Alejandro Valenzuela/Vícam Switch

Sin ánimos irreverentes, quiero aprovechar este 19 de abril para expresar mi gran preocupación por el futuro de la humanidad y las soluciones que, aunque en extremo difíciles, podrían ser viables en el mediano plazo.

Estoy convencido, como seguramente lo están millones de personas, que si no hacemos un cambio radical, el planeta se deshará de nosotros. La migración a otros planetas no son más que crónicas marcianas con las que la plutocracia actual suele consolarse para seguir expoliando a la naturaleza y a la humanidad. El planeta más cercano con probabilidades de vida humana está a 124 años luz. Eso significa que, a la velocidad que hoy se puede viajar (tome como referencia el más reciente viajecito a la luna), tomaría 33 millones de años llegar allá, lo que está completamente fuera de las dimensiones humanas. Así que o nos salvamos aquí o no nos salvamos en ningún otro lugar. El debate sobre qué hacer es intenso, pero lo más importante es que cualquier solución implica sacrificios que hoy pocos están dispuestos a hacer y cuando lo estén será demasiado tarde.

No podemos seguir con el modo de vida actual, dominado por dos procesos que tienen una dinámica propia. Primero, la concentración de la riqueza, cuyo motor es el modo de producción en masa de bienes y servicios para satisfacer un consumismo cada vez más voraz y contaminante, que está depredando los recursos naturales y está induciendo cambios ecológicos que ponen en riesgo la preservación de la vida en el planeta. Segundo, la concentración del poder político, basado en una combinación de individualismo extremo y colectivismo coercitivo que ponen en peligro la libertad de los seres humanos.

Por una parte, una sociedad civilizada tendría que acabar radicalmente con la CONCENTRACIÓN DE LA RIQUEZA, empezando por la que hoy está en manos de la centésima parte de la humanidad.

Una primera tarea urgente es emprender una discusión para decidir qué producir, para quiénes producir, cuánto producir, para qué producir y cómo producir. El objetivo a mediano plazo es acabar con la sobreabundancia de lo superfluo, la escasez de lo necesario, la desigualdad distributiva y el desperdicio.

Una segunda tarea urgente es poner límites a la concentración de la riqueza instrumentando mecanismos que ya operan de distinta manera en distintos escenarios, como la creación de un sistema impositivo eficiente y progresivo; la instauración de un ingreso básico para todos; el desarrollo de un sistema eficiente y universal de salud, educación y transporte público; el apoyo y fomento a la economía social y el impulso al emprendimiento individual de pequeñas empresas que han sido, siempre, la inmensa mayoría de las unidades económicas.

La cuarta revolución industrial, basada en la interconectividad, la inteligencia artificial y la robótica, está en marcha y desplazará y reducirá cada vez más la necesidad del trabajo humano en la creación de productos. La economía tendrá que transitar a una mejor distribución del trabajo para que todos trabajen menos y tengan más tiempo libre para el desarrollo individual. En un futuro remoto, manteniendo la libertad y la democracia, se tendría que llegar a ese escenario donde cada uno trabaje según sus posibilidades y reciba de la sociedad según sus necesidades…

Por otra parte, una sociedad civilizada tendría que acabar con la CONCENTRACIÓN DEL PODER para dárselo a los ciudadanos. El neoliberalismo, como quinta esencia del individualismo extremo, y el totalitarismo, representante en distintos grados del colectivismo coercitivo, son modelos que han concitado un intenso debate. Ambos, como ya lo muestra la literatura y las sociedades que los han padecido, llevan a utopías o distopías aterradoras.

Desde mi perspectiva, la sociedad debería darse un sistema basado en la coexistencia civilizada; debemos tener la imaginación para trascender esos modelos que no son otra cosa que las dos caras de la misma moneda. Trascenderlos, y retomando lo bueno que ha creado la humanidad, implica construir una sociedad basada en la libertad y la igualdad, la democracia y la colectividad como valores universales desarrollados a lo largo de la historia por las muy diversas culturas del mundo, de oriente y de occidente, del norte y del sur. Creo que un sistema así, recurriendo a los términos que tenemos, sería una sociedad democrática y socialista, que limite el poder del Estado y la acumulación de la riqueza; sería una sociedad en la que la ciudadanía sea la que decida las prioridades privilegiando el bienestar de todos sin excepciones, el respeto a los derechos humanos y a las garantías individuales, el pacifismo, el respeto, la solidaridad y la empatía…

Publicado originalmente en: https://www.facebook.com/alejandro.valenzuela.7921