Por: Diana Isabel Espinoza Morales, Mérida Priscila Baltazar Beltrán, Erick Reymel Escamilla Isiordia

Durante mucho tiempo hemos asociado más horas de estudio con mayor aprendizaje. Sin embargo, la neurociencia muestra que el proceso no termina cuando cerramos los apuntes. Mientras dormimos, el cerebro permanece activo y participa en la organización y consolidación de la información aprendida durante el día, procesos fundamentales para la memoria (1). En cambio, dormir poco puede alterar la plasticidad sináptica y dificultar la capacidad para incorporar, almacenar y recuperar información, con posibles repercusiones sobre el rendimiento cognitivo (2).

Durante la noche alternamos diferentes etapas de sueño, principalmente sueño NREM y REM. En ellas cambian los patrones de actividad cerebral y la comunicación entre distintas regiones. Particularmente durante el sueño NREM, la investigación ha identificado procesos de reactivación de información recientemente aprendida y de comunicación entre el hipocampo (una estructura fundamental para formar nuevos recuerdos) y diferentes áreas de la corteza cerebral. Una revisión reciente describe este proceso como una forma de consolidación activa de la memoria: parte de la información adquirida durante el día se estabiliza y reorganiza mientras dormimos (1, 2).

Podemos ver la memoria como un proceso en varias etapas. Primero incorporamos nueva información cuando estudiamos; después, esa información necesita estabilizarse y reorganizarse para permanecer en el tiempo; finalmente, debemos ser capaces de recuperarla cuando la necesitamos, por ejemplo, durante un examen. El sueño participa especialmente en esa etapa intermedia, conocida como consolidación de la memoria. Durante este proceso, recuerdos inicialmente frágiles pueden reactivarse y reorganizarse, favoreciendo su integración en redes de memoria más estables (2).

Dormir, sin embargo, no significa que el cerebro almacene automáticamente todo lo que estudiamos. El sueño no sustituye al aprendizaje previo: para consolidar una información, primero necesitamos haberla adquirido. Lo interesante es que, una vez aprendida, el cerebro puede seguir trabajando con ella mientras dormimos, mediante procesos de reactivación y comunicación entre el hipocampo y la corteza cerebral, particularmente durante el sueño NREM (2)

¿Qué pasa después de una mala noche?

Probablemente una de las primeras cosas que notamos sea la dificultad para mantener la atención. Un metaanálisis de 44 estudios examinó qué sucede después de una sola noche limitada a entre dos y seis horas de oportunidad para dormir. La somnolencia aumentó considerablemente y aparecieron más lapsos de atención y tiempos de respuesta más lentos. Curiosamente, no todas las funciones cognitivas empeoraron de la misma manera: los efectos sobre memoria de trabajo o control inhibitorio fueron menos claros (3).

Esto es importante porque evita una simplificación común. Dormir poco una noche no significa que “el cerebro deje de funcionar”. Podemos conversar, leer e incluso sentir que estamos estudiando adecuadamente. El problema es que algunas funciones, especialmente la atención sostenida, pueden estar funcionando peor.

Entonces, ¿quién duerme más obtiene mejores calificaciones?

La relación entre sueño y rendimiento académico es más compleja que simplemente “dormir más es igual a obtener mejores notas”. La evidencia sugiere que intervienen varias dimensiones del sueño, entre ellas su duración, calidad, regularidad y relación con el ritmo circadiano, además de factores personales y académicos como el estrés, la motivación, los hábitos de estudio y el rendimiento previo (4).

En estudiantes universitarios, una mayor duración promedio del sueño nocturno se ha asociado con un mejor promedio académico, incluso después de considerar variables como el desempeño previo y la carga académica (5). Asimismo, algunos estudios han encontrado que dormir más y mejor la noche previa a una evaluación puede relacionarse con un mejor desempeño, particularmente en contextos de alta exigencia académica o clínica (6,7).

Sin embargo, la duración no es el único factor importante. La mala calidad del sueño es frecuente entre estudiantes universitarios y puede empeorar durante periodos de exámenes o mayor demanda académica (8,9).

Por eso, sería incorrecto afirmar que dormir poco causa necesariamente malas calificaciones. Los estudios muestran asociaciones, pero no siempre resultados uniformes. Incluso se han descrito estudiantes que acostumbran estudiar de noche y presentan buenos promedios, lo que sugiere que variables como la motivación, el tiempo total de estudio y las estrategias de aprendizaje también influyen en el resultado académico (10).

¿Cuántas horas necesito?

No existe una cifra exacta que funcione igual para todas las personas. Para los adultos de 18 a 60 años, la American Academy of Sleep Medicine y la Sleep Research Society recomiendan dormir al menos siete horas por noche de forma regular para favorecer una buena salud (11).

