Días de revuelta, días de combate

POR JORGE TADEO VARGAS

En diciembre del 2025, 287 científicos multidisciplinarios de 82 países y con la contribución de más de 800 revisores, se dieron a la tarea de trabajar en la séptima edición de El informe Perspectivas del Medio Ambiente Mundial, Séptima Edición: Un Futuro Que Elegimos, donde dan una serie de datos que son importantes revisar.

Por ejemplo, el informe dice que el cambio climático podría reducir un 4% el PIB global anual en 2050, y hasta un 20% a finales de siglo. Desde la perspectiva económica esto es importante a tener en cuenta para las actividades productivas que realiza cualquier país.

Otros datos para considerar son: Los fenómenos meteorológicos extremos de los últimos 20 años dejaron una factura estimada de 143,000 millones de dólares anuales; la contaminación del aire, por su parte, provocó en 2019 daños sanitarios valorados en 8.1 billones de dólares, el 6.1% del PIB mundial. 

Y ni hablar de la tierra: entre el 20% y el 40% del suelo global está degradado, afectando a más de 3,000 millones de personas. La crisis de la biodiversidad también es grave, con una de cada ocho especies de mamíferos amenazada de extinción. 

Este es el panorama si optamos por mantener este modelo de producción-consumo. Cabe mencionar que, a la fecha, ninguna acción de final de tubería a funcionado para al menos ralentizar esta problemática.

Pero aunque lo parezca el informe no es una lista de tragedias, sino que intenta manejar una serie de alternativas que van más allá de salvarnos del colapso, sino convertir esta crisis socio-ecológica en una oportunidad de fortalecer el sistema. 

El reporte nos dice que Invertir en un clima estable, una naturaleza y unos suelos saludables, y un planeta libre de contaminación puede generar beneficios macroeconómicos que alcanzarían los veinte billones de dólares anuales a partir de 2070. 

Y no solo eso: para 2050, se podrían evitar nueve millones de muertes prematuras, sacar de la malnutrición a casi docientos millones de personas y sacar de la pobreza extrema a más de cien millones.

Para lograrlo, se necesitan enfoques integrales de toda la sociedad y de todo el gobierno que transformen los sistemas de economía y finanzas, materiales y residuos, energía, alimentación y medio ambiente. 

Ello requiere una inversión anual de unos 8 billones de dólares hasta 2050, una cifra que palidece ante el costo de la inacción.

Básicamente lo que este informe nos dice es que, o comenzamos a invertir en recuperar los ecosistemas que se han perdido, dejar de contaminar o el colapso que estamos viviendo se agravará aun más y aquí es donde entro en contradicción con el informe. 

Es claro que se necesita invertir más en proyectos de restauración, de reparación y remediación de ecosistemas dañados, incluso tomando en cuenta las cifras que manejan en el reporte State of Finance for Nature 2026 la situación es complicada.

Recordemos que este informe, también elaborado por el PNUMA, dice que por cada dólar que se gasta en cuidar la naturaleza, treinta se gastan en proyectos extractivos y contaminantes, entonces esto no se trata solo de dinero, sino también de un cambio radical de sistema, basado en otras formas de relacionarnos entre nosotros y los ecosistemas.

El informe Perspectivas del Medio Ambiente Mundial, Séptima Edición: Un Futuro Que Elegimos asegura que si a nivel global se invierte en programas de cuidado de la naturaleza – iniciando en el 2027 – para el 2070 esto generaría una ganancia de veinte billones anuales, entre muchas otras virtudes ya mencionadas.

Lo que no explica es como hacerlo sin modificar el modelo de producción-consumo, peor aún dejando fuera las soluciones de finales de tubería que solo maquillan de verde proyectos de extracción y zonas de sacrificio. 

Ejemplos de esto los tenemos en los proyectos actuales de Basura Cero y sus parques de economía circular, planes de restauración de cuencas – plantas tratadoras de agua incluidas – y muchos otros que solo contribuyen a maquillar la explotación de los ecosistemas y las comunidades humanas vulneradas.

El culpable del colapso socio-ecológico es claro: se llama sistema de clases y tiene al capitalismo tardío como su máxima expresión en esta mutación hacia un tecnofeudalismo que estamos viviendo.

Por tanto, estos informes se quedan como un ejemplo de lo que sabemos y lo que deberíamos de estar haciendo y esto es precisamente ir en la dirección contraria, mucho más cercanos al cooperativismo, el comunalismo, el apoyo mutuo y no a mantener esta idea de unos sobre otros, con la naturaleza siempre pagando el alto precio de lo que ellos llaman progreso y desarrollo.

Desde el autoexilio en los bosques de Klatch City

Profesor, escritor, traductor, exactivista y panadero