Un estudio reciente liderado por investigadores daneses ha revelado que más de 445.mil toneladas de pellets plásticos industriales escapan al medio ambiente cada año, causando daños significativos a los ecosistemas marinos y la salud humana.
Estos pequeños gránulos o microperlas de plástico, son del tamaño de una lenteja y se utilizan como materia prima para fabricar productos plásticos y pueden terminar en ríos y mares, donde su recuperación es prácticamente imposible.
Los pellets plásticos no solo contaminan físicamente el océano, sino que también alteran profundamente los ecosistemas marinos. Pueden acumular compuestos tóxicos persistentes, como pesticidas y metales pesados, y actuar como vectores de contaminantes y patógenos. Las investigaciones han detectado alteraciones en el zooplancton, base de muchas cadenas tróficas marinas, lo que puede afectar a la pesca artesanal y comercial.

La exposición a microplásticos se ha asociado con un mayor riesgo de sufrir infartos, ictus y muerte prematura. Los microplásticos se han detectado en órganos humanos, incluyendo la placenta y tejidos arteriales. La exposición humana es difusa y puede ocurrir a través de la ingestión de alimentos contaminados, el agua potable, el polvo doméstico y el aire.
A pesar del daño evidente, los pellets plásticos no están clasificados como sustancias peligrosas para el medio ambiente según las regulaciones modelo de Naciones Unidas para el transporte de mercancías.
Esto permite que se transporten cerca de la cubierta de los buques, donde el riesgo de caída es mayor.

Sin embargo, hay soluciones viables para mitigar este problema. Sistemas cerrados de transferencia, suelos pavimentados con drenaje controlado, limpieza rutinaria de instalaciones y auditorías externas pueden minimizar casi a cero las pérdidas en tierra.
Durante el transporte marítimo, bastaría con exigir que los pellets se declaren, se almacenen bajo cubierta y se usen contenedores reforzados o con sellos adicionales.
La Unión Europea ha propuesto medidas más estrictas sobre la pérdida de pellets durante el transporte y la manipulación industrial. Países como Francia, Noruega y Australia están presionando para cambiar la clasificación de los pellets plásticos como sustancias peligrosas para el medio ambiente.

