Lo primero que tengo que decir sobre “La ciudad es nuestra” es que aunque sus creadores David Simons y George Pelecanos nos llevan de nuevo a Baltimore y su policía, a las calles de esta ciudad con su violencia, racismo, corrupción y todo lo que ya nos presentaron en su obra maestra “The Wire”. A catorce años, no estamos hablando de una secuela tardía, ni tampoco de un intento desesperado por aprovechar la fama de la que para muchos especialistas es la mejor serie de la historia. Estamos ante algo muy distinto, que si bien nos hace sentir como si nunca nos hubiéramos alejado de Baltimore, nos presenta una visión más actual de la policía y sus formas de actuar.

En “La ciudad es nuestra” no hay contemplaciones con la corrupción dentro de las agencias policíacas a todos los niveles, con el racismo con el que se manejan en las calles, donde todxs son presa fácil de una policía que no pierde el tiempo para demostrar que ellos tienen el control y aunque la serie tiene como personajes centrales al Escuadrón de Rastreo de Armas, la historia no tiene reparo en mostrar como es todo el departamento de policía, desde el Capitán hasta los uniformados son culpables de corrupción como mínimo.

Las estadísticas. Los números justifican cualquier actuar de la policía y si estas dicen que la violencia en las calles está bajando, las autoridades, incluso la alcaldesa voltea para otro lado ante las denuncias de la población por la violencia, los robos, las golpizas, la complicidad entre policías y el crimen organizado que son parte del día a día de los barrios obreros de la ciudad.

Vuelven aparecer los teléfonos intervenidos, el trabajo de espionaje, aunque aquí no es el protagonista y la falta de McNulty solo refleja como ya no necesitan a policías capaces de navegar entre la línea de la moralidad, de la ley y los vigilantes. Los pocos policías que intenta hacer las cosas bien, son desdibujados por Simon y Pelecanos, quiero pensar que deliberadamente como parte de la historia y darle más protagonismo aquellos que desde su uniforme se comportan como lo que son, delincuentes con placa que liderados por Wayne Jenkins interpretado magistralmente por Jon Bernthal, uno de los actores más infravalorados y que tienen en su currículum haber protagonizado el mejor “Punisher” en “Live Action”, van dejando a su paso, mucha sangre y violencia. Todo esto dirigido por Reinaldo Marcus Green(King Richards, 2021) que sabe traducir de forma precisa la idea de la dupla Simons/Pelecanos.

Otro acierto de la historia es no intentar ocultar, pero tampoco hacerlo el tema principal desde una falsa corrección política, a el movimiento “Black Lives Matter” para presentar desde donde tienen que actuar los políticos en la actualidad, no solo los políticos, también algunos policías que han modificado sus tácticas para continuar con su violencia racista.

Ante la vigilancia ciudadana hay que cuidarse más, parece ser la consigna policíaca, sin dejar de lado lo que hacen, al contrario en la fineza de hacerlo se presta una represión sutil y mucho más dañina, como lo muestran en cada uno de los capítulos de la serie.

Estamos ante una serie pesimista, con una crítica directa a la policía y todo el sistema de ley y orden que desde el sistema nos tratan de hacer creer que están para protegernos, cuando solo son aspiracionistas con poder y sin conciencia de clase. En los seis episodios de esta primera y espero no la última temporada, con una hora de duración por cada episodio, “La ciudad es nuestra” se encarga de tumbar el mito de que la policía está para servir y proteger.

Junio, 2022

Ankh-Morpork

*Jorge Tadeo Vargas, escritor, ensayista, anarquista, a veces activista, pero sobre todo panadero casero y padre de X.

Está construyendo su caja de herramientas para la supervivencia.