar.

A los huertos del tamaño, forma y propiedad que sean, les importa poco la escasez y los altos precios estacionales del tomate, la papa o el huevo de plato, igual desdeñan la dependencia local de las lejanas regiones de producción para el mercado. Cortan la dependencia, reducen la escasez y los altos precios.

A los niños, cultivar la tierra los enseña a entender los procesos vivos del suelo, les permite comprender el mundo de manera diferente y a desarrollar una cultura ambiental distinta. A los viejos los ayuda a vivir más y con mejor salud.

Un huerto promueve el intercambio a nivel local, en especial cuando interactúa con otros sistemas de producción. Puede cambiar papas con el tortillero o cebolla por chiles con otras granjas o parcelas, huevos por un litro de leche, con la doña de la tiendita de la esquina, cosa que no se puede hacer con los del OXXO.

Puede no sólo promover el trueque de productos sanos, frescos y nutritivos. Sino generar ingresos adicionales en el contexto de una demanda creciente de alimentos orgánicos.

Reducir el uso de agrotóxicos para la producción de alimentos a grana escala. Dejar de comprar al menos una parte de los “produce” o “commodities” que nos solemos comer, debe bajar la demanda de más de dos docenas de pesticidas usadas en el campo mexicano de manera legal y que en medio mundo están prohibidos por nocivos ya que causan desde cáncer hasta mal de Parkinson o Alzheimer.

Ayudan a racionalizar el consumo de agua y de los propios alimentos, pueden ser regados con aguas grises o producto de la condensación de los aires acondicionados. Ya no compras una lechuga y la dejas morir por metano acumulado en tu refrigerador, mejor vas al patio y te traes las hojas y los rábanos que vas a usar en el pozole del 15 de septiembre y algunos casos como el mío hasta los limones.

Los huertos escolares o comunitarios tienen además del plus de fomentar una forma diferente de convivencia social, basada en la cooperación, la organización para el trabajo colectivo y el desarrollo de responsabilidades individuales y de grupo.

Los alimentos orgánicos, mineralizados y sin agrotóxicos son además regenerativos de la salud humana y de los ecosistemas con los que interactúan. Reducen la anemia, elevan el rendimiento escolar y a los adultos mayores les puede acortar la dependencia de los medicamentos alópatas.

Tener la oportunidad de impulsar y materializar, aunque sea una de las razones antes referidas, es un incentivo y verdadera motivación, da un buen propósito para levantarse temprano por la mañana.

Gracias a Dios y a mi familia, por ayudarme a permanecer en este camino de vida.

Publicado originalmente en: https://www.facebook.com/luisenrique.ortiz1