A TRAVÉS DE LA MÚSICA : EL MISTERIO MUSICAL

Autor: GIBRÁN V. M.

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EL MISTERIO MUSICAL
Aristóteles asegura en el Libro V de La Política que la música posee una naturaleza
moral que se manifiesta en quienes la hacen, la ejecutan y la escuchan (1252 a. C.), de
ahí la importancia que él le da al arte musical como educador y formador de los
jóvenes. Incluso hace una descripción de la naturaleza emocional y moral de los
modos1 frígio, mixolidio y jónico en la cual uno puede leer entrelineas la precaución que
hace el filósofo en el uso de los modos griegos sobre el ser humano, dando a entender
las funciones metafísicas de la música en los hombres, los seres vivos y el reino
mineral-vegetal, como se ha sugerido en ciertos experimentos (Rettalack, 1973).
Estamos hablando de un fenómeno que trasciende la acústica y psico-acústica de la
música a un “espacio” difícil de explicar pero no de entender y sentir, se da vida al
misterio musical. El mismo Aristóteles argumenta que “la armonía y el ritmo parecen
cosas inherentes a la naturaleza humana, y algunos sabios no han temido sostener que
el alma no es más que una armonía o, por lo menos, es armoniosa” (cap. IV). En caso
de ser así, estaríamos dando por real que el alma es un Todo simétrico en sus partes el
cual hace resonancia al ser estimulado por agentes externos de la misma naturaleza
que él, encriptados en alguna pieza musical. Sin embargo el alma y ser de la especie
humana no es solamente un acorde que resuena, también es un ser pensante y
emocional que toma sus propias decisiones. Siendo de esta manera, ¿Es la música un
sistema capaz de descifrar los pensamientos, emociones y sentimientos de los seres
humanos que, al momento de reproducirla, nos transporte a aquellos momentos y
experiencias cifradas en esa organización de sonidos por nuestra razón y alma?.
Los musicólogos Abromont & Montalbert nos comentan que “la música aparece
como un todo misterioso e inasible” (p. 19) que se desarrolla en el tiempo y en el
espacio, siendo este último de dos naturalezas distintas: la exterior, que es el lugar
donde los músicos ejecutan sus instrumentos o donde se reproduce alguna canción por
medios electrónicos; y la interior, refiriéndose a la música que resuena en el seno de
nuestro ser al tararear una canción de memoria o recordando pasajes de alguna pieza,
pudiendo ser ambos casos los que provocan una reacción emocional, mental y
biológica en nosotros que enriquece, aunque sea momentáneamente, el espíritu. En
otras palabras, no es necesario estar escuchando físicamente la música para resonar
junto con ella y transportarnos al “lugar” al que nuestra mente y alma hayan cifrado en
los acordes que escuchamos internamente, existiendo la posibilidad de que esos
“lugares” ni siquiera se conozcan o no hayan acontecido en el tiempo aún, pues “la
música provoca el efecto de intensificar y subrayar el sentimiento que evoca un
acontecimiento en especial” (Storr, p. 45). Considero que el espacio interior es mucho
más importante porque es en él donde percibimos a la música de manera racional,
1 Modos griegos: organización de sonidos descendentes (del tono más agudo al más grave).
física, emocional, sentimental y espiritual. Más importante todavía pues al poner
voluntad para entrar en él con mayor atención que la usual y escuchar la música que
ahí se reproduce, existen amplias posibilidades de acceder a verdades personales
absolutas. No es casualidad que etnomusicólogos sostengan que la música es un
componente intrínseco de las relaciones sociales, del cuerpo y de la mente (Blacking,
1976), tres aspectos que cotidianamente utilizan los seres humanos, por lo mismo,
altamente arraigados en su ser interior.

amazing-736885_1280Nos enfrentamos a algo que todos sienten y entienden pero pocos, o ninguno,
pueden explicar de manera fehaciente. En su oportunidad Platón recomendó que la
música debe ser controlada por el Estado pues esta toca directamente el alma;
Guillaume de Machaut2, en su Oda a la Música, nos dice que esta “es una ciencia que
nos hace reír, cantar o bailar […]”; el poeta Museo3 nos da indicios del misterio musical
cuando recitó: “el canto, verdadero hechizo de la vida”; Emmanuel Kant se refiere a la
música como una “expresión de la sensibilidad” (p. 16); John Blacking, cuando habla de
la composición musical, argumenta que sentir con el cuerpo es lo más cercano a
resonar (1976). Vemos pues como las mentes de grandes maestros hacen patente la
existencia de ese misterio que representa la música que, parafraseando a Platón, sólo
el alma y después la mente 4 son capaces de develar íntegramente, pues sus
explicaciones siempre recurren a alegorías o a recursos poéticos para poder ser más
claros y precisos, nunca a un lenguaje concreto ni técnico. Por otra parte, pocas
oportunidades nos hemos dado para escuchar racionalmente la música en la que
nuestra alma cifra nuestras verdades, sólo lo hacemos de manera emocional, lo cuál no
es condenable, simplemente es la costumbre. La mayoría de las veces se escucha a la
música con la emoción, pues al resonar en quienes atienden los acordes de la
composición, la primera reacción es un impulso pasional que produce un gran bienestar
o repulsión (dependiendo de cuanta resonancia haya en los escuchas de la música
percibida). Lo anterior es el motivo por el cual en las reuniones de amigos o familiares,
incluso de trabajo, existe la música de fondo para crear un sentimiento de unidad (Storr,
1992) pues “la música provoca respuestas físicas similares en diversas personas y al
mismo tiempo” (Storr, p. 45). Hablando a título personal, las ocasiones que he realizado
una profunda reflexión sobre lo provocado en mi por las piezas escuchadas, he
encontrado eso que llamo verdades personales absolutas, pues nunca se equivocan.
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Probablemente sean esas verdades las que se sugieren cuando unos labios pronuncian
de manera categórica: “¡La buena música no se equivoca y va derecho al fondo del
alma en busca del dolor que nos devora!”5.
2 Guillaume de Machaut (1300-1377), clérigo, poeta y compositor francés, famoso por la Messe de Notre
Dame, obra maestra de la música medieval.
3 Museo, poeta que vivió cuatro o cinco siglos, por lo menos, antes de Aristóteles.
4 Platón: “la música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”.
5 Fragmento de la obra Vie de Rossini de Henri Beyle Stendhal (1783-1842).
Referencias
Storr, A. (2002). La música y la mente. (V. C. Medina, Trad.) Barcelona: Ediciones Paidós
Ibérica.
Abromont, C. (2005). Teoría de la música, una guía. (A. P. Sáez, Trad.) México, D. F.: Fondo de
Cultura Económica.
Aristóteles. (1252 a. C.). La Política. Recuperado el 11 de junio de 2015, de Filosofía en español:
http://www.filosofia.org/cla/ari/azc03173.htm
Blacking, J. (1976). How Musical is Man? Londres: Faber and Faber.
Kant, E. (1764). Lo bello y lo sublime. Recuperado el 11 de junio de 2015, de Biblioteca:
http://www.biblioteca.org.ar/libros/89507.pdf
Machaut, G. d. (circa 1330). Oda a la música. Recuperado el 11 de junio de 2015, de Lieder:
http://www.lieder.net/lieder/get_text.html?TextId=21781
Retallack, D. (1973). The sound of music and plants. Denver: Devorss & Co.