Días del Futuro Pasado 117

Jorge Tadeo Vargas J.

Hace unos días, Xóchitl Gálvez, candidata a la presidencia por el Frente Amplio Opositor (FAO) declaraba en una entrevista para El País, que a la ultraderecha le “daría” las energías limpias, es decir que pondría todo el marco jurídico a su disposición para que hicieran más negocios con este tipo de producción de energía. También declaraba que ella no cree en los “monopolios” del Estado y que la participación de la industria privada la considera importante para el desarrollo de un país. Esto después de declararse de centro-izquierda, lo que sea que esto signifique en estos tiempos de polarización y confusiones ideológicas.

Estas declaraciones de todas las que ha hecho la candidata y ex-senadora, son las que me parecen más preocupantes, no sólo porque plantea privatizar aún más uno de los bienes estratégicos del país como es la producción y distribución de energía, sino que lo que propone busca fortalecer a las empresas transnacionales más cercanas a la extrema derecha, el ala más conservadora, que tiene muy claro que la política debe ser liberal en lo económico, fascista en lo social, negando el cambio climático Antropoceno, pero que están muy metidos en todo lo que signifique ganancias para ellos, socializando los costos en las comunidades más vulneradas y la naturaleza, es decir mantienen una lógica del capitalismo tardío, neoliberal desde una visión feudalista, tecnócrata y corporativista.

Aunque en las declaraciones que Gálvez dio en este entrevista no dijo mucho y solo fueron unos cuantos guiños de hacia dónde irá dirigida su política energética en caso de ganar, decir abiertamente que la privatización en su gobierno es un hecho y que se dará de mano de la extrema derecha, genera muchas dudas (o certezas) de que si gana el FAO, seguiremos sin una transición energética justa, como lo vivimos en el gobierno actual, el cual sus inversiones en el cambio de la matriz energética son solo algunas apuestas de megaproyectos que nada ofrecen en la realidad y son solo proyectos que buscan mantener un control en la producción de energía, ante la necesidad de ampliar las formas (y el modelo) de producir energía. El Plan Sonora es el mejor ejemplo de esto. No es una alternativa, ni una solución, sino una continuación de lo mismo.

Ahora bien, lo que vemos es que ni el gobierno actual -y su posible continuidad con Sheinbaum a la cabeza- como la oposición no han hecho un análisis de la crisis energética actual y el cómo enfrentarla, es decir no están apostando por una política de transición que lleve a un cambio tanto en el modelo de producción, como en la matriz energética, donde se deje de pensar en los combustibles fósiles como el modelo de producción dominante.

Lo que vemos es que tanto para unos, como los otros, dentro el circo de la democracia electoral/partidista, es que la transición justa que se propone desde abajo y por la cual muchas comunidades están trabajando, no pasa por las políticas oficiales y peor aún, desde ahí es que no están dentro de las acciones climáticas.

Las políticas tanto ambientales, como energéticas del gobierno actual ya las conocemos de sobra y de mantenerse el partido actual en la administración federal después de las elecciones, estas no van a cambiar mucho, seguirán apostando por las falsas soluciones del carbón y el petróleo como “energéticos de transición” con una serie de mega proyectos muy específicos y puntuales de las mal llamadas energías limpias, proyectos que además van encaminadas más al negocio y la privatización de ciertas áreas de producción de energía, mientras nos venden (o quieren vendernos) la idea de una inexistente soberanía.

Por el lado del FAO y las declaraciones de su candidata de incluso habla de abrir PEMEX a la iniciativa privada de ganar las elecciones, aumentando la privatización aún más, pues es de esperarse que el tema de una transición justa no esté dentro de sus planes, es decir lo que nos ofrecen tanto la una, como la otra es una continuidad, es más de lo mismo.

Tanto del gobierno actual, como del FAO es muy previsible hacia donde va dirigida su política energética, donde negando toda evidencia, mantienen sus formas extractivas y privatizadoras. No hay más, el negocio sigue siendo el eje rector de un gobierno que no voltea a ver a las comunidades vulneradas por los megaproyectos, mucho menos a los ecosistemas colapsados por este capitalismo tardío, neofeudalista.

Una propuesta de gobierno que niega las evidencias científicas, que no reconoce la necesidad de un cambio en el modelo de producción y en la matriz energética, que sigue pensando en mega proyectos privatizadores de los territorios y la naturaleza, está muy lejos de pensar en los costos e impactos negativos de sus políticas, por lo que es la organización comunitaria, desde abajo, organizándose desde lo local, la única salida que tenemos ante lo que nos espera.

Desde la resistencia ante Elisyum

Septiembre 2023

Jorge Tadeo Vargas, escritor, ensayista, anarquista, a veces activista, pero sobre todo panadero casero y padre de Ximena. Está construyendo su caja de herramientas para la supervivencia.