#DíasdelFuturoPasado 110
Primera de dos partes
Por Jorge Tadeo Vargas.
En estos días y hasta el dos de junio, la ciudad de París es la sede de la segunda ronda de negociaciones para la elaboración del Tratado Global de Plásticos, con el objetivo de seguir buscando soluciones -en palabras de los participantes- al problema de los plásticos en el mundo, esto pensando en la reducción de la producción.
En este marco y semanas previas a la reunión el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) presentó el informe de la consultora Systemiq y la Universidad de Portsmouth que tiene como objetivo -de nuevo, según ellos- de ayudar a los gobiernos con información para que las negociaciones del tratado lleguen acuerdos que se traduzcan en acciones.
Antes de hablar de este informe y los peligros que tenemos enfrente, hay que aclarar lo ineficiente que resultan estos tratados, convenios, acuerdos internacionales, al menos en materia ambiental y de salud. Y son ineficientes porque parten de lo que es políticamente posible para los gobiernos y no de las necesidades reales de encontrar soluciones de raíz a estas problemáticas, por lo que la mayoría de las veces no tienen ni siquiera un carácter vinculante, y en muchos de los casos se contraponen a las políticas de los países que los firman. A lo mucho, desde aquí se promueven las falsas soluciones que se ponen en marcha agravando más las problemática, eso sí, con una derrama económica que sigue sosteniendo al modelo de producción-consumo y el sistema de clases.
Teniendo esto en cuenta, hagamos un análisis somero del informe del PNUMA en que se basarán muchos de los acuerdos a los que se lleguen en estas negociaciones. Debemos de comenzar por mencionar la opacidad de quien pagó la elaboración del informe a esta consultora, cuales fueron los paraámetros y la metodología que usaron. