Por: Isabel Dorado Auz
De verdad que nos gustaría ver al gobernador a ras de suelo platicando con la gente de abajo, la gente que tiene necesidades apremiantes y que no tiene el dinero que posee Grupo México de Germán Larrea Mota Velazco.
Se enteraría de muchas cosas y mejoraría enormemente su gestión de gobierno. Si se diera una vuelta por el ejido Fructuoso Méndez se encontraría con que hay un pozo que ya no funciona y que la gente batalla para conseguir agua para consumo humano. Se enteraría que miles de hectáreas han dejado de cultivarse desde que se construyó la presa El Molinito y que muchas de las comunidades aguas abajo están en estrés hídrico. Si hiciera un recorrido desde el vertedor de la presa hacia Hermosillo se daría cuenta del fenómeno de desertificación que se ha venido produciendo en los últimos años. Vería como los pinos salados han venido sustituyendo a los álamos y sauces que constituían el paisaje natural de los bosques ribereños cuando fluía el agua por el río Sonora.
Si platicara con la gente de San Miguel de Horcasitas, le dirían que sus pozos se están secando antes de que se construya la presa Las Chivas y que están molestos con ese proyecto porque provocará más desertificación y menos agua para cultivo y para consumo humano. Le recordarían, también, que Grupo México ha incumplido una serie de acuerdos relacionados con el desastre ambiental de 2014, mismo recordatorio que le harían pobladores de Ures y del resto de la ruta del Río Sonora. Encontraría en Mazocahui a una persona que se dedica a vender tacos y que es sobreviviente al cáncer, mismo que atribuye su padecimiento al derrame del 2014. Le dirían, también, que varias personas empiezan a morir por esa enfermedad, entre ellas nuestra querida Martha Patricia Velarde.


Un poco más arriba, por rumbos de Huépac, vería a un Pueblo desilusionado con la acción de gobierno. Un Pueblo que no entiende por qué se quieren construir tres presas teniendo dos vacías aguas abajo. Hubo quien se cuestiona por qué pretenden iniciar obras en el mes de julio, mes en el que se empiezan a presentar las primeras lluvias, lo cual hace inviable cualquier tipo de trabajo relacionado con la construcción de presas.
Apreciaría el gobernador la sabiduría popular. Esto es, conocería de primera mano la verdadera problemática de las comunidades rurales y tendría que explicarle con lujo de detalles en qué consiste su maravillosa idea de construir tres presas. Si el gobernador se da la oportunidad de escuchar, se daría cuenta de lo equivocado que está y estaría a tiempo para redirigir sus estrategias y darle prioridad a otros factores que causan el desabasto de agua de la ciudad capital. Esos siete mil quinientos millones de pesos podrían destinarse, en parte, a la reparación de la infraestructura hidráulica y otra parte podría destinarse a obras para la cosecha de agua con lo cual se garantizaría la recarga de los mantos acuíferos.
Allá en los pueblos hay convencimiento pleno de que se quiere favorecer la actividad minera, por encima de la actividad agrícola de los pequeños productores. Se percibe a un gobierno alejado de la gente y muy cercano al poder económico estatal y nacional.
Se está generando un movimiento popular muy interesante que el gobernador debe atender. Un movimiento que organizó una primera manifestación el pasado domingo 13 de abril que rompió algunas expectativas dada la dimensión de la caravana que inició en el Tronconal y finalizó frente a Palacio de Gobierno Estatal. En este último lugar, varias voces de las comunidades rurales expresaron su total rechazo al proyecto de las tres presas y hoy se están organizando para defender la cuenca del río Sonora y la subcuenca del río San Miguel.
Isabel.dorado@unison.mx
