A las doce del día el sol pega fuerte y en la Glorieta de las Mujeres que Luchan se empiezan a reunir principalmente mujeres, acompañadas de sus familias: esposos, hijos, hermanos, tíos. Vienen a conmemorar la quinta aniversaria de la Glorieta, el espacio de sus luchas desde ese 25 de septiembre de 2021.
Ese día, de hace cinco años, mujeres de todo México junto con colectivas feministas decidieron poner la silueta morada bautizada como Justicia donde se encontraba la estatua de Cristóbal Colón desde 1877. Desde entonces mantienen una lucha por conservar el espacio, siempre atacado por el machismo estructural y por el mismo Estado, en constante cambio, como el movimiento mismo.

La protesta que se hace memoria

Al llegar, las mujeres montan las carpas donde tendrán lugar sus diversas actividades, algunas de éstas se apropian de los carriles centrales de Reforma, donde se ubica la Glorieta. En el pasillo principal se instala una larga mesa con un aún más largo mantel blanco. La mesa, decorada de flores nubes, blanquecinas y pequeñas, de flores amarillas y moradas con blanco, será donde se dé el brindis por la Glorieta y por todas las mujeres que luchan. Se escucha de fondo “Canción sin miedo” de Vivir Quintana.

Al fondo, en las vallas que rodean la estructura principal, donde al mirar hacia arriba se descubre a Justicia, se encuentra Mónica Díaz, la diseñadora gráfica de la Glorieta desde hace ya 5 cinco años. Pinta con negro y blanco los grandes muros que el gobierno utiliza para detener a los manifestantes, pero aquí se los han apropiado, sirven como lienzo donde escribir el nombre de esas mujeres que luchan por justicia, por verdad. Esperanza, María, Gabriela, Letty, Cecilia, Margarita, cientos de nombres de mujeres, de luchadoras por el territorio, por un sistema educativo y de salud digno, buscadoras de sus familiares desaparecidos o de la libertad de sus presos políticos. La Glorieta de las Mujeres que Luchan es creación colectiva, anti-monumenta para mantener viva la memoria del pueblo y no la de quienes dicen gobernar.


Mónica, que no pertenece a ninguna colectiva en particular, sabe también lo que es resistir. La Glorieta sufre de ataques constantes, destruyen sus estructuras, despintan los nombres escritos o arremeten contra la plantas y flores del jardín. “Se siente feo que rompan las cosas, que tiren las cruces”, dice mientras sigue retocando con un pincel fino y pintura blanca el nombre de la Glorieta. “Parte de lo que he aprendido de la Glorieta es que es una anti-monumenta cambiante. La Glorieta ha tenido mucha visibilidad desde el principio. Se siente feo, pero nosotras siempre vamos a estar aquí, reparando”.
Mónica también habla de cómo el gobierno intenta imponer una memoria vertical, que reivindica sólo a las figuras de su interés. El Paseo de la Reforma es un buen ejemplo, ideado por el emperador Maximiliano de Habsburgo, pero construido por el dictador Porfirio Díaz. En todo el Paseo, además de Justicia sólo se encuentran dos mujeres más, las dos son alegorías y las dos están semidesnudas: la Diana Cazadora y el Ángel de la Independencia.


A unos pasos de las vallas, juntas y con mirada digna, se reúnen las integrantes del Centro Comandanta Ramona, estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) que luchan por erradicar la violencia estructural y machista de México. En Morelos conocen bien esa violencia, las integrantes hablan de cinco feminicidios de estudiantes de la UAEM en menos de dos años, dos de ellos perpetuados por compañeros de la universidad: Aylin Rodríguez Fernández, Kimberly Joselin Ramos Beltrán, Karol Toledo Gómez, Michelle Itzayana Fuentes Calderón y Claudia Tacoronte Aguilera, originaria de español.
El caso de Claudia, al tener nacionalidad española, atrajo la atención mediática y fue resuelto en pocas horas. Ante esto, las integrantes del Centro Comandanta Ramona se cuestionaron “¿por qué no existe está misma demostración de poder para las mujeres del día a día, para las cotidianas?” y “¿por qué el fiscal no sale a las doce horas a aclarar y nombrar a todas nuestras asesinadas?”.


