Luis Enrique Ortiz
La encuesta de Enkoll sobre la iniciativa presidencial de reforma electoral constitucional, es demoledora de cualquier argumento que puedan esgrimir los partidos del Trabajo y Verde Ecologista de México, para no respaldar la desaparición de las listas de prelación de partido al Congreso de la Unión y la reducción del costo de la democracia nacional.
El 83 por ciento de los encuestados, dijeron sí que desaparezcan los senadores de lista y que los plurinominales de la cámara baja, sean producto del voto popular, no decisión de una cúpula partidista y 82 de cada 100 se pronunciaron por reducir el dinero público que se destina a partidos y órganos electorales.
Con más porcentaje de apoyo, el muestreo refiere que 87 por ciento de la gente está de acuerdo en reforzar la supervisión de los gastos de campaña y 85 de 100 apoyan reducir los sueldos y bonos de la burocracia dorada del Instituto Nacional Electoral, ojo, no propone desaparecer el INE, sólo bajarle dos rayitas al dispendio de los dineros que sería mejor gastarse en becas y programas de bienestar.
No estamos hablando de una encuesta Masive Caller de corte “very duck”, sino de una empresa cuyas acertadas predicciones la hacen respetable y confiable.
Con estos datos duros, se puede anticipar con muy poco margen de error el número de mexicanos que le mentarán la madre a verdes y petistas, en caso de no renunciar a sus privilegios.
La primera consecuencia de la traición a la voluntad popular, será eso de “ni un voto al PT y al PVEM”, niuno, diría un bato de la Unison que le decían El Aguado.
Ningún argumento vale, ante los resultados de un ejercicio científico para conocer lo que piensa la gente, y esta les está diciendo que tal vez remar contra la corriente de la historia les puede salir caro.
Y no corran que es peor.
Eso de que se va -pronto- el gobernador Alfonso Durazo Montaño, debido que como diría el Che “otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos”, pues no depende de uno, si está en marcha un plan para que se vaya se va a ir, y “si no pues no” diría un amigo campechano.
El problema es las consecuencias, primero no se sabe sobre el estado de salud del secretario de Gobierno Adolfo Salazar Razo a tres semanas del accidente que le provocó una hospitalización de seis días.
Esto es importante porque ante la hipotética ausencia del mandatario, el secretario de Gobierno entra en funciones al frente del Ejecutivo, en tanto el Congreso local designa al gobernador sustituto.
Y no es misoginia, pero Ana Luisa Pacheco no podría ser, porque no es la titular.
Eso no quiere decir que Salazar Razo no pueda reaparecer sano y salvo, vivito y coleando con la gracia de Dios, para ejercer en tanto se elige al sustituto, donde tanto Durazo como Él tienen control total, el suficiente para que el sustituto sea del mismo equipo.
A nadie le confiaría el gobernador su silla más que a Adolfo Salazar Razo, bueno tal vez a Paulina Ocaña también, pero por cosas de la edad no se puede.
No estaría mal que Alfonso Durazo dirija MORENA a nivel nacional, también, eso le ayudaría a construir la posibilidad de un escalón más alto, pero estaría mejor que eso fuese pasado octubre de 2027.
Porque eso de que “conmigo o sin mi” se hará esta o aquella obra, pues sí da en que pensar. Pero bueno hay cosas que no dependen de uno, lo mejor es aceptar con sabiduría. Amen.
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