Luis Enrique Ortiz

La principal característica del neoliberalismo es su eficacia para producir personas en situación de pobreza económica, a secas y pobreza extrema. Al mismo tiempo que concentra la riqueza en cada vez menos manos y en mayores montos.

De 1982 -año de la llegada al poder del neoliberalismo con Miguel de la Madrid- a 2018 que finalizó un régimen e inició otro, en México y no pocos países de América Latina el número de pobres creció escandalosamente, algunas estimaciones hablan de al menos 50 millones de mexicanos con algún grado de pobreza durante el periodo, pero las mas radicales establecen no menos de 70 millones en los mismos 36 años.

A lo largo del lapso conocido como la larga noche del capitalismo salvaje, usurero y depredador las palabras crisis, devaluación, desempleo, inflación y estancamiento económico fueron de uso y sensación cotidiana. Se le pusieron topes a los salarios respecto a la inflación hasta que estos perdieron el 90% de valor que llegaron a tener en 1978, los más altos -aún- de la historia patria.

Bajos salarios, desempleo y corrupción provocaron que a fines de 2018, de los 38.5 millones de mexicanos en Estados Unidos, al menos 12.5 millones nacieron en México, es decir migraron.

Pero la gente no sólo empobreció por medidas económicas como la compactación salarial, sino debido al saqueo de los bienes nacionales como las minas, telecomunicaciones, banca, ferrocarriles, sector eléctrico, puertos, aeropuertos, líneas aéreas y un largo etcétera.

La privatización de la banca no sólo provocó su quiebra masiva y las deudas generadas por ello se convirtieron en públicas, no tendría relevancia de no ser que luego de 30 años de la creación de este programa de subsidios directos a los ricos que quebraron el sistema financiero nacional, los mexicanos lo seguimos pagando -anual y puntualmente- a través del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), poco menos del 20% del total de este.

Este programa -para subsidiar la pendejez y deshonestidad de los banqueros mexicanos de entonces- conocido como Fobaproa y después convertido en IPAB, representa el doble del gasto en educación y varias veces el de salud.

Así es, a casi siete años de abolido el neoliberalismo en México por el presidente Andrés Manuel López Obrador, se sigue asumiendo un pasivo cuyo monto original no llegaba a un billón de pesos, pero de cuyo servicio todos hemos pagado más de dos billones 30 mil millones de pesos.

Los neoliberales (Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto) lo que no se pudieron robar, lo privatizaron, concesionaron o se le acabaron. Cada vez menos ricos más ricos a costa de la miseria de decenas de millones de compatriotas.

Dejaron el país en ruinas, endeudado, con medio territorio concesionado a empresas mineras, destruyeron el sistema de salud pública y trataron de privatizar la educación.

México fue una fábrica permanente de pobres hasta 2018. A partir de los gobiernos de la Cuarta Transformación se inició un proceso de recuperación salarial y pese a la caída de la economía global por la pandemia de Covid-19 (2020-2022), los más recientes datos dados a conocer por el INEGI (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática), indican que al menos 13.5 millones de mexicanos dejaron de ser pobres, hecho apuntalado no sólo por la salud de la economía sino por un gasto social que privilegia a los más pobres con subvenciones directas, además del financiamiento de grandes obras de infraestructura, movilidad, energía entre otros.

Todo esto en un contexto de inflación a la baja, una histórica reducida tasa de desempleo (2.4%), reservas internacionales por arriba de los 250 millones de dólares, Inversión Extranjera Directa (IED) por más de 30 mil millones de dólares, remesas por el doble de esta y otro largo etcétera pero esta vez bueno para el Pueblo.

La reducción de la pobreza y de esa magnitud, es histórico y sólo quienes tenemos más de 50 años tenemos la película completa, pasamos de la jauja del Desarrollo Estabilizador -que terminó no bien entados los años ochenta- a la larga noche del neoliberalismo y por primera vez hemos presenciado que este sistema sea revertido, que se pueda medir y demostrar el cambio no es poca cosa, 13.5 millones de pobres menos, para nada es poco.

Si se quiere avanzar más rápido aún, habrá que plantearse abolir los pagos originados por el Fobaproa, es tiempo de ser audaces.

Publicado originalmente en: https://www.facebook.com/luisenrique.ortiz1