La tolerancia a la violencia machista por parte de la sociedad morelense y de su propia comunidad universitaria las ha llevado a organizarse colectivamente. El Centro Comandanta Ramona busca impulsar cambios en las normativas y en los planes de estudio, que su universidad sea más segura. Quieren clases con enfoque de género, que permitan a los estudiantes conocer y combatir a la violencia machista. En sus palabras: “enseñarles cuando son violentos, enseñarles a que no lo sean”. Sin embargo, las autoridades de la UAEM simulan, fingen escuchar para después criminalizarlas. Y los pocos filtros de seguridad que implementan, además de ser deficientes y estar saturados se usan para perseguirlas y controlarlas.


En una de las carpas ubicada en la avenida se hace un taller de bordado llamado “Bordando Justicia”. En otras tantas se venden artesanías, camisas de la Glorieta, grabados y velas aromáticas. Las mercaditas están presentes, tienden sus mercancías en el suelo, es también una forma de protesta, de ganarse la vida dignamente. Entre ellas se encuentra Hilda Nereira, del Comité por la Libertad de Kenia Inés Hernandéz Moltalván. Trae monederos con la bandera cubana o palestina, algunos hechos por la propia Kenia, todo lo recaudado se destina para su liberación.


Kenia Hernández, abogada de profesión y defensora de los derechos humanos, lleva desde el 2020 en prisión, se le imputan cargos por ataques a las vías de comunicación. Sin embargo, su caso, como el de muchas otras, es producto de la persecución política y de la incomodidad que le causa a las autoridades la lucha de Kenia por los presos políticos del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la Presa La Parota.
Hilda también sabe lo que es estar privada de su libertad, a ella la encarcelaron el 6 de febrero del 2000, cuando la Policía Federal Preventiva entró a la Ciudad Universitaria para acabar con el movimiento del Consejo General de Huelga. En ese entonces fue acusada de siete delitos y más de mil estudiantes de la UNAM de peligro social. Así se criminaliza a quién lucha por una educación digna.


Al lado de Hilda, sentada porque la edad ya pesa, se encuentra María de Lurdes Mejia Aguilar. Su hijo, Carlos Sinuhé Cuevas Mejía, tesista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, fue asesinado extrajudicialmente por su activismo y su lucha social un 26 de octubre de 2011 con armas de uso exclusivo de las Fuerzas Armandas. Desde entonces, María de Lurdes busca justicia y verdad por su hijo. Y a casi ya 15 años del caso, no claudica, no se rinde.


Durante toda la conmemoración, siempre se puede ver a una mujer llorando, una mamá, una hija, una hermana, una esposa, una amiga. El llanto está presente, es otro acompañante más en este día, al igual que las infancias, niños y niñas que juegan y se divierten mientras sus madres luchan y tejen la memoria que habrá de salvarnos. En un espacio de la Glorieta, renombrado Jardín de la Memoria por la Vida, la Dignidad y la Justicia, las mujeres organizadas instalaron un columpio con dos sillas, todo pintado de morado, para que a los hijos no se les haga tan larga la espera. Así conviven lo que parecen dos mundos, lo que es uno sólo.
Pasa el tiempo y a las tres horas de iniciar el evento, empieza la comilona. Tostadas, arroz, tamales, fideos, guisos y platillos que cada una trajo desde sus casas, preparados para compartir con sus compañeras de lucha. Argelia Betanzos, integrante de Mujeres Mazatecas por la Libertad, quienes luchan desde hace años por liberar a sus presos políticos, toma la palabra antes de empezar el brindis por la quinta aniversaria de la Glorieta. Habla de la lucha contra la esclavitud y de la caída de la estatua de Colón. Después, María de los Ángeles, mejor conocida como doña Fili, defensora del territorio de los Pedregales desde 1970, da el brindis por las mujeres que luchan y reafirma que “está lucha debe permanecer”.


