Por Diana Isabel Espinoza Morales/ Merida Priscila Baltazar Beltran/ Erick Reymel Escamilla Isiordia/ Juan Antonio Lugo Machado.

Imagina a una estudiante universitaria que desde hace meses nota que sus menstruaciones son irregulares. También ha aparecido acné, le preocupa el crecimiento excesivo de vello en algunas zonas y siente que controlar su peso se ha vuelto más difícil. Al mismo tiempo, duerme peor, se siente ansiosa y cada vez está más incómoda con su apariencia.

Podría pensar que son problemas separados: uno ginecológico, otro de la piel, quizá otro relacionado con el estrés universitario. Sin embargo, en algunas personas estas manifestaciones pueden formar parte de una misma condición.

Durante décadas la hemos conocido como síndrome de ovario poliquístico (SOP). Sin embargo, en 2026 un amplio consenso internacional propuso un nombre que intenta describirla con mayor precisión: síndrome ovárico metabólico poliendocrino (PMOS, por sus siglas en inglés) incorporando tres componentes fundamentales: alteraciones de diferentes sistemas hormonales, cambios metabólicos y disfunción ovárica).¹

El cambio es importante porque modifica una idea muy arraigada: esto no es simplemente un problema de “quistes en los ovarios”. Es una condición que puede involucrar hormonas, metabolismo, función reproductiva y bienestar psicológico. ¹

¿De qué estamos hablando?

El PMOS es mucho más que una alteración menstrual.

Entre sus características pueden encontrarse menstruaciones irregulares y alteraciones de la ovulación; niveles elevados o efectos aumentados de andrógenos, un grupo de hormonas que todas las mujeres producen pero que, cuando se encuentran en exceso, pueden favorecer manifestaciones como acné, caída del cabello o crecimiento excesivo de vello. También pueden presentarse alteraciones metabólicas relacionadas con la insulina, el peso corporal, los lípidos y la glucosa.¹

Una pieza importante del rompecabezas es la resistencia a la insulina. En palabras sencillas, significa que las células del organismo responden con menor eficacia a esta hormona. El cuerpo puede compensarlo produciendo más insulina, y esta alteración puede favorecer el exceso de andrógenos y contribuir a otras manifestaciones metabólicas del síndrome. ¹

Pero no todas las personas presentan exactamente los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Esa diversidad es precisamente una de las razones por las que reducir el síndrome a los ovarios resulta insuficiente.

Y existe otro componente que durante mucho tiempo recibió menos atención: la salud mental. ²˒³

¿Qué tiene que ver con la salud mental?

Mucho más de lo que podría suponerse.

Una revisión paraguas publicada en Ginecología y Obstetricia de México en 2025 analizó investigaciones recientes sobre el síndrome de ovario poliquístico y los trastornos mentales. Entre los problemas estudiados destacan ansiedad, depresión, trastornos alimentarios y alteraciones del sueño. ²

Como ejemplo de la magnitud del problema, esta revisión encontró estudios en los que aproximadamente 37% de las mujeres con SOP presentó ansiedad y hasta 42% depresión. También se reportó un riesgo relativo de depresión 2.58 veces mayor en comparación con mujeres sin el síndrome.²

Estas cifras, sin embargo, necesitan interpretarse con cautela. No significa que todas las personas con PMOS desarrollen ansiedad o depresión. Los estudios incluidos presentan diferencias metodológicas, culturales y entre las poblaciones analizadas, lo que dificulta establecer una cifra única aplicable a todas las personas.²

Aquí existe una distinción fundamental: asociación no significa causalidad.

