Los temas ambientales se prestan en los más diversos ámbitos para eso que se llama “lavado de imagen”, es decir, que ayudan a elevar la reputación de empresas y organizaciones sin realmente haber generado ningún impacto positivo. El universo deportivo, y el del futbol en particular, presenta también esa faceta a través de sus alegatos en favor del medio ambiente. Un mecanismo que se conoce como sportwashing y que está ampliamente extendido, visibilizado y documentado.

No es un secreto para nadie, de hecho, es algo exaltado a través de la publicidad, que intereses fósiles patrocinan el futbol ya sea por la vía de las monarquías petroleras o las gaseras rusas. Al mismo tiempo, la FIFA clama su compromiso con el medio ambiente a través de lo que se ha denominado políticas convenientemente ambiguas. Es decir, que de manera deliberada sus dirigentes trazan metas cuya implementación o medición son oscuras.

Así, por ejemplo, en 2016, la FIFA se vanaglorió de haber sido la primera organización deportiva internacional en unirse a la iniciativa Climate Neutral Now, impulsada por el secretariado para el cambio climático de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Tal compromiso implica que hacia la mitad del siglo la organización será neutral en la emisión de gases de efecto invernadero causantes del cambio climático.

Entonces, la FIFA señaló que irían reduciendo sus emisiones en los subsiguientes mundiales, al tiempo que “inspirarían mayor sensibilización y las mejores prácticas” sostenibles. Pero, después, vendrían grandes operaciones de lavado de imagen y

Las toneladas contaminantes de Qatar

El Mundial de Qatar probó ser un lavadero de imagen por todas partes. Contra toda lógica proambiental implicó la construcción de instalaciones que requerían una sofisticada infraestructura de aire acondicionado.Asimismo, su organización exigió una considerable generación de emisiones por concepto de transporte. Amén de todas las denuncias por explotación de mano de obra migrante.

La FIFA aceptó que fueron generadas un estimado de 3.6 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono en dicho mundial. Luego soltó publicidad que afirmaba que se había alcanzado la neutralidad de carbono. La Comisión de Justicia Suiza, siguiendo los reclamos de países europeos, evidenció que tal afirmación era una quimera basada en dichos y no en evidencias. El órgano sentenció que las aseveraciones sobre la consecución de metas de sustentabilidad eran falsas, pues no se tenían pruebas para confirmarlas ni se transparentaban los procedimientos que se seguirían para compensar las millones de emisiones generadas.

El Mundial de 2026 no marcará una diferencia significativa con lo visto hace cuatro años. El hecho que el evento tendrá lugar en tres países que conforman la tercera región más grande del mundo, América del Norte, habla por sí mismo. Organizaciones ambientalistas han referido que la expansión de eventos como el Mundial a más países implica también un crecimiento de su huella climática. Los datos hablan por sí solos: la competencia sumará un total de 48 equipos que viajarán por tres países con sedes que están a más de 2 mil kilómetros de distancia.

El fantasma del negacionismo

No está por demás recordar que uno de los organizadores del Mundial de futbol, Estados Unidos, abandonó ya el Acuerdo de París, es decir, el acuerdo internacional por el que los países se comprometieron a evitar que la temperatura se eleve más de 1.5 grados al finalizar el siglo.

Así un fantasma recorre en Mundial de 2026: el negacionismo climático. Un hecho paradójico, pues si en algún lugar del mundo está documentado el impacto del cambio climático sobre el ámbito deportivo es en Estados Unidos. En 2018, en la Universidad de Standford, por ejemplo, se debió suspender un relevante torneo de futbol femenino debido a la mala calidad del aire, producto de los incendios forestales.

Tales emergencias en California son ya tan cotidianas que algunas ligas han decidido monitorear la calidad del aire durante las competencias y evitar las actividades cuando la calidad es tan mala que pone en riesgo a los deportistas. Ello incluye al béisbol, el básquetbol o el futbol que en 2020 debieron cancelar múltiples encuentros luego de los desastrosos incendios que azotaron al medio oeste del país.

De igual forma, los más frecuentes huracanes y lluvias torrenciales destruyen o impactan con fuerza instalaciones deportivas como las canchas de futbol. Por otro lado, se ha documentado en Estados Unidos cómo actividades paralelas asociadas a las competencias de futbol dañan la calidad del aire. Es el caso de las parrilladas en los jardines, organizadas la víspera de los partidos, que también contribuyen a una mala calidad del aire.

Las partículas que recorren el cuerpo

La contaminación del aire es el mayor problema de salud en el mundo: afecta por igual a países ricos o pobres. El calentamiento de la atmósfera, asociado al cambio climático, eleva los niveles de ozono en muchas regiones y éste calienta el clima. Un triste círculo vicioso.

Es un hecho que los deportistas de alto rendimiento, entre los que se encuentran los futbolistas, padecen más los embates de la mala calidad del aire que un ciudadano promedio. Como ya se mencionó, su profesión está lejos de ser ajena a los impactos del cambio climático manifestados en tormentas, huracanes, incendios o temperaturas extremas. Sin embargo, el activismo ambiental no es el fuerte de este sector, o bien se visibiliza muy poco por parte de los medios.

Se calcula que un futbolista de la rama varonil puede correr hasta 13 km durante un partido, mientras que las mujeres pueden correr hasta los 9 km. Durante ese tiempo su cuerpo experimentará cambios fisiológicos, por ejemplo, ventilarán e inhalarán aire a mayor velocidad y ello facilitará el transporte de mayores cantidades de contaminantes hacia partes más profundas de su sistema respiratorio. Es decir, enfrentan más riesgos de salud.

La mala calidad del aire es resultado de la quema de combustibles fósiles. Por ello, resulta paradójico que sean empresas petroleras y gaseras aliadas de la FIFA. Un tema que ha despertado descontentos y quejas en países europeos donde las aficiones han rechazado tales patrocinios.

La crisis climática en directo

Las estimaciones sobre el impacto del cambio climático en el futbol ya están sobre la mesa. De acuerdo con la plataforma Climate X, que analiza los riesgos en los estadios, las inundaciones y el calor extremo plantean ya riesgos mayores. Ello incluye a las sedes mundialistas de 2026.

Los estadios más afectados ya son y serán aquellos ubicados en zonas costeras y de altas temperaturas. Ello generará un impacto financiero de 800 millones de dólares hacia la mitad del siglo, que está a la vuelta de la esquina.

De acuerdo con el reporte Campos en peligro desarrollado por Football for Future y Common Goal, el Mundial de 2026 será el más visto y el que se desarrollará en el marco de una crisis climática en escalada. Advierten que 14 de los 16 estadios que serán sedes ya presentan condiciones complicadas y azarosas que van del calor intenso a las fuertes tormentas.

Tales condiciones sólo se agravarán con el paso del tiempo y para 2050 se calcula que no se podrá jugar futbol en dichas localidades sin riesgos a la salud. Los estadios con las proyecciones más desfavorables son los de Miami, Houston, Dallas y Monterrey que se consideran los más vulnerables en términos climáticos. Ahí, se estima, no se podrá jugar futbol en un promedio de 100 a 160 días debido a las condiciones climáticas extremas.

Dichas proyecciones incluyen también los estadios para los Mundiales de 2030 y 2034. De ahí que atletas activistas del clima demanden tanto a las autoridades de cada país, como a la FIFA, medidas de adaptación.

Así, será bajo condiciones climáticas extremas transmitidas en directo a millones de pantallas en el mundo que el lavado de imagen de la FIFA se exhibirá en su absurda desnudez y cinismo.



Ana Laura de la Torre

Especialista en historia del deporte y el olimpismo. Autora del libro Cruzadas olímpicas en la Ciudad de México: cultura física, juventud, religión y nacionalismo, 1986-1939 (Colmex, 2020). Ha realizado análisis históricos sobre los Juegos Centroamericanos, México 68, y los desfiles deportivos del 20 de noviembre, entre otros temas. Doctora en Historia por El Colegio de México y maestra en Historia Moderna y Contemporánea por el Instituto Mora.


Publicado originalmente en http://Desinformemonos