Sin embargo, dormir bien no depende únicamente del número de horas. La calidad, la continuidad y la regularidad del sueño también importan. Pasar ocho horas en la cama no garantiza un descanso adecuado si el sueño es fragmentado o poco reparador. Del mismo modo, las necesidades pueden variar entre personas. Por eso, más que perseguir una cifra perfecta, conviene preguntarse: ¿duermo lo suficiente para despertarme descansado, mantenerme alerta durante el día y funcionar bien física y mentalmente?

Entonces, ¿qué puede hacer un estudiante?

La evidencia permite una recomendación más razonable que simplemente “duerme ocho horas”: considere el sueño como parte de su estrategia de aprendizaje.

Estudiar con anticipación, evitar sacrificar sistemáticamente el sueño, mantener horarios relativamente constantes y reconocer la somnolencia como una señal de deterioro del rendimiento son estrategias coherentes con lo que actualmente sabemos. También conviene no depender de la cafeína para compensar de manera permanente noches demasiado cortas.

Y si existen insomnio persistente, somnolencia excesiva durante el día, ronquidos importantes, pausas respiratorias u otros problemas mantenidos del sueño, la situación deja de ser simplemente un asunto de hábitos de estudio y merece valoración profesional.

Son las 2:00 de la mañana. Todavía quedan temas por estudiar. Quizá cerrar los apuntes parezca, en ese momento, dejar de aprender. Pero la evidencia sugiere algo distinto: el aprendizaje no termina necesariamente cuando dejamos de leer. A veces, cerrar los apuntes no significa dejar de estudiar. Significa darle al cerebro la oportunidad de hacer su parte.

Referencias

1. Lutz ND, Harkotte M, Born J. Sleep’s contribution to memory formation. Physiol Rev. 2026;106(1):363-483. doi:10.1152/physrev.00054.2024.

2. Gutiérrez Pérez ML, Lugo Machado JA, Lozano Lavado V, Navarro Pimiento DC. Sleep and learning: a systematic review. Int Arch Otorhinolaryngol. 2024;28(4):e657-e661. doi:10.1055/s-0043-1777294.

3. Wüst LN, Capdevila NC, Lane LT, Reichert CF, Lasauskaite R. Impact of one night of sleep restriction on sleepiness and cognitive function: a systematic review and meta-analysis. Sleep Med Rev. 2024;76:101940. doi:10.1016/j.smrv.2024.101940.

4. Mehta KJ. Effect of sleep and mood on academic performance-at interface of physiology, psychology, and education. Humanit Soc Sci Commun. 2022;9:16. doi:10.1057/s41599-021-01031-1.

5. Creswell JD, Tumminia MJ, Price S, Sefidgar YS, Cohen S, Ren Y, et al. Nightly sleep duration predicts grade point average in the first year of college. Proc Natl Acad Sci U S A. 2023;120(8):e2209123120. doi:10.1073/pnas.2209123120.

6. Falloon K, Bhoopatkar H, Moir F, Nakatsuji M, Wearn A. Sleep well to perform well: the association between sleep quality and medical student performance in a high-stakes clinical assessment. Sleep Adv. 2022;3(1):zpac019. doi:10.1093/sleepadvances/zpac019.

7. Khalid S. Sleep and academic performance: measuring the impact of sleep on exam performance among medical students. Biomed J Sci Tech Res. 2026;64(3):56621-56623. doi:10.26717/BJSTR.2026.64.010060.

8. Bouloukaki I, Tsiligianni I, Stathakis G, Fanaridis M, Koloi A, Bakiri E, et al. Sleep quality and fatigue during exam periods in university students: prevalence and associated factors. Healthcare (Basel). 2023;11(17):2389. doi:10.3390/healthcare11172389.

9. Vidović S, Rakić N, Kraštek S, Pešikan A, Degmečić D, Zibar L, et al. Sleep quality and mental health among medical students: a cross-sectional study. J Clin Med. 2025;14(7):2274. doi:10.3390/jcm14072274.

10. Mahmoud Z, Ahmed A, Alamin R, Mohammad MFA. The effect of night study patterns on academic performance among medical students at Bahri University, Khartoum State, Sudan, 2025. J Adv Res EMR. 2025;69(27):311-349. doi:10.5281/zenodo.17849719.

11. Watson NF, Badr MS, Belenky G, Bliwise DL, Buxton OM, Buysse D, et al. Recommended amount of sleep for a healthy adult: a joint consensus statement of the American Academy of Sleep Medicine and Sleep Research Society. Sleep. 2015;38(6):843-844. doi:10.5665/sleep.4716.