En portada: Toma de pantalla del noticiero Reporte 100 con Juan Carlos Zúñiga – UniRadio
Por: Isabel Dorado Auz – isabel.dorado@unison.mx
Voy a empezar esta colaboración con un mensaje de Francisco Salcido: No sabía que este señor era Norman Navarro. Pero que desinformado está y lo que declara que recibimos dinero para protestar. Es un insulto ante los sacrificios que todos hacemos para que él y todos los hermosillenses vivan mejor.
Ahora va mi parte. Hace años, Juan Carlos Zúñiga tuvo la gentileza de informarme que ya no sería posible concederme entrevistas de radio en su programa de Stereo 100, lo cual es parte de un veto más amplio que incluye a Proyecto Puente y al Aarón Tapia, lo cual no impide que dichos medios difundan lo que nuestro Colectivo hace periódicamente. Sin embargo, lo que ocurrió con Norman Navarro me deja en un estado de total indefensión, dado que para que me otorguen el derecho de réplica tengo que someterme a todo un proceso legal que dilataría mi respuesta y, con ello, el pseudoperiodista se habría salido con la suya, manchar nuestra reputación sin tener ninguna consecuencia. Por lo mismo, va en esta colaboración mi posicionamiento.
Durante décadas, quienes participamos en el activismo social tuvimos que soportar los peores improperios, de parte de los “periodistas” del sistema prianista. Uno de los improperios más socorridos es de que recibíamos dinero por nuestro activismo social. Por supuesto, no ocupaban demostrar sus dichos, ya que lo que esas personas hacían no era periodismo, sino que constituían el aparato de propaganda del régimen al que servían.
Resulta preocupante el regreso de este tipo de personajes, porque eso representa volver a las viejas prácticas y, con ello, salimos perdiendo en nuestro objetivo de ser cada día más democráticos. No está mal que se hagan señalamientos, siempre y cuando se tengan elementos que sustenten los dichos. Dice el pseudoperiodista que dado que no nunca trabajamos, requerimos ser apoyados económicamente por quienes nos patrocinan. Obviamente, no hay nada más alejado de la realidad.
Normalmente, nunca hablo de vida privada, para Mí es más importante las acciones que realizamos en nuestras vidas y por ellas debemos ser juzgados si alguien se atreve a hacerlo. Soy profesor universitario. Cuando terminé mi licenciatura, Químico Biólogo, me ofrecieron trabajo como profesor en la Unison, propuesta que rechacé porque no me sentía preparado. Fue hasta que terminé mi maestría en Nutrición y Alimentos, en el CIAD, que ingresé, vía examen curricular, a la Universidad de Sonora como técnico académico y posteriormente como profesor de asignatura. En 2003, en un proceso plagado de irregularidades, fui despedido por “Los Químicos”. Este proceso fue impugnado y casualmente se desechó mi impugnación en tiempos de Eduardo Bours. Tuve que hacer otra maestría, en Matemática Educativa, para poder regresar a la Universidad de Sonora, ahora contratado por el Departamento de Matemáticas.
A pesar de ser profesor de asignatura he tenido la oportunidad de hacer algunas publicaciones académicas. Hice un trabajo sobre la incidencia de cáncer de colon en Sonora, publicado en Archivos Latinoamericanos de Nutrición. Hay un número de una revista de la ANUIES donde aparece una colaboración mía sobre Fisicoquímica. Hay unas memorias que incluyen trabajos académicos míos de un evento en Buenos Aires, Argentina, y el otro de un evento en Bogotá Colombia. De la misma manera, el IPN ha publicado trabajos míos en su revista de La enseñanza del Cálculo.
No vivo en la Centenario, mi casa de Infonavit se ubica en la Colonia Villa Verde y no ocupo de un gran sueldo parta sobrellevar mi vida. Nuestro activismo social es por amor al arte y es muy común gastar nuestro dinero para llevar a cabo nuestras actividades.
Por todo lo anterior, quiero hacer un reclamo directo a Juan Carlos Zúñiga y a la empresa que representa. No solo hay un veto en contra de mi persona, sino que tampoco puedo defenderme de los señalamientos de un personaje que no conoce la esencia del oficio del periodismo. Habría que darle a leer el libro Ilusiones Perdidas, de Honore de Balzac, para que entienda lo noble que puede llegar a ser el oficio del periodista.
