Por: Ismael Bojórquez

El martes pasado una reportera le preguntó al fiscal General de la República qué había pasado con el caso Melesio Cuen, asesinado en julio del 2024 en medio de aquellos hechos que voltearon a Sinaloa de cabeza.

Lo que dijo fue que la FGR no ha dejado de investigar el homicidio y que busca judicializar a todas las personas implicadas en el caso. Fue durante la conferencia mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum. Respondió que presentaron pruebas “con toda precisión” y responsabilidades de los que actuaron directamente en el caso, entre ellos policías, agentes del ministerio público… pero que el juez no las quiso aceptar. Luego lanzó la consabida arenga contra “los jueces corruptos”. ¿Usted le cree?

El fiscal pone cara de indignado para que la gente y el reportero le crean. Está hablando de una discusión que se dio hace casi seis meses entre la Fiscalía y los jueces. Lo mismo que “explicó” ese martes dijo en octubre del año pasado y de inmediato los jueces, no solo el juez de la causa, Alejandro Alberto Díaz, sino los agrupados en la Asociación Artículo 41, en conferencias de prensa, manifestaron una y otra vez que la FGR había decidido retirar la solicitud de órdenes de aprehensión porque no tenía las pruebas suficientes, una de ellas, que las manchas hemáticas encontradas en la finca Huertos del Pedregal pertenecieran a Héctor Melesio Cuen. La FGR iba de frente contra los responsables de un montaje, no tanto contra los que asesinaron a Cuen, pero metió freno de mano por alguna razón.

¿Qué ocurre entonces? ¿Por qué congelaron la investigación? ¿No son suficientes siete meses cumplidos —desde que la FGR atrajo el caso— para tener ya una teoría del crimen y judicializarla? La misma FGR informó en uno de sus comunicados que contaban con la declaración “grabada” del chofer de Cuen, Fausto Ernesto Corrales Rodríguez, que ayudaba a confirmar con certeza que la primera versión que hablaba del intento de robo de vehículo en la gasolinera, presentada a los medios por la fiscalía estatal, había sido un vil montaje. ¿Qué les falta, entonces para solicitar de nuevo las órdenes de aprehensión contra los responsables de ese montaje que señalan? ¿A quién están protegiendo? Y la pregunta principal: ¿Quién mató a Cuen?

Tienen un testigo de oro de los hechos, que es este empleado de la UAS (Corrales), que ha regresado a su puesto como secretario del rector y se mueve escoltado por dos elementos de la FGR y dos de los Servicios de Protección del gobierno estatal. ¿Qué acuerdo han tomado con él como para que pueda llevar una vida (casi) normal habiendo sido testigo de hechos que a la postre han significado un infierno para los sinaloenses y desataron demonios que han segado la vida de más de mil sinaloenses en seis meses, entre ellos niños y gente de bien? Pero, además, él mismo se habría prestado a ese montaje que la FGR descubrió a los pocos días de haber tomado en sus manos la investigación y que sería el corazón de la torcida trama en la que los funcionarios de la fiscalía estatal, —para empezar ellos, no sabemos quiénes más— estuvieron metidos. Y por lo tanto, resultaría cómplice del crimen de Cuen Ojeda, ya no digamos del secuestro de Ismael Zambada y de la desaparición de dos de sus escoltas.

Los hechos ocurridos el 25 de julio del año pasado se dividen en dos: el secuestro del Mayo Zambada y el asesinato de Cuen. Sobre el secuestro del capo, la fiscalía federal ha informado lo mismo que el gobierno de los Estados Unidos que lo capturó en El Paso, Texas: nada.  El gobierno mexicano se escuda en que ha solicitado información a su contraparte gringa y no se le ha brindado, pero no les da a los mexicanos la información que quieren saber sin que afecte la integración de un expediente. Sobre el asesinato de Cuen empezaron a informar de inmediato los avances, pero se toparon con la Iglesia como don Quijote. Y entonces, a la vuelta de casi ocho meses, ni hay claridad sobre el secuestro del Mayo ni hay certeza de cómo murió el ex rector y quiénes fueron cómplices en el burdo montaje que armaron —para proteger quién sabe a quién— y que la FGR derrumbó con un soplido.

Bola y cadena

TODO PARECÍA, POR LA CELERIDAD que la Fiscalía mostró en un principio, que el caso Cuen se aclararía en unas semanas, que se fincaría responsabilidad a funcionarios y técnicos de la fiscalía estatal por el montaje… además, el mismo gobernador solicitó que la FGR atrajera el caso el mismo día en que el Mayo publicó aquella carta donde lo involucra. Lo hizo frente al presidente AMLO y frente a la presidenta electa Claudia Sheinbaum. Pero los intrincados montes de la política parieron a un ratón.

Sentido contrario

Y AHORA RESULTA QUE QUIENES descubrieron el montaje se convirtieron en cómplices de los montadores.

Humo negro

DESDE HACE MUCHOS AÑOS el tema de los desaparecidos en México se convirtió en un drama, una tragedia que nadie representa mejor que esas mujeres y esos hombres que escarban la tierra hasta con las uñas buscando a sus “tesoros”. También desde hace lustros se han estado encontrando fosas donde decenas de restos son encontrados exhibiendo al mundo la crueldad con que se conducen los grupos criminales. No hay límites para la impiedad y la atrocidad con que secuestran, torturan, asesinan y convierten en cenizas una vida, miles de vidas. En México debe parar esta infamia. Si la presidenta Sheinbaum ya empezó, debe terminar. Lo que vivimos no es una fatalidad, no existía hace décadas, puede terminar. Y eso es tarea del Gobierno, de nadie más.

Artículo publicado el 16 de marzo en el semanario Ríodoce.