POR ISMAEL ANGEL MEZA
Caifanes ha venido 3 años consecutivos a Hermosillo. Estuvieron en la Expo Gan en mayo del 2023, en el Tecate Sonoro en noviembre del 2024 y ahora en las Fiestas del Pitic 2025. Han venido otras veces, desde su primera en 1992 hasta un par, después de su reencuentro, en el Expoforum. También han estado como Jaguares en la Expo y hasta en el CUM.
Pero esta es la primera, (acaso la única) que estén en el mero corazón de la ciudad de Hermosillo, el cruce Encinas-Rosales, en un show gratuito justo frente a la Plaza Emiliana de Zubeldía y a las escalinatas del Museo y Biblioteca de la Unison. Saúl Hernández, Alfónso André y Diego Herrera, junto con Rodrigo Baills y Marco Rentería dieron un espectáculo de alto calibre.
Caifanes es sin duda alguna el grupo más importante de rock mexicano, no solo por su música y letras que han trascendido generaciones, sino además porque, con su regreso en el 2011, se han podido mantener vigentes como banda agotando entradas en conciertos en sus decenas (o centenas) de conciertos cada año desde entonces. ¿Cómo lo hacen?







Caifanes era el espacio donde se conjugaba lo político con lo espiritual. Ese entreveramiento de crítica social -matizada en un discurso poético- con una comunicación directa con el mundo invisible al que nos invita la cosmogonía indígena. Un rasgo que para muchos es superfluo y hasta impostado, para otros muchos es la mera onda.
Sin embargo, la base que sustenta toda la fórmula es la música. Sin entrar en detalles porque llevaría demasiado espacio, los arreglos, la instrumentación, la producción… es otro nivel desde su debut. Nomás les recuerdo que “El nervio del volcán” es para muchos críticos el mejor álbum de rock en español de todos los tiempos.
Pero volvamos al concierto de ayer. Ha habido quejas del mal sonido y de mal manejo de cámaras.
¿En realidad se escuchaba tan mal el sonido de los Caifanes? No lo puedo corroborar de primera persona por mi ubicación lateral, pero parece haber un buen consenso de que algo falló, entre el volumen general, canales muy bajos y la rara mezcla en vivo. Eso sí puedo decirlo, hubo canciones que se escuchaban raro, por así decir.
Con todo, me parece que musicalmente quedaron poco a deber. Tocaron los éxitos más representativos, algunas canciones casi de culto, nuevas todavía poco conocidas, el cover de Juan Gabriel y, sorpresivamente, el “Pachuco” de La Maldita.
No faltó el espacio para la “Canción sin miedo”, con la proyección del video de Vivir Quintana y el mensaje contra el feminicidio y la violencia machista. Cerraron, después de una pausa para el encore de la que parecían no regresar, con “No dejes que”, “La célula que explota” y la infaltable “Negra Tomasa”.
“Lo que está en el inframundo es eterno, es poderoso, es indestructible”
Muy agradecidos, muy ilusionados con el público de Hermosillo, pero hay quien piensa que les falta cierta energía, punch. La edad puede ser un factor, los tres originales ya pasan de los sesenta. Pero luego vez a Mick Jagger bailando a sus ochenta y tanto y bueno…
La voz de Saúl Hernández hace mucho que no es la misma, sabemos bien por qué y se puede decir que saca la chamba… o ya nos acostumbramos. A lo que no me acostumbro es a los nuevos arreglos de canciones clásicas que no se escuchan como las conocemos del disco. Se entiende que quizá buscan distanciarse de los arreglos de Alejandro Marcovich y de Sabo Romo, pero eso llega a buen puerto a veces y a veces no tanto.
“Afuera” es quizá el caso emblemático. En lugar de la parte de ritmos indígenas y guitarras originales, se avientan un largo impasse que no sabes para dónde va. Aunque sirve, y no es poco, para que Alfonso André no deje de lucirse en sus arreglos bataqueros.







Por otro lado, debo mencionar que los solos de guitarra de Rodrigo Baills y los arreglos de bajo de Marco Rentería ya se escuchan mucho más sólidos que el año antepasado, aunque de este último diré que se recarga en exceso, para mi gusto, en la vena funk.
De Diego Herrera no puedo decir nada más que es un capo: toca el sax, el piano, el sintetizador sin fallar una nota y cagándose de la risa…
Pero a pesar de los detalles, el combo, en general, a mi ver sigue siendo espectacular, siguen tocando y entregándose al público como si fuera la primera vez. Si te fijas en los rostros de Saúl, de Alfonso al terminar cada canción, es el rostro de quién acaba de entregar algo muy valioso, algo que provocó dolor y alegría a la vez. El acto amoroso, pues.
Y entonces la magia ritual sigue estando ahí a pesar de los años. “No nos vamos a hacer viejos nunca”, gritó en un momento Saúl, y para la colección de frases matadoras, la primera que soltó fue “a la vida no hay que tenerle miedo raza, al amor tampoco, sino coraje”.
Y no es que el llamado contra la violencia de género o para sensibilizar sobre el suicidio sea menor, ni mucho menos, pero se extraña un mensaje más contundente como era la solidaridad con los 43 normalistas desaparecidos. Sin llegar al panfleto, ir a un concierto de Caifanes era recibir un empujón contestatario, una musical interpelación a actuar contra los males del mundo.
Estando yo donde estaba, toda mi visión del escenario era mediada por la cruz que nos recuerda a los 49 niñas y niños fallecidos en la Guardería ABC. Enseguida y atrasito está el antimonumento que conmemora el derrame de contaminantes en el Río Sonora. La Plaza y las escalinatas han sido testigos de incontables reclamos sociales, quizá por ello esperaba alguna referencia más explícita. En un país de fosas y desapariciones, de activistas y periodistas asesinados… ni modo que no haya que reclamar.

¿Qué más me faltó? Los viajes espirituales de “Nos vamos juntos” y “Sombras en tiempos perdidos”, temas que han estado tocando en otros escenarios. Ni modo.
Y pues sí, me tocó ver mucha chavalada adolescente y veinteañera que no los había escuchado pero que se llevaron buen sabor de boca, padres y madres con sus hijos chicos y no tanto, viejonotes de cincuenta y quiubole bailando la negra Tomasa con camisetas de sus aquellos tiempos … en fin.
Por cierto, fui a ver si deveras había 60 mil almas. Pues verán, para que estuviéramos 60 mil tendría que haber estado lleno (a razón de 3 personas por metro cuadrado) toda la Rosales, desde el templete hasta la altura de la torre de telcel, más o menos. ¿Confirman?


