Texto publicado en colaboración con el área de Difusión del Colegio de Sonora.

Por Claudia Esthela Espinoza Cid*

José María Teclo Morelos y Pavón fue un líder insurgente estudioso, disciplinado y con una profunda sensibilidad social, la cual forjó tras conocer de cerca la miseria en regiones adversas como Tierra Caliente, Michoacán. Tras una intensa lucha dentro del movimiento por la independencia, fue capturado y ejecutado por el ejército realista en San Cristóbal Ecatepec.

En la época colonial, la desigualdad se asumía como un mandato natural. El color de piel o el apellido determinaban el destino de las personas bajo una red de ventajas y privilegios para unos pocos, mientras al resto solo le quedaba obedecer. Dentro de este sistema opresivo, los sectores vulnerables sufrían cotidianamente los estragos de esta injusticia.

Así, por ejemplo, campesinos y mineros cargaban con pesados tributos e impuestos (como alcabalas y estancos) sin acceso a juicios imparciales, pues los tribunales protegían únicamente a los privilegiados. Otros ejemplos tristes que nos permiten entender las injusticias de ese tiempo eran el trato a las mujeres de los pueblos originarios y a las castas. Estas personas vivían en una tutela permanente por parte de la Corona y de la Iglesia, que las trataba como si fuesen “por siempre niñas”, incapaces de regir sus propias vidas y expuestas a castigos corporales (como azotes), hambrunas, epidemias y anulación total de sus derechos.

Ante la imposibilidad de hallar justicia por vías institucionales, la población acudió al llamado de la independencia. Los Sentimientos de la Nación surgió en el marco de la lucha independentista. Leídos el 14 de septiembre de 1813, en Chilpancingo, representan el texto fundacional de nuestro constitucionalismo. En ese documento se estableció que la soberanía emana del pueblo, se decretó la independencia de España y se consagró la división de poderes junto con la igualdad ante la ley. Destaca especialmente su artículo 12, donde Morelos planteó moderar la opulencia y la indigencia, elevar el jornal del pobre, impulsar la educación y erradicar para siempre la esclavitud y las castas.

El camino para que las y los mexicanos llegáramos a ser ciudadanos plenos no fue gratuito; lo ganamos gracias a la lucha y la vida de nuestros antepasados. Por eso, en este 2026, a 213 años de su proclamación, los ideales de Morelos siguen vigentes como un recordatorio de nuestras deudas sociales: erradicar la desigualdad, apoyar a los que menos tienen mediante el impulso a la educación, la mejora salarial y una profunda transformación cultural.

Sería deseable que este 30 de septiembre no nos quedemos únicamente con la ceremonia cívica por el natalicio de Morelos, sino que volvamos a leer este documento fundamental para reflexionar sobre esas deudas pendientes con los mandatos originales de justicia. Su memoria exige rechazar que el origen o el apellido condicionen el proyecto de vida de una persona, recordando que las escuelas y universidades tienen la responsabilidad ineludible de mantener vivo este legado transformador en las presentes y nuevas generaciones.

¿Recuerda haber leído alguna vez los Sentimientos de la Nación? Si no lo ha hecho, lo invito a que lo haga; se va a sorprender y tal vez le parezca, como a mí, que fue escrito ayer; sobre todo en lo que se refiere al incansable combate contra los privilegios en nuestro país.

*Egresada del doctorado en Ciencias Sociales de El Colegio de Sonora.