- ¿Un problema sin solución?
- La mala gestión del agua es responsabilidad del municipio de Hermosillo y su presidente Antonio Aztiazarán
Luis Enrique Ortiz
Un recurso tan valioso como el agua potable, no debería estar siendo desperdiciado con insultante indolencia por parte de quienes lo consideran un bien de la Nación y un derecho humano, pero que además tienen el control de los ingresos y el gasto público de un país, que pesar de todo sigue siendo rico.
En la ciudad capital del estado mexicano de Sonora, Hermosillo, se desperdician de 100 a 200 litros diarios por habitante de acuerdo a la época del año, y si lo promediamos a 150 per cápita, considerando un millón de habitantes tenemos que por fallas y fugas de la red de distribución se infiltran al subsuelo 150 millones de las referidas unidades de medida del vital y cada vez más disputado líquido.
Esto se puede traducir como 150 mil metros cúbicos cada día, es decir casi 155 millones de metros cúbicos al año, dejar de desperdiciar tan ´preciado volumen, provocado por una mala gestión y una peor gobernanza, resolvería el problema de corto y mediano plazos de abasto para la ciudad de Hermosillo y hasta podría sustentar un considerable crecimiento poblacional, mientras se exploran de manera democrática y participativa, propuestas sostenibles más allá de 2030.
Se desperdicia, sin contar lo que sucede a nivel doméstico, cada año 18% más de lo que le cabe a máxima capacidad a la presa El Molinito, que son 130 millones de metros cúbicos.
Aquí es donde entra la canasta de soluciones que han puesto sobre la mesa, respecto al tema del agua los gobiernos estatal y federal.
El 1 de noviembre de 2024, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó el Plan Nacional Hídrico 2024-2030, cuyo objetivo principal “es garantizar el derecho humano al agua en calidad y cantidad suficiente, asegurar la sostenibilidad de nuestros recursos y fomentar un manejo adecuado y responsable del agua en todos sus usos”.
Para el caso de Hermosillo y con el fin de aumentar el abasto y garantizar el derecho humano al agua, del PNH 2024-2030, se desprende la construcción de tres presas, que serían Las Chivas, sobre el río San Miguel y Sinoquipe y Puerta del Sol, sobre cauce del Sonora, pero no considera ninguna inversión que reduzca, controle o de plano elimine el descomunal desperdicio por fallas en la red de suministro, sin contar lo que sucede a nivel doméstico y comercial.
La propuesta no es congruente con el propio PNH, ya que elevar el abasto sin controlar “la merma” la solución se torna insosteniblemente inmoral y contradice eso de “fomentar un manejo adecuado y responsable del agua en todos sus usos”.
De manera paralela a esta irracional propuesta del Gobierno de México, ha venido creciendo una muy bien organizada y mejor informada oposición a la construcción de los embalses proyectados, particularmente por habitantes de ribereños del río Sonora, quienes consideran amenazada su actual forma de vida, cultura y medio ambiente.
Existen voces y argumentos sólidos para pensar, que al menos la presa Sinoquipe es más que nada un seguro para la producción mineral de Grupo México, ya que está diseñada no sólo para controlar avenidas y almacenar agua, sino para contener lixiviados tóxicos ante una eventualidad como la ocurrido en agosto de 2014, cuando la empresa vertió 40 millones de litros de sulfato de cobre acidulado al río Bacanuchi en Cananea, que llegaron al río Sonora y contaminaron toda su cuenca hasta Hermosillo.
El PNH considera recursos para sanear media docena de ríos en el país, pero no para ninguno en Sonora, pero la minera de Germán Larrea tampoco ha cumplido con su parte de remediar el impacto de su actividad a casi once años y medio de ocurrida.
Los opositores a las presas exigen que previo a cualquier obra, se obligue a Grupo México a cumplir y combatir los daños ocasionados a la salud, la economía y el medio ambiente.
La agricultura nacional consume el 75% del agua dulce y desperdicia también más de la mitad, especialmente las zonas cerealeras como el sur del estado y las productoras hortícolas de Huatabampo y Hermosillo, aún no se han aplicado en la entidad las medidas de ahorro y eficientización del uso del fluido que se describen en el PNH.
Tampoco, se tienen documentados de la revisión de concesiones a los principales usuarios de los recursos hidráulicos en el estado, ningún agricultor acaparador ha regresado un litro de agua a la Nación.
Por parte del gobierno estatal, las propuestas para el tema son también escazas y lo más audaz al respecto es haber tratado de revivir a principios del 2024, el Plan Hidráulico del Noroeste, para traer a Sonora agua del río Santiago de Nayarit. Sin embargo, la propuesta no fue retomada por el PNH de la presidenta Claudia Sheinbaum y toda la política e inversiones estatales dependen de las directrices de la federación.
Pero incluso en obras anteriores, como las que se incluyen en los planes de justicia indígena, el Gobierno de México ha fallado, pues ni el distrito de riego número 18 (comunidades yaquis) ha funcionado, ni el acueducto yoeme lleva aún agua potable a las 54 localidades para las que fue diseñado con un costo de más de 2 mil millones d pesos.
Tampoco funciona cabalmente el acueducto seri, pese a la promesa del gobernador, Alfonso Durazo Montaño, de que estaría listo el 31 de julio de 2024.
La única obra hidráulica que se había logrado, acueducto Presa Pilares-Álamos, presenta fallas, fugas e insuficiencia en la cantidad y calidad del agua que suministra, incumpliendo con su misión de garantizar el derecho humano al elemental fluido.
Como colofón, el problema del agua en Sonora no sólo es la escasez del recurso, sino una mala gestión y una gobernanza guiada con una que otra ocurrencia como la del echverrista rollo del Plan Hidráulico del Noroeste, cuyo costo -si a alguien se le ocurre financiarlo- sería de más de 100 mil millones de pesos y tardaría como diez años en llegar de Nayarit a Hermosillo.
Tomada de la red
Publicado originalmente en: https://www.facebook.com/luisenrique.ortiz1

