Alejandro Valenzuela/ Vícam Switch

Al calor del Mundial de Futbol recordé esta anécdota que sucedió hace como cincuenta años. Quizá me fallen los detalles, pero la cosa va más o menos así. Aquel año de 1976, el CETA (hoy CBTA) 26 de Vícam, estaba enfrascado como todos los años en la organización del equipo que participaría en el campeonato mundial de futbol de las comunidades yaquis. No había sorpresas. Como todos los años, el entusiasta profesor de matemáticas, Isais Nájera Querido, un personaje llegado del Estado de México que usaba unos pantalones blancos a través de los cuales se le trasparentaban las trusas floreadas que usaba, se concentraba en el entrenamiento del equipo de la escuela, formado por la crema y nata de los estudiantes futbolistas.

A nadie se le había ocurrido tener otro equipo… Pero entonces sucedió la rebelión. Eusebio Valdez Méxía llamó a los marginales, a los excluidos, a los malos para jugar a que se formaran en ese “roster” que concito el escarnio y la hilaridad, es decir, la burla y las risotadas de los jugadores estrella.

Pero Eusebio no estaba para dejarse intimidar por nadie. El presidente Echeverría le acababa de dar una dura carrilla allá en Los Pinos y el entonces joven estudiante salió airoso en el revire.

Había ido a la Ciudad de México a conseguir un autobús para la escuela, sueño largamente acariciado por todos los alumnos, que querían irse a divertir fuera de Vícam con el pretexto de los viajes de estudio. De la comisión que fue a buscar una entrevista con el presidente, solamente él y el Serra Vidaurrázaga se mantuvieron allá para acudir a la cita en la entonces Casa Presidencial. Los demás se dejaron influenciar por uno que al llegar a la ciudad soltó el llanto porque extrañaba las albóndigas de su mamá y decidió regresarse en compañía de los otros miembros de la comisión, que también fueron mordidos por la nostalgia maternal.

Así que el Cintarazo (también le decían así) propuso que el nuevo equipo se llamara El Último Informe, como una especie de sarcástico homenaje al presidente, nombre que fue aprobado por aclamación.

Rodrigo Gómez, quien entonces era un próspero y generoso ganadero, tenía una carnicería (razón por la que entonces le decían el Butcher) y de allí financió los uniformes.

Al día siguiente el equipo en pleno se fue a entrenar al terregoso campo de futbol que estaba (todavía está) al lado de la vía del tren.

Ya no recuerdo los detalles, pero el Último Informe ganó los dos primeros juegos, contra las Guásimas y el Tetabiate; perdieron el tercero, contra Chumampaco, y empataron el cuarto contra Bataconcica.

El desempeño del equipo fue una sorpresa para todos, especialmente para el mismo equipo, porque, y lo digo sin reminiscencia política, tenía un 10% de técnica y se atenía en un 90% a la buena suerte.

El caso es que llegaron a los cuartos de final y, ya en formación, sintieron el terror de tener que enfrentar al equipo del Banrural, verdadera leyenda del futbol viqueño.

El día del encuentro, el campo estaba, como se decía antes, de bote en bote y la gente loca de la emoción había acudido por la curiosidad malsana de ver cómo les metían la Jackson, la Wilson, la Nelson, la quebradora, el tirabuzón y les picaban los ojos.

No me detendré en los detalles, pero diré que el primer gol fue del Banrural a los pocos minutos de empezar el juego. Diré también que el empate, un gol del Último Informe, vino a unos 10 minutos de terminar el partido. Había sucedido algo insólito, que es probable que nunca más se haya repetido en los anales futboleros. El portero del Último Informe, Juan Manuel Castelo, apodado el Beriberi porque en la escuela había hecho una exposición sobre esa rara enfermedad que causa, entre otras cosas, confusión mental, se desprendió de la portería esquivando con el balón a los delanteros y luego a la defensa del Banrural; llegó hasta la portería contraria, se centró y metió uno de los goles más aclamados de las comunidades yaquis. ¡Habían empatado!

Después de la alegría vino la desesperación. Tenía que haber otro gol para desempatar porque, si habían llegado al punto del desmayo casi al final del partido, no se imaginaban tener que jugar los tiempos extras.

Yo creo que sintieron alivio cuando en los últimos segundo del partido el Banrural metió el gol del desempate. Habían perdido, pero fue el Último Informe el equipo que salió del campo cubierto de gloria.

Publicado originalmente en: https://www.facebook.com/alejandro.valenzuela.7921

Imagen ilustrativa, tomada de https://mochicuani.com/