Alejandro Valenzuela/Vícam Switch

Esperaba más de la iniciativa de reforma electoral que ayer por la tarde envió la presidente a la Cámara de Diputados, pero me encontré con una apología de la 4T envuelta en una gruesa capa de oropel discursivo sobre la democracia y la preminencia del pueblo que se queda muy corta en asuntos esenciales, como el recorte al financiamiento de los partidos, la pluralidad de la representatividad y la democratización interna de los partidos políticos.

Da la impresión de que está hecha para ocultar lo esencial: el mecanismo para que el partido de estado se haga de las mayorías calificadas que les permitan gobernar sin contrapesos, como en el priismo clásico, pero aparentando (simulando) democracia, y sin necesidad de aliados incómodos. Sus puntos principales son los siguientes:

Uno, de los 200 diputados plurinominales, cien serán los “mejores perdedores” en las elecciones por mayoría relativa (Morena o gana o pierde, pero gana); los otros 100 serán elegidos por voto popular. Cada partido presentará una lista de 40 personas en cada una de las 5 circunscripciones y cada persona podrá elegir a un hombre y a una mujer de todos los postulados por los partidos. Suponiendo que participen 7 partidos, el elector tendrá que elegir a dos personas entre los 280 nombres. Si acaso eso le recuerda el fraude de los acordeones, es que no es casualidad.

Dos, desaparecen los plurinominales del Senado, quedando dos de mayoría y uno de la fórmula que haya quedado en segundo lugar. Es decir, el “mejor perdedor”.

Tres, el financiamiento a los partidos fue tocado con timidez. Antes, el número de votantes (los 100 millones del padrón electoral) se multiplicaba por el 65% de la UMA; ahora se multiplicará por el 48.75%. Al final, sólo se reduce el 25% del subsidio. La fórmula de reparto queda exactamente igual.

Cuatro, hay una reducción de 13 minutos diarios en los medios de comunicación… ¡Gracias, ahora nada más oiremos sus soporíferos rollos por 35 minutos diarios!

Cinco, incluye dos campos prósperos para la demagogia y la simulación: uno, que los partidos “garanticen acciones afirmativas” a favor de los pueblos originarios y grupos vulnerables, y dos: que no agarren dinero en efectivo de nadie y menos del crimen organizado… Ya nada más le faltará a la Constitución decir: “Si alguien le ofrece dinero chueco, aléjese y cuénteselo a quien más confianza le tenga”.

Un verdadero parto de los montes: Mucho escándalo y demasiada tenebra para un simple envoltorio de papel sobredorado…

Publicado en: https://www.facebook.com/alejandro.valenzuela.7921