Luis Enrique Ortiz
Además de construir al segundo hombre más rico de México, con una fortuna actual de 28 mil 600 millones de dólares (Forbes, 2025) y de contaminar y abatir varias cuencas hidrológicas vitales para el medio ambiente ¿Qué otra cosa ha logrado la concesión del cobre en México a manos privadas? Llámese familia Larrea.
La entrega de la riqueza de la Nación a la familia Larrea, inició “formalmente” el 20 de agosto de 1989, más o menos un año después del fraude electoral para imponer a Carlos Salinas de Gortari en la presidencia de la Nación. Porque, oh sí, antes de Felipe Calderón hubo otro usurpador, pero esa es otra historia.
Salinas de Gortari utilizó al Ejército para arrancar de los ingresos nacionales al estratégico mineral de cobre, para entregarlo a Jorge Larrea Ortega, quien ya se dio el lujo de heredar los negocios mineros y otros a su hijo Germán, de apellido materno Motavelasco.
De acuerdo a expertos consultados en minería y economía global, la matriz tecnológica presente en el mundo mantendrá al cobre como el mineral más importante por al menos diez a quince años más, seguido de zinc, molibdeno y litio.
La familia Larrea ha sido dueña de las minas de cobre desde que la de Cananea era una de las más productivas del mundo, la pregunta es ¿corresponderá a este clan la deshonrosa distinción de acabarse no sólo la riqueza del subsuelo, sino a la par haber desecado y/o contaminado las cuencas de los ríos San Pedro, Bacanuchi, Sonora y Bacoachi?
Cobre, oro, plata, zinc, molibdeno habrán sido producidos a un muy alto e irreversible costo social, ambiental y económico de la región. La mayor parte de las divisas generadas por la explotación minera se habrán quedado en pocas manos, muchos vergeles habrán sido convertidos en eriales.
Chile sigue siendo el primer productor de cobre del mundo, seguido por una larga lista de países entre los cuales México “ya no pinta”, al menos respecto a los diez primeros entre los cuales destacan Congo, Perú, China, Estados Unidos e Indonesia.
Pero eso no hace al cobre menos importante y estratégico, el tema es si ese mineral seguirá concesionado a manos privadas rapaces y extractivistas sin ninguna consideración por las personas y el medio ambiente. Ese es el tema.
La mala noticia es que todo parece indicar que así será y no importa el costo. Es claro que -pese a sus logros sociales- la Cuarta Transformación protege los intereses de la familia Larrea antes que los de la gente. Al menos así parece en el caso de las presas que se quieren construir en los ríos Sonora y San Miguel.
Fernando Ramírez, ganadero y experto en cuencas hidráulicas hace una sentencia apocalíptica: “Si Grupo México (GM) no tiene agua suficiente, porque ya se acabó toda la que hay alrededor de Cananea, se acaba la minería del cobre en la región, por eso buscan un abasto seguro y lo pretenden tener con la presa Sinoquipe, que se quiere construir en el municipio de Arizpe”.
Antes de obligar a GM a remediar hechos como el derrame sobre el río Bacanuchi de 40 millones de litros de sulfato de cobre acidulado, ocurrido hace 11 años, la Cuarta Transformación parece tener prisa en construir la infraestructura que le garantice a la familia Larrea seguir explotando el estratégico mineral del cobre y demás asociados a su producción.
La construcción de la presa Sinoquipe, incluida en el “Plan Hídrico Sonora 2023-2053”, bastaría para terminar con la vida como se conoce en los municipios ribereños de Banamichi, Huépac, San Felipe de Jesús, Aconchi y Baviacora, mientras que la obra denominada Puerta del Sol, haría lo propio en Ures actual municipio que concentra la oposición y resistencia a los megaproyectos.
El abasto de agua en Hermosillo es el pretexto para la construcción de los embalses referidos, cuando más que el abasto -sin negar que sea importante- lo que urge es detener el desperdicio de hasta 50% del vital líquido debido al mal estado de la red de distribución. Como que no suena lógico invertir tanto dinero para tener una merma tan grande y permanente.
El Gobierno de México sigue ignorando el rechazo popular a las obras simplemente volteando para otro lado y siguiendo a pie juntillas la ejecución de un plan sin consenso. Lo mejor o lo peor de todo esto, apenas está por venir.
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