REYNA HAYDEE RAMÍREZ
CIUDAD DE MÉXICO.- Tengo un pedazo de Zócalo en el bolsillo. Me golpeó la espalda, lo levanté rápido, mientras corría, como muchos, hacia 5 de Mayo, lo lanzaron elementos antimotines que venían, muy enojados, detrás de jóvenes, en su mayoría encapuchados, también muy enojados.
Antes de la corretiza, los jóvenes habían lanzado a los policías, pedazos de loseta arrancados al Zócalo. Afortunadamente cuando los oficiales los aventaron de vuelta ya venían convertidos en piedras más pequeñas, que nos cayeron como lluvia.
“Cuidado con las piedras”, gritó un fotógrafo detrás de mí. La adrenalina a tope.
Cuando se desató la batalla campal, era ya casi el final de la marcha nacional, convocada por la Generación Z para protestar por la violencia en México.
La marcha empezó a las 11:00 horas, una hora después, al mediodía, cuando empezaban a llegar los primeros manifestantes al Zócalo, ya estaba ahí un grupo de personas encapuchadas y equipadas con cuerdas y palos, derribando las vallas de acero que protegían Palacio Nacional.







Mientras los manifestantes arribaban poco a poco al Zócalo, los jóvenes encapuchados lanzaban piedras, palos, cohetones, a los policías que estaban detrás de las vallas de acero de casi 3 metros, estos las regresaban y lanzaban gases lacrimógenos.
Ayudados con la gente que iba llegando, lograron tumbar totalmente las vallas de acero de Palacio Nacional hasta quedar cara a cara con los policías sólo divididos por los escudos de acrílico.
“Sí se pudo, sí se pudo”, coreaban los manifestantes que ya llenaban el Zócalo, y aplaudían cuando los policías se replegaron, protegiéndose con los escudos.
Hubo un momento de tregua, en el que convivieron y compartieron agua, algunos oficiales y manifestantes se dieron la mano y ondearon banderas de México.
Hubo quien a gritos descargó en ellos su furia contra el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, y cuando se acercaron amenazantes fueron contenidos por gente mayor, les decían que también eran pueblo, que el enemigo era el gobierno, dentro de Palacio.
La tregua se rompió con gases lacrimógenos, lanzados desde Catedral y desde el Palacio del gobierno capitalino donde seguía el enfrentamiento.
Alrededor de las 3 y media de la tarde se desató la riña campal. La Policía aprovechó un repliegue de la multitud, lesionada con los gases, y en cuestión de minutos avanzó de Palacio Nacional hacia la plancha del Zócalo. Lograron llegar al asta bandera. No había Bandera.
Los manifestantes, familias, mujeres, jóvenes, adultos mayores y uno que otro niños, corrían a ciegas por los efectos de los gases. Ardían los ojos, picaba la garganta, la piel, la gente buscaba agua. Algunos cayeron y fueron atropellados por la misma gente o la Policía, a otros los golpearon las cápsulas de gas o los pedazos de loseta arrancados a la plaza.
“No corran, no corran, somos más”, advertían, pero imponía el trote de la policía en una sola línea.
Ya enardecidos, policías y jóvenes encapuchados, intercambiaban golpes, pero la fuerza policiaca fue muy superior y con rabia arremetieron contra todo aquel que quedó encapsulado en el Zócalo, sin miramientos, incluso sin deberla, sin distingo de que fueran mujeres o periodistas.
Replegaron a la gente hacia las calles 5 de Mayo y 20 de Noviembre, ahí siguieron los enfrentamientos por casi dos horas más, golpearon a los jóvenes que los enfrentaban. Y quitaron celulares a los que documentaban las agresiones.
“Contra el pueblo sí, contra los narcos no”, “gobierno represor”, “nosotros no somos los delincuentes”, gritaban los jóvenes mientras la policía agredía a los rezagados, a los que los retaban.
Según las cifras del gobierno de la Ciudad de México el saldo de la violencia en el Zócalo fue de 60 policías y 20 ciudadanos heridos. Los reporteros estimaron al menos cien civiles heridos. También reportan 20 detenidos.
Esta marcha nacional fue convocada de inicio por la llamada Generación Z, jóvenes nacidos entre 1995 y 2010. Los indignó el asesinato de Carlos Manzo, el Alcalde de Uruapan, Michoacán que se ganó a los mexicanos por alzar la voz y actuar contra la impunidad, la corrupción y la delincuencia que azota su Municipio.
Manzo fue asesinado frente a su familia, la noche del 1 de noviembre de este 2025 cuando inauguraba el festival de las Velas por el Día de Muertos. Hasta hoy sigue la indignación nacional de la que surgió también el “Movimiento del Sombrero”.
Pisa y corre en el Zócalo
La marcha partió puntual a las 11:00 horas, del Ángel de la Independencia siguió por todo Reforma hasta Juárez, que es la avenida aledaña a la Alameda central, donde está Bellas Artes, siguió por 5 de Mayo hasta el Zócalo.