Inmediatamente después se pone a tocar Anarkelia, quien con su guitarra rasga rancheros de la revolución mexicana que pide canten también las mujeres sentadas en la larga mesa con mantel blanco. Adelita, La Rielera o Juana Gallo salen de su voz e inundan el espacio de la Glorieta.

Y el arte como forma de protesta

Nunca faltó la música. En su quinto aniversario, la Glorieta se llenó de artistas, cantantes, guitarristas, violinistas, mezcladoras de audio. Todas mujeres. El dúo de La Prieta Cumbiera, con Ana Beatriz en el violín, buscan promover con sus letras y performances lo que denominan “autodefensa femininja”. La lesbiandad les atraviesa y lo expresan en sus cumbias experimentales. Les gusta tocar en la Glorieta porque “es lo que nos llena, estar en la calle no está peleado con el trabajo artístico”. Además, Ana aclara que “es importante que sigamos presentes aquí, es importante acompañarnos y resistir juntas, tomar este espacio y que nos vean aquí plantadas porque, sino ya sabemos lo que pasa”.


Representantes de la danza, las Capuchas Rosas bailaron para liberar su cuerpo, como una forma de protesta. Inspiradas en el grupo chileno Baila Capucha Baila, la colectiva Capuchas Rosas se hizo presente por primera vez en la marcha del 8M del 2021. Buscan recuperar el cuerpo como primer territorio de defensa, porque, como dicen, “la cuerpa es la primera que sufre la violencia, con nuestro baile queremos decir que este es mi cuerpo y que yo decido como me muevo y como me visto”. Sus integrantes son víctimas de violencia. Cada una tiene su historia y también su consigna como “La Iglesia también mata y viola” o “Los niños no se matan, no se tocan ni se violan”. Cada una lucha desde su propia trinchera, desde sus vivencias. Una de ellas dice que “toda la vida me dijeron que no podía bailar por se gorda, por eso, nuestra venganza es ser felices”. Juntas danzan y se acompañan sin juzgar y con respeto. Reivindican el uso de la capucha porque “el Estado persigue” y el rosa por las muertas de Juarez. Y creen que a futuro habrá más colectivas de mujeres encapuchadas, con nuevas formas organizativas, capaces de encarar al sistema.
De Chile vino a cantar Maida la Reina, quien al subir al escenario aclaró que “para ser reina no se necesita trono ni oro, lo más importante es ser buena persona”. Y a Nadia Barajas, las mujeres presentes le corearon sus canciones “Los coyotes” y “Libre e incendiaria”.


Mientras las artistas pasaban, se repartían flores nubes, para que las compañeras se sintieran como entre nubes. Al fondo, policías tomaban fotos y videos, algunos estaban vestidos de civiles. Pero eso no intimidaba a las presentes, quienes corearon consignas como “¡Estado corrupto, por tu culpa estoy de luto!”, “¡Mujeres contra la guerra, mujeres contra el capital, mujeres contra el machismo y el terrorismo neoliberal!” o “¡¿Por qué las buscamos?! ¡Porque las amamos!”.


Ari Vargas se encargo de ponerle música a la noche, representante de la rumba tropical puso a bailar a sus compañeras, quienes hicieron un gran bailongo como despedida a la quinta aniversaria de la Glorieta de las Mujeres que Luchan. Y como señala Marcela, acompañante de la Glorieta, “ahora tenemos la certeza de que no la van a quitar, al menos por un rato, toca sentarse a platicar que sigue y como seguir adelante, como seguir luchando”.



Publicado originalmente en Desinformémonos – https://desinformemonos.org/