Por: Gloria Pérez Cosío y Sánchez – Abogada Bioeticista

En Sonora, este 2026 marca un parteaguas en la historia de la concienciación sobre el autismo. Y es importante decirlo con claridad: las autoridades de los tres niveles de gobierno han ACTUADO. No se trata únicamente de declaraciones, sino de acciones concretas que reflejan una voluntad institucional de avanzar hacia una sociedad verdaderamente inclusiva y respetuosa de la diversidad neurológica.

En los últimos meses, se han impulsado proyectos relevantes orientados a la capacitación de personas funcionarias públicas en temas de neurodivergencia. Este paso es fundamental, ya que la inclusión comienza con el conocimiento y la sensibilización, comprender el autismo desde un enfoque de derechos humanos y no desde el estigma permite transformar la manera en que se diseñan e implementan políticas públicas.

Asimismo, se ha reconocido la importancia de la colaboración interinstitucional en áreas clave como la salud y la educación. La articulación entre estos sectores es indispensable para garantizar procesos adecuados de detección, diagnóstico e intervención temprana, así como para construir entornos educativos accesibles y respetuosos de las diferencias.

En este sentido, como señala Steve Silberman en NeuroTribes (2015), “el autismo ha existido siempre; lo que ha cambiado es nuestra capacidad de reconocerlo y comprenderlo”.

En materia de atención, se vislumbran aperturas de nuevos espacios estatales y municipales enfocados en la detección oportuna, la atención integral y la inclusión social de las personas dentro del espectro autista. Estos avances representan una respuesta a una necesidad histórica de muchas familias que durante años han enfrentado barreras estructurales para acceder a servicios adecuados.

De igual forma, es importante destacar la visión de Temple Grandin, quien en The Autistic Brain (2013) afirma que “el mundo necesita diferentes tipos de mentes”. Esta perspectiva nos invita a reconocer que la neurodiversidad no es una limitante, sino una oportunidad para enriquecer nuestras comunidades desde distintas formas de pensar, sentir y percibir.

Sin embargo, también es necesario ser claros: el autismo no es de un mes, ni de una campaña, ni de una etapa de la vida. No se limita a abril ni a la infancia. Es una condición permanente que acompaña a la persona a lo largo de toda su vida, y que por tanto requiere de una red de apoyo multidisciplinaria y sostenida en el tiempo. Familias, profesionales de la salud, docentes, instituciones, organizaciones de la sociedad civil y comunidad en general deben trabajar de manera coordinada para garantizar condiciones de inclusión real.

Hablar de autismo implica también hablar de accesibilidad, de ajustes razonables, de respeto a la dignidad y de reconocimiento pleno de derechos. Implica construir una sociedad consciente, informada y comprometida, que no solo tolere la diferencia, sino que la valore y la integre activamente.

Quienes trabajamos 24/7 a favor de los derechos de esta comunidad, agradecemos profundamente el papel de los medios de comunicación que han contribuido a visibilizar esta condición con responsabilidad, ética y sensibilidad. Su labor ha sido clave para romper mitos, combatir la desinformación y abrir espacios de diálogo que fortalecen la inclusión.

Hoy, Sonora se encuentra en un momento clave. Los avances son esperanzadores, pero también representan un compromiso que debe sostenerse y fortalecerse, la concienciación no debe ser temporal, sino permanente. Porque construir una sociedad inclusiva no es un objetivo a corto plazo, es una responsabilidad colectiva y continua.

Hablar de autismo también es reconocer, con total claridad, que una de sus mayores barreras sigue siendo la comunicación. No únicamente desde la expresión de quienes viven dentro del espectro, sino desde la capacidad que tenemos como sociedad para escuchar, entender y responder de manera adecuada. La comunicación es un puente, y hoy más que nunca, es responsabilidad de todas y todos construir canales activos, accesibles y empáticos que permitan una verdadera interacción e inclusión.

No olvidemos tampoco una realidad que no puede suavizarse: las personas autistas en Sonora, en México y en el mundo entero siguen viviendo discriminación sistémica, estructural y social todos los días. Esta no es una percepción, es una condición persistente que se manifiesta en barreras educativas, laborales, de acceso a la salud y, sobre todo, en la falta de comprensión social. Reconocerlo es el primer paso para transformarlo.

Las asociaciones civiles en Sonora han demostrado que la unión hace la fuerza. Hoy están más articuladas que nunca, trabajando de manera coordinada, compartiendo experiencias, impulsando iniciativas y generando redes de apoyo que fortalecen a las familias y visibilizan las necesidades reales de la comunidad autista. Este esfuerzo colectivo ha sido clave para incidir en políticas públicas y abrir espacios que antes parecían lejanos.

En este camino, resulta fundamental reconocer la importancia de contar con instancias como la Procuraduría de la Defensa de las Personas con Discapacidad, cuyo papel es esencial para garantizar un verdadero acceso a la justicia. No puede hablarse de inclusión sin justicia, ni de derechos sin mecanismos efectivos para hacerlos valer.

Hoy el llamado es claro: comunicar mejor, actuar con empatía y sostener el compromiso colectivo. Porque la inclusión no es discurso, es acción diaria. Y porque una sociedad verdaderamente consciente no deja a nadie fuera.