Un boletín oficial de la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México indica que marcharon 17 mil personas.
En su mayoría personas mayores, familias, jóvenes y hasta niños. Vestidos de blanco y con pancartas que reclamaban paz, medicamentos, justicia para personas desaparecidas, fin a las extorsiones, y rechazo al gobierno. Había rabia, mucha rabia, hartazgo, esperanza y también miedo.
Ni bien habían salido todos del Ángel cuando empezaron a correr la voz de que los disturbios en Zócalo habían comenzado.
Para cuando los primeros participantes de la marcha llegaron al Zócalo, ya habían caído las primeras vallas de acero que protegían Palacio Nacional y flotaban los gases lacrimógenos, lo que provocó que muchos se retiraran, recién llegados.
Otros, miles, se replegaron al lado poniente del Zócalo, ahí colocaron sus pancartas, mantas y gritaban consignas, otros rezaban, mientras observaban.
“Todos los partidos son una porquería”, “O derecho de piso o impuestos”, “Ni Izquierda, ni Derecha, aquí el crimen organizado usa ambas manos”, “Soy una joven voz que no callarán”, “Fuera Morena”, “Revocación de mandato”.
Familiares y amigos de Carlos Manzo, donde marchaba su abuela doña Raquel, de 89 años, ya no entraron al Zócalo. Se quedaron en 5 de Mayo.
“Venían delante de un grupo de música, que paró en seco cuando escucharon los golpes a las vallas y vieron el humo”, explicó una persona que fue de las primeras en llegar al Zócalo.
Tampoco alcanzó a entrar, el grupo de jinetes, con sombrero y a caballo, que llegó desde Tepozotlán, Estado de México.
Las madres buscadoras llegaron directo al Zócalo y desplegaron mantas con las fotos y nombres de sus familiares desaparecidos.
A esta marcha en Ciudad de México también llegó gente de Puebla, Zacatecas, Jalisco, Sonora. Clamaron por seguridad y no más engaños presidenciales.
Los reclamos y rechazo a la presidenta Sheinbaum y a Morena prevalecieron en toda la marcha, de principio a fin.
No hubo templete, no hubo oradores, no hubo líderes, como suele haber en otras marchas.
El detalle del Sombrero
La gente gritaba consignas contra el gobierno portando banderines con el rostro de Carlos Manzo. Pero su característico sombrero fue el detalle en su honor, en esta movilización ciudadana.
“Todos somos Carlos Manzo”, se leía en una enorme manta.
“Cuando callen mi voz, mi pueblo hablará por mí: Carlos Manzo”, “Si nos importa Uruapan a nosotros, si nos importa México, justicia para Carlos Manzo”, “Carlos Manzo vive”, “En Uruapan nos matan, desaparecen, SILENCIAN y aquí sólo hablan de p… política”, “Podrán matar al mensajero, pero no el mensaje”, eran las leyendas en banderines y pancartas que portaban algunos jóvenes.
“La verdad es que sí, Carlos Manzo fue la gota que derramó el vaso, para que todos viniéramos (a la marcha), pero ya desde hace rato la situación (de inseguridad) en México, es crítica”, expresó Elías, de 26 años.
Confesó que tenía un poco de miedo de acudir a la marcha por la reacción represora del partido oficial para disuadir a los manifestantes.
Pocos jóvenes
Desde Tabasco, la presidenta Claudia Sheinbaum rechazó la violencia, pero recalcó que fueron pocos jóvenes que participaron.
“Hoy, que hubo una manifestación ahí en la Ciudad de México, donde dicen que “marcharon jóvenes”, pero en realidad había muy pocos jóvenes; y que de manera violenta quitaron unas vallas y rompieron vidrios, decimos: No a la violencia.
“Si uno no está de acuerdo, hay que manifestarse de manera pacífica, nunca hay que utilizar la violencia para cambiar, siempre por la vía pacífica”, dijo ante jóvenes bachilleres.
El miércoles en su conferencia mañanera, la presidenta desestimó la convocatoria al dar a conocer una investigación oficial donde aseguró que la marcha era auspiciada por los opositores a su gobierno, y que era impulsada en redes por “bots”.
En un comunicado, la Secretaría de Gobernación rechaza las agresiones a los policías capitalinos, nada menciona de los manifestantes heridos.
“Condena las agresiones en contra de elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana del Gobierno de la Ciudad de México.
“En los actos violentos se usaron artefactos explosivos, de fabricación casera, cohetones, herramientas y objetos lanzados contra los cuerpos de seguridad y contra personas que transitaban por el Zócalo”.
El gobierno de la Ciudad de México emitió un comunicado donde atribuye la violencia a “grupos de la Derecha”.
A pregunta expresa sobre los policías que agredieron a ciudadanos ya sometidos, el secretario de Seguridad Ciudadana, dijo que se investigará.
Texto e imágenes Reyna Haydeé Ramírez