Encontrar con mayor frecuencia depresión o ansiedad entre personas con PMOS no demuestra, por sí solo, que el síndrome sea su causa directa. Probablemente intervengan diferentes factores biológicos, metabólicos, psicológicos y. sociales. ²˒³

La imagen corporal también importa

Acné, crecimiento excesivo de vello (llamado médicamente hirsutismo) y cambios en el peso pueden afectar la manera en que una persona percibe su cuerpo. A esto pueden sumarse los estándares sociales de belleza, las preocupaciones relacionadas con la fertilidad y el estigma que todavía rodea a esta condición. ³

La revisión de Dewani y colaboradores señala que estas manifestaciones pueden repercutir negativamente en la imagen corporal y la autoestima. Además, las presiones sociales relacionadas con la apariencia, la feminidad y la fertilidad pueden aumentar el malestar emocional de algunas personas. ³

¿Por qué podrían estar relacionados el cuerpo y la mente?

No existe una única explicación.

Por un lado, están los posibles mecanismos biológicos. Las alteraciones hormonales y metabólicas podrían participar en los cambios del estado de ánimo. Algunos estudios han planteado relaciones entre concentraciones elevadas de andrógenos, resistencia a la insulina, estrés y funcionamiento de los sistemas cerebrales relacionados con la recompensa. ²

Pero la historia está lejos de estar completamente resuelta. La propia literatura reconoce que todavía existen vacíos importantes sobre los mecanismos exactos que explican la relación entre esta condición y la salud mental. ²˒³

Por otro lado, está la experiencia cotidiana de vivir con el síndrome.

Pensemos nuevamente en una estudiante joven. Tener acné persistente, crecimiento de vello no deseado, menstruaciones impredecibles o cambios corporales puede afectar su autoestima. Si además existe preocupación por la fertilidad o recibe comentarios constantes sobre su peso y apariencia, la carga emocional puede aumentar.³

La presión social tampoco es un asunto menor. Dewani y colaboradores destacan que las expectativas culturales relacionadas con la apariencia, la fertilidad y los roles de género pueden influir en la manera en que una persona experimenta la enfermedad.³

Por ello, la salud física y la mental no deberían entenderse como compartimentos independientes.

¿Qué podemos hacer?

Una persona con menstruaciones persistentemente irregulares, acné, crecimiento excesivo de vello u otras manifestaciones compatibles necesita una evaluación profesional adecuada. Ninguno de estos síntomas aislados confirma por sí mismo el diagnóstico.

Del mismo modo, recibir un diagnóstico de PMOS no significa que la atención deba limitarse a regular la menstruación. La literatura disponible propone una atención integral y personalizada que considere las manifestaciones ginecológicas y metabólicas, pero también el bienestar psicológico y conductual. ²˒³

Cuando existen tristeza persistente, ansiedad que interfiere con la vida cotidiana, problemas importantes con la imagen corporal, cambios preocupantes en la conducta alimentaria o alteraciones significativas del sueño, estos síntomas merecen comentarse con un profesional de la salud. No deben considerarse automáticamente como algo que la persona simplemente tiene que soportar. ²˒³

Dependiendo de las necesidades individuales, la atención puede requerir la participación de profesionales de ginecología, endocrinología o medicina familiar, además de nutrición y salud mental. La evidencia destaca precisamente el valor de una atención centrada en la persona y de planes individualizados que integren intervenciones médicas, apoyo psicológico, educación y modificaciones del estilo de vida según las necesidades particulares. ³

Fuentes consultadas

Teede HJ, Bahri Khomami M, Morman R, Laven JSE, Joham AE, Costello MF, et al. Polyendocrine metabolic ovarian syndrome, the new name for polycystic ovary syndrome: a multistep global consensus process. Lancet. 2026;407:2329-39. doi:10.1016/S0140-6736(26)00717-8.

Espinoza-Morales DI, Valenzuela-Gallardo J, Baltazar-Beltrán MP, Estrada-Salas CM, Zazueta-Cárdenas A, Lugo-Machado JA. Síndrome de ovario poliquístico y trastornos mentales: revisión paraguas. Ginecol Obstet Mex. 2025;93(6):221-239. doi:10.24245/gom.v93i6.10162.

Dewani D, Karwade P, Mahajan KS. The invisible struggle: the psychosocial aspects of polycystic ovary syndrome. Cureus. 2023;15(12):e51321. doi:10.7759/cureus.51321.