Editorial
Una tragedia cuyas dimensiones nos fueron cayendo poco a poco. Vimos un humo negro, denso, un incendio. Luego supimos que era en el centro, que había heridos.
Poco después de las 4 de la tarde tratamos de acercarnos, todavía sin saber. La mitad de las calles del centro estaban bloqueadas al paso vehícular. Un ambiente muy extraño, sórdido. Vimos llegar varias unidades policiacas sin matrícula. Había versiones de dos muertos. Nos brincamos unas cintas amarillas tomando fotos, hasta que un elemento de la Guardia Nacional nos invitó a alejarnos. El último rumor que alcanzamos a escuchar fue de 9 muertos.
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En un principio nos pareció un poco fuera de lugar la comparación que hacían algunas personas con lo sucedido en la Guardería ABC. Sentíamos que había más diferencias que similitudes.
Sin embargo, ahora que tenemos más datos de lo ocurrido ayer, vemos que hay por lo menos un común denominador: pérdida de vidas infantiles a causa de circunstancias que muy probablemente son irregulares.
En esta ocasión no solo murieron infantes, también jóvenes, adultos, adultos mayores, mujeres en espera de bebé.
El tema es que la exigencia ciudadana, aquel grito de “¡ABC Nunca más!, no se limitaba a la muerte de niños, era para que nunca, nadie más. No por negligencia, desorden, y/o corrupción. No así.
Si la primera hipótesis de trabajo de la FGJE Sonora es correcta, estamos ante un incendio causado por una posible explosión de un transformador eléctrico.

¿Es verdad que tronó el transformador, y que este se encontraba al interior de la tienda? Si esto era así, ¿Cumplía con las normas mexicanas de distancia y aislamiento? ¿Fue revisado y aprobado esto por los cuerpos de protección civil?
Adolfo Salazar, secretario de Gobierno, afirmó que al inicio de esta administración estatal se le dio “sentido negativo a su programa de protección civil”, refiriéndose al Waldos, y que esos documentos eran “parte de los permisos para la operación“ y que “son parte de la investigación”. ¿Qué pasó entonces?
Después de lo sucedido en la Guardería ABC, Sonora debería ser el ejemplo en cuanto a cumplimiento de normas se refiere. Después de ABC, cualquiera pensaría que las instituciones gubernamentales de todos los niveles –el Estado Mexicano– llevarían un control estricto: programas, revisiones, visitas. Por lo menos, decimos, aquí en Sonora.
Recordemos que, después junio del 2009, a varios edificios de pronto les brotaron escaleras de incendios y puertas de emergencia. Hubo un rigor que incluso permeó entre la sociedad: a algunos se nos hizo costumbre entrar a un lugar público y ubicar en primer lugar salidas, si había extintores, etc.
Anoche el Fiscal dijo que la mayoría de los fallecimientos fueron por inhalación de humo tóxico. ¿Tenía puertas de emergencia el local Waldos, o solo la entrada principal? ¿Eran realmente funcionales o solo eran para cumplir con el requisito? ¿Hubo algo que alertara o todo sucedió tan rápido que no tuvieron tiempo ni de correr?
También nosotros, como sociedad, como hermosillenses, nos toca algo de responsabilidad en un evento como este. ¿En qué momento nos relajamos, en qué momento bajamos la guardia?
Porque hemos ido a Waldos, y a cualquier otro comercio, y ya no nos detenemos a ver los elementos de seguridad. Y si resulta evidente que el establecimiento no cumple con las normas mínimas, es deber, es incumbencia de todas y todos hacer algo al respecto.
¿Cuántos comercios, grandes y chicos, son una bomba de tiempo en Hermosillo, en Sonora, en México?

Aquí en la capital sonorense, tenemos una tienda de la cadena Ley que se ha incendiado dos veces. ¿No nos dice nada esto? ¿Será sólo un modus operandi, como dicen algunos, para el cobro de los seguros? De ser así, ¿estará en esa misma dinámica la Waldos? ¿O será simplemente que, aunado al incumplimiento de las normas, hay un ahorro en la instalación y mantenimiento eléctricos de sus tiendas?
No hace tanto (2020) que hubo una temporada de explosión de transformadores en el centro de la ciudad, lo que derivó en el cambio de otros tantos por parte de la CFE.
En una de esas ocasiones, dos jóvenes resultaron heridos. Nos debemos acordar: luego tuvieron que librar otra batalla para que la empresa pública de electricidad se hiciera cargo de toda la cobertura médica.
Muchas de las preguntas aquí expuestas deberán encontrar respuesta pronto, ojalá sean públicas y transparentes.
Ojalá que, en esta ocasión, en lugar del cooler como en ABC, no nos salgan con que el culpable fue el transformador.



