Por Javier Bedía Prado
En portada: El presidente Donald Trump supervisa las operaciones militares estadounidenses en Venezuela, con el director de la CIA, John Ratcliffe (izquierda), el secretario de Estado, Marco Rubio, y el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller (derecha).
El ataque militar de Estados Unidos a Venezuela marca el inicio de una guerra imperialista en el Caribe y Sudamérica que será extendida a toda la región.
En esta nueva fase de dominio colonial extractivista, mediante la violencia armada directa, EE.UU. pretende saquear y controlar la mayor reserva petrolera del mundo para luego intentar apropiarse de hidrocarburos, minerales, territorios y el agua de otras naciones sudamericanas.
En los últimos años, el Comando Sur de EE.UU. ha señalado abiertamente que estos son los intereses de Washington en América Latina, ante al avance de la presencia comercial de China.
Bajo el pretexto de luchar contra el narcotráfico internacional, la potencia cuyas agencias de seguridad manejan el comercio de drogas en Latinoamérica secuestró el 3 de enero al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en una operación con bombardeos sobre Caracas, donde fueron asesinadas entre 40 y 80 personas, de acuerdo a informaciones aún no precisadas.


En solo un año, bajo el gobierno de Donald Trump, el Ejército estadounidense emprendió ataques aéreos en Yemen, Siria, Irán, Somalia, Nigeria y Venezuela.
Entre septiembre y diciembre de 2025, destruyeron 34 embarcaciones en aguas internacionales del Caribe y el Pacífico, matando al menos a 110 personas a las que sindicó de transportar drogas.
A la vez que indultó al expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, sentenciado por narcotráfico en 2024 por la propia justicia de EE.UU. La fiscalía de Nueva York demostró que durante 20 años el político derechista facilitó el ingreso de 500 toneladas de cocaína a Estados Unidos.
América Latina contra intervención militar
La ofensiva aérea contra Caracas es la primera de la armada imperialista en una ciudad de Sudamérica, donde orquestaron golpes de Estado militares y financiaron conflictos internos desde mediados del siglo pasado.
En respuesta contra la intervención militar estadounidense en la región, se organizaron protestas en México, Brasil, Colombia, Uruguay, Panamá, Chile y Cuba.
Donald Trump también acusa de narcotráfico al presidente de Colombia, Gustavo Petro, a quien amenazó con una próxima acción bélica. Las intimidaciones se han extendido a México y Cuba. La guerra imperialista apunta a otras naciones latinoamericanas gobernadas por la izquierda, como Brasil, la principal economía sudamericana.
“América Latina debe unirse o será tratada como sierva y esclava y no como el centro vital del mundo. No sirvió la alianza con China y Rusia, nuestra alianza, antes que nada, debe de ser con la misma América Latina bombardeada”, manifestó Gustavo Petro.

En el escenario de la geopolítica de las potencias globales, China pide la liberación de Nicolás Maduro, quien será sometido a un simulacro de proceso judicial por narcotráfico en EE.UU.
El trasfondo de la guerra imperialista en América del Sur es la defensa del dólar para el comercio de petróleo, lo que garantiza el dominio de la moneda en la economía global. Venezuela había exportado hidrocarburos en yuanes, rublos y euros. En el último año, el gobierno de Maduro vendió el 80% de la producción de crudo a China.
Con la intervención armada, EE.UU. contiene la desdolarización, al impedir a la potencia asiática comprar petróleo venezolano en su moneda o a través de acuerdos de pagos alternativos.
Este lunes 5 de enero, Delcy Rodríguez asumió el cargo de presidenta de Venezuela para un incierto periodo de transición coactada por la administración de Trump.
Publicado originalmente en http://Avispa

