#Editorial

Uno es accidente, dos es casualidad, pero tres ya es acción del enemigo, dijo Fleming. Y quizá en eso se base la presidenta Claudia Sheinbaum para insistir en que el rechazo al sistema de presas es un tema político, proveniente de la oposición.

Nadie le ha contado a la presidenta que en Sonora la oposición partidista está reducida a su mínima expresión (desde que esta oposición es el prianrd), y que la oligarquía sonorense, entiéndase los machuchones de por acá, van a ir por donde les convenga a sus intereses, con el partido que sea, con presa o sin ella.

Pero no es una, ni dos, sino tres los periodistas sonorenses que han cuestionado en la mañanera el tema de la construcción de las presas en los Ríos Sonora y San Miguel. Los tres de muy distinta escuela periodística, y cuya labor periodística es muy distinta entre sí.

Reyna Haydeé Ramírez, ahora periodista independiente, trabajó de corresponsal de medios nacionales muchos años. Alejandro Cabral Porchas, quien viene de la escuela de la radio comunitaria, es presidente de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias, capítulo México. El tercero, Luis Alberto Medina dirige desde hace 15 años un importante medio multiplataforma.

Los tres le han querido mostrar a la presidenta, a la hora de dar contexto a sus preguntas, por un lado el rechazo que genera el proyecto de presas entre la población de los pueblos ribereños y, por otro, la falta de claridad y buenas formas con las que Conagua, la Cea y el Gobierno de Estado se han conducido en este tema.

Se puede entender que, para alguien que lleva la administración pública de un país de 131 millones de habitantes, hay cosas que se le van. 

Por ejemplo, si en un poblado de la sierra norte de Sonora un grupo de 10 personas interrumpen su caravana y le piden audiencia para manifestar lo que consideran sería un ecocidio, puede la presidenta pensar que son pocos. 

“No se opongan por oponerse, no es un ecocidio, yo soy especialista”, les dijo aquella vez.

Evidentemente, aquellos eran solo una comisión, pero esos son detalles que se pierden en el ajetreo de una cuarta transformación.

Así que, cuando un periodista de Sonora le preguntó sobre el tema, Sheinbaum Pardo le respondió con toda tranquilidad de que solo eran unos cuántos.

Pero anda vete, que las caravanas, las marchas y los mítines se multiplicaron, y el rechazo ha sido más que evidente. El interés y la participación que el tema genera en redes es un monitor interesante.

Y entonces, cuando ya no hay manera de argumentar aquello de los 10, se refuerza la idea de la consulta.

Cuenta Juan Casillas, ejidatario de Ures, que en un breve intercambio con la presidenta, cuando vino al CUM, en Hermosillo, el 06 de Septiembre, intentó hacerle ver los argumentos en contra.

“Se me escapaba por un lado y por otro, al final me dijo ‘Yo no miento’”, dice Juan. “Bueno, el pueblo la va a juzgar”, dice que le dijo, al ver que no podía dialogar.

“Pero tú no”, fue la respuesta presidencial, a lo que Juan respondió “yo también soy pueblo”.

Después de Alejandro y de Reyna Haydeé, Luis Alberto le expresó esta semana lo que ha estado ocurriendo en los poblados del río a partir del 01 de octubre. Ha habido brigadas informativas, sí, pero también un condicionamiento subrepticio de las ayudas gubernamentales al apoyo de las presas.

También ha habido, según consta en videos que son públicos, promesas de becas vitalicias y reparto de materiales de construcción.

“Eso es absolutamente falso”, atajó Claudia Sheinbaum. O no entendió bien lo que Luis Alberto le planteó o no quiere entender.

“La consulta no tiene porque ser limpia o sucia, es una consulta”, le contestó a Medina, cuando este preguntó si habría unos comicios limpios. 

El tema es que, si tienes a cientos de brigadistas “convenciendo” desde semanas o meses antes, aquello de la consulta previa, libre e informada, como debe ser toda consulta que se digne de serlo, ya se ensucia tantito. 

La presidenta debe, debería, deberá estarse preguntando por qué, si todo es tan derecho, tan legal y tan apegado a la voluntad popular, por qué hay tres periodistas, de muy distinta ralea, que le vienen a preguntar lo mismo en distintos momentos.

Si no lo hace, es porque no quiere o porque ya sabe la respuesta.