Por: Luis Enrique Ortiz
El presidente Donald Trump, de Estados Unidos de América (USA, por sus estragos en inglés) tiene razón: “México y Canadá dependen” de su país para vivir.
Pero también está fuera de toda duda el hecho de que USA, necesita de sus dos vecinos con los que comparte sus fronteras geográficas sur y norte. Las tres economías tienen un muy alto grado de integración aunque muy asimétrica.
A México y a Canadá los requiere además y más que nunca en la evolución y desarrollo del Imperio más rico, económicamente hablando, de la historia universal.
Conservar e incluso mimar a ambos socios comerciales (al menos de cuerdo al TMEC o tratado de libre comercio de Norte América) es la única forma en la que el magnate y presidente (aún) más poderoso del mundo, puede no solo resistir para persistir ante el nacimiento de otros imperios, sino liderar un bloque comercial más grande, que equilibre las fuerzas globales cuya confrontación amenazan la paz mundial “one more time”.
Pero no es sólo humildad y empatía ante sus hoy vecinos distantes, la que requiere Trump, sino renunciar para siempre a la idea de que puede haber una sola nación imperial.
Si bien le va -y se lo contó al tecleador Dios en un sueño (deux ex machina)- esta que podría ser una de las últimas presidencias imperiales, puede seguir siendo el país más rico del mundo (PIB 25,636 millones de millones de euros o 10 a la 12). Sí sólo sí…
Sí y sólo sí le baja de espuma a su chocolate y en el marco de un mejor reparto de la riqueza del continente Americano, le hace caso al ex presidente Andrés Manuel López Obrador y da inicio a un proceso de integración económica sin sometimiento de un nación sobre otras, sin ley del embudo y sin medidas unilaterales de buena vecindad.
Un bloque de países cuyo territorio vaya más allá de los sueños de George Washington y Simón Bolívar juntos, sin la esclavitud abolida por Miguel Hidalgo y con sentimientos nacionales de igualdad, fraternidad, solidaridad, empatía, respeto y admiración por la soberanía ajena para que sea la paz juarista, entre los individuos como entre las naciones americanas.
China tiene poco menos de 10 millones de km2 de superficie, América (que no solo USA) más de 42 millones de km2, la integración americana en todas sus partes grandes y pequeñas, edificaría una a enorme ventaja respecto al tamaño de la población del gigante asiático.
Pekín lidera a más de mil 400 millones de personas dentro de sus fronteras nacionales, la “populechión” de América de un casco polar al otro, apenas quiere llegar a mil 100 millones de habitantes.
Sin embargo, todo parece indicar que la ventaja de China, con una enorme fuerza laboral casi inagotable, ha llegado justo al punto donde la derivada de su crecimiento poblacional se hace cero, es decir ha tocado un máximo y de aquí para el real su comportamiento podría dibujarse como una recta con pendiente negativa.
Al mismo tiempo y por sus ganas de vivir y temperamento latino, la salvación de mediano y largo plazo de al menos la mitad de la hegemonía mundial gringa, se encuentra de río Bravo y hasta La Patagonia.
Sí, radica en ellos y ellas, en los latino americanos -principalmente- una vida de al menos 50 años más para USA como lider en muchas cosas, varo incluido, pero tiene que crear primero los ejércitos de consumidores que implica construir un mercado que permita neutralizar el efecto China en los anaqueles de las grandes cadenas de supermercados gabachos.
América puede ser el país de enmedio si en lugar de drenar las venas que fluyen de sur a norte, se integra una comunidad de socios comerciales con intereses comunes y en igualdad de derechos y sin necesidad de visados para moverse desde la Tierra del Fuego hasta Alaska y más allá.
Si en lugar de encarecer el comercio mundial y muchos bienes que consumen los “american citizen”, promoviese un desarrollo justo de todo el continente, la política migratoria de la administración Trump sería innecesaria y eso sí que sería un ahorro de muchos billones de dólares (10 a la 9).
Pero antes, el republicano deberá de convencer a los oligarcas estadunidenses que deben dejar de vernos como colonia, garito o el suplemento de las materias primas que les negó el Destino Manifiesto.
Trump no puede ir a una guerra comercial ni de ningún otro tipo si sigue maltratando a los únicos que pueden salvar al “american way of life”, no olvide que la población anglosajona comenzará a disminuir su tasa de crecimiento muy pronto, mientras Latino América estará en el apogeo del ,mayor bono juvenil de la historia humana: Decenas de millones de menores de 30 años y una esperanza de vida promedio de al menos 70 años.
Si quiere prevalecer, la Casa Blanca debe renunciar a cualquier sueño supremacista o complejo de gandalla pendenciero, para ver a sus vecinos como aliados invaluables.
La integración americana con paz y justicia, reciprocidad y empatía, sin bloqueos ni muros, es la única salida.
Sin no lo inicia Trump, que es lo más probable, tal vez lo hagan los socialistas gringos como Bernie Sanders o quien quita y el honor le toca a Gavin Newson, gobernador de California, la octava economía del mundo, si ese estado fuese un país.
La administración Trump debe reflexionar y dejar de usar estereotipos para criminalizar, humillar y perseguir latinoamericanos en su mayoría empobrecidos por gobiernos títeres del impero, por el saqueo de los recursos del sub continente o el robo descarado de sus territorios.
Trump puede pasar a la historia como iniciador de la decadencia de USA o como un gran reformador, que destroce paradigmas y encuentre en la cooperación y el respeto, la única salida a un colapso casi inminente, los estertores finales del capitalismo en su forma actual.
Publicado originalmente en: https://www.facebook.com/luisenrique.ortiz1
