Primero que nada ¿qué es anarquía? Sí, etimológicamente significa sin gobierno, o sin gobernante. Y eso es básicamente el concepto central del anarquismo, al menos desde que Proudhon publicó ¿Qué es la propiedad? en 1840, donde su tesis principal (“la propiedad es un robo”) es argumentada con empeño y convicción revolucionaria. Aunque como corriente de filosofía social se pueden encontrar referencias desde hace 7000 años. Digamos que Proudhon es el iniciador de la teoría anarquista moderna. Ya se había usado antes el término “anarquista”, durante la revolución francesa pero de forma despectiva. Proudhon lo reivindica. Luego vienen Bakunin, Kropotkin, Malatesta, y un puñado de pensadores más a robustecer la filosofía anarquista moderna. Todos coincidiendo que la sociedad no necesita de amos todopoderosos que les digan qué hacer y qué no y cuándo hacerlo o no o si sí ser aplastados como bichos por su autoridad, bueno tienen la idea, creo.
Chomsky señala la dificultad de hablar de definiciones precisas dentro del discurso político (cualquiera que éste sea) por el cambio tan rápido de usos de nomenclaturas y conceptos, y que en el caso de la anarquía es particularmente evidente la variedad de usos que se le ha dado, “la anarquía ha sido sujeta, no sólo a un uso variado, sino también a un abuso extremo”. Se ha usado como sinónimo de caos, nihilismo, decadencia, descontrol, disturbio, sinsentido, etc. Cuando en realidad se trata de la filosofía social que más promulga la paz y el orden.
Si bien la utopía de vivir en un mundo sin leyes puede verse como inalcanzable, debe de ser el objetivo de toda sociedad llegar a tal estado, porque estamos hablando del desarrollo social más elevado. Para el anarquismo ese ideal es la última meta, pero antes tenemos un gran camino que recorrer. Como mencioné en el texto anterior el anarquismo no busca la abolición del estado de derecho, al menos no en nuestro contexto histórico –sería un suicidio social–. Quizá lleguemos, en un futuro, a tal contexto donde hablemos de la abolición de todo tipo de ley, política o reglamento por inútiles para la libre y sana convivencia social. Por mientras, la abolición del gobierno centralizado y del sistema financiero neoliberal son las principales tareas del anarquismo, y es ésta última la más significativa, ya que es este sistema global el que mantiene y promueve la desigualdad en la distribución de la riqueza en el mundo.
La culturización de la sociedad
Un método esencial desde siempre acuñado por el anarquismo es la culturización de la sociedad, acabar con las élites culturales y llevar el conocimiento y las artes a toda la sociedad. Todo esto suena imposible en el actual momento histórico, donde las proyecciones gubernamentales de alfabetización y acceso a la educación miden su progreso en décadas y porcentajes insostenibles, donde el llegar a las poblaciones más recónditas del país es prácticamente imposible. El anarquismo supera esto mediante el planteamiento de la abolición de la centralización, en teoría, aunque como prueba están las experiencias exitosas del anarcosindicalismo español y los kibutz de Israel, que han funcionado desde la fundación de éste como Estado bajo una especie de anarcosocialismo, inspirado en el sionismo socialista. En estos casos la solidaridad y el trabajo en conjunto sin amos ni dueños superó obstáculos que de otras maneras parecían insorteables. Aunque claro uno fue aplastado por los Estados occidentales (el caso español) y el otro sigue, aunque atrapado entre su organización tradicional y el voraz neoliberalismo globalizante (el caso de los kibutz).
Culturizar al individuo es vital para el funcionamiento de la sociedad anarquista. “Inevitablemente hay un deseo de que el hombre llegue a alcanzar un mayor grado de conexión con la inteligencia” dice José María Nunes. Sin individuos pensantes, concientes y conscientes, la organización social y las libertades se ven amenazadas. La responsabilidad de cada individuo es más grande en la sociedad anarquista que en las sociedades con gobiernos jerárquicos. De ahí que la culturización social sea una de las principales preocupaciones del anarquismo.
El pacifismo como método
El mismo Nunes habla de una “sensibilidad anarquista”, la cual es básicamente la acción y el pensamiento anarquista sin su enunciación, es decir, hay muchos anarquistas que no se asumen como tal, podemos suponer que un gran porcentaje de los individuos dentro de las sociedades del mundo tienen “sensibilidad anarquista”, pero sólo un ínfimo porcentaje se asume como anarquista convencido de serlo ideológicamente.
“La personalidad anarquista que tiene una gran capacidad de rebeldía y de revolución es terriblemente pacifista. Su actuación es sólo como consecuencia de defenderse.” Dice Nunes. Así pasa casi siempre con los anarquistas y con los individuos de sensibilidad anarquista, y el anarquismo lo propone en casi en todas sus vertientes y en casi todas sus propuestas teóricas. Para que el anarquismo se aplique es necesario que los métodos de abolición del Estado sean siempre pacíficos y, de preferencia, y al mismo tiempo, benéficos para las sociedades involucradas en los cambios estructurales y el nuevo contrato social.
Hay qué hacer la revolución con el ejemplo, con solidaridad, empatía, cultura, manifestando el descontento pacíficamente y aprovechando para informar y promover la alternativa libertaria.
“Yo no formo escuela; vengo a pedir el fin del privilegio, la abolición de la esclavitud, la igualdad de derechos, el imperio de la ley. Justicia, nada más que justicia”. Dice Proudhon en su clásica obra.
Aldo Barrios
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