Imagen del ataque estadounidense sobre suelo venezolano
El bombardeo estadounidense sobre Caracas del 3 de enero reabre una larga historia de intervenciones militares, injerencias políticas y amenazas directas de Washington en América Latina, con el control del petróleo y la “guerra contra las drogas” como telón de fondo. Mientras Donald Trump reivindica el derecho de EE. UU. a gobernar Venezuela, amenaza a gobiernos de la región y justifica ataques en nombre del combate al narcotráfico, se acumulan evidencias de un patrón que combina violencia externa, desestabilización política y un doble discurso: el mismo país que dice combatir las drogas es su principal consumidor, proveedor de armas y actor central en el entramado financiero que lava el dinero del negocio ilegal. Por ANRed.
El bombardeo de este 3 de enero por la madrugada en Caracas marca el primer ataque militar extranjero en territorio latinoamericano en 36 años. La última vez fue en 1989, cuando EE. UU. invadió Panamá con el pretexto de llevar a juicio al dictador Manuel Noriega por tráfico de drogas. Para ello, desplegaron de entre 24.000 y 27.000 militares en territorio panameño, hasta que finalmente Noriega se entregó (casualmente) un 3 de enero de 1990. Fue condenado a 40 años de prisión en EE. UU, aunque esta condena fue posteriormente reducida.
Las justificaciones dadas por los líderes estadounidenses para llevar a cabo la movilización de tropas variaron entre proteger la vida de ciudadanos estadounidenses residentes en Panamá, defender el proceso electoral legítimo y capturar a Noriega, acusado de tráfico de drogas.
Aunque no es el único bombardeo que ha llevado adelante Estados Unidos. En el último año bombardeó a Somalia el 2 de febrero del 2025, a Iraq el 13 de marzo 2025, a Yemen el 29 de octubre, a Siria el 19 de diciembre y a Nigeria el 25 de diciembre. (todos países con grandes reservas de petróleo). Pero se destaca Venezuela como el país con mayores reservas de petróleo en el mundo. Irán, Iraq son el 4° y 5° puesto y Nigeria, el séptimo.
Además, el senador republicano de Texas, Ted Cruz él sin querer que EE. UU estaba detrás de los bombardeos por parte de Israel hacia Irán, el pasado junio de 2025. Lo admitió al verse acorralado por las preguntas del periodista Tucker Carlson, que dejó al descubierto el poco conocimiento que tenía el senador respecto a la población atacada. El periodista catalogó como “noticia de última hora” la afirmación de que “Israel está llevando a cabo los ataques, con nuestra ayuda”, cuando horas antes, el portavoz del Consejo de Seguridad de EE. UU, Alex Pfeiffer negó la participación del país en aquellos ataques.
Esto respecto a los ataques directos. Aunque EE. UU también apoyó los golpes de Estado en Venezuela en el año 2002, y el golpe de Estado en Bolivia en el año 2019 con Añez a la cabeza. Así como apoya incondicionalmente (dicho en palabras de Trump) la limpieza étnica de Palestina por parte de Israel, entre otras atrocidades.
Por último, hasta el viernes pasado, la cifra oficial de ataques contra embarcaciones en el Mar Pacífico y Mar Caribe es de 35 (según el gobierno los datos aportados por el gobierno de Trump), llegando a matar a 115 personas. Todos los ataques fueron justificados diciendo que eran narcotraficantes o que, en el momento del ataque, la embarcación transportaba drogas. Sin embargo, esto no se probó en ninguno de los casos.
Una invasión y tres amenazas
Todo en el mismo día.
Durante la conferencia de prensa en Mar-a-Lago, Donald Trump confirmó que Estados Unidos gobernará Venezuela “hasta que haya una transición”, que controlará el petróleo para “recuperar lo robado”. A su vez, amenazó al presidente de Colombia, Petro, lo llamó productor de cocaína y le pidió que “cuide su trasero”, porque “será el próximo”.
Se refirió a Claudia Sheinbaum, presidenta de México, diciendo que no tiene control real sobre su país, sino que el control lo tiene el narcotráfico y que “algo habrá que hacer con México”.
También sentenció el futuro de la isla: “de Cuba terminaremos hablando, porque es una nación fallida”.
Por último, aseguró no haber tenido comunicación con Corina Machado, y descartó la posibilidad de que ella gobierne Venezuela: “Creo que le sería muy difícil estar al frente del país. No cuenta con apoyo ni respeto dentro de su país. Es una mujer muy amable, pero no inspira respeto”. Si algo queda claro es que para el país del norte es fácil bombardear, pero difícil generar la estabilidad en la región que requiere para concretar sus negocios.
Al gobierno de Estados Unidos no le preocupa el narcotráfico: lo fomenta
Estados Unidos es el principal país de la región consumidor de drogas ilegales y el principal proveedor de armas a cárteles que producen aquellas sustancias en países vulnerados. Son responsables directos del encrudecimiento de la violencia en los países latinoamericanos y en el lavado de activos provenientes de negocios ilegales. Un ejemplo es el informe del Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado estadounidense, al cual tuvo acceso Página 12 en el año 2014 donde se detalla cómo el banco diseñó una estrategia destinada a lavar dinero proveniente del narcotráfico y el terrorismo a través de su filial HSBC Bank USA National Association.
Según la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos (GAO), entre el 70% y el 90% de las armas recuperadas en escenas del crimen en México tienen origen en Estados Unidos. Así lo confirmó también la Secretaría de la Defensa Nacional de México (Sedena), durante los últimos allanamientos. Algo similar ocurre en Colombia, donde se ha llegado a decomisar armamentos que pertenecieron a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
La “guerra contra las drogas” nace en 1960, bajo la presidencia de Richard Nixon y durante la emergente crisis de los opioides en este país: la compañía Purdue Pharma elaboró un analgésico recetado, llamado OxyContin, publicitado como inofensivo pero que resultó altamente adictivo.
En la actualidad, el opioide más resonante sea el fentanilo: una sustancia química que se utiliza en la medicina para abordar dolor intenso, severo y/o crónico cuando los analgésicos de acción prolongada no son suficientes. Se calcula es es hasta 100 veces más potente que la morfina. Es un gran problema para la salud pública de Estados Unidos dado que es fácil de elaborar, transportar y difícil de detectar, además se requieren dosis muy pequeñas para terminar con la vida de una persona.
En los últimos años, comenzó a ser un problema para los países de Latinoamérica. La forma de introducción del mismo consiste en contaminar otras drogas ilícitas y de consumo cotidiano (como heroína o cocaína), generando así adicción (dado que genera alta dependencia física), para posteriormente instalar el mercado.
Pero la verdadera motivación de “la guerra contra las drogas” está lejos de la salud pública de los estadounidenses. John Ehrlichman, principal consejero de Nixon, admitió en una entrevista con el periodista Dan Baum que: “Sabíamos que no podíamos ilegalizar la oposición a la guerra o el ser negro, ¿sabíamos que estábamos mintiendo sobre las drogas? Claro que lo sabíamos”. Pero lo que sí podían era vincular a quienes se oponían a la invasión contra Vietnam, “los hippies”, a la marihuana y a los negros a la heroína para “luego criminalizarlos estrictamente, podríamos irrumpir en esas comunidades”. “Podíamos arrestar a sus líderes, allanar sus hogares, disolver sus reuniones y vilipendiarlos noche tras noche en las noticias vespertinas”, insistía el exconsejero.
Para más información respecto a estas confesiones, ver “Smoke and Mirrors: The War on Drugs and the Politics of Failure”, Estados Unidos, Back Bay Books, 1997. O esta nota, donde el autor rememora aquella conversación.
Cómo último ejemplo, recordamos el caso de Juan Orlando Hernández, quien fue presidente de Honduras, fue extraditado a EE.UU en el 2022, juzgado y condenado a 45 años de prisión por tres cargos de narcotráfico y armas. Fue indultado el pasado diciembre por el propio presidente Donald Trump y liberado.
Fuente: Anred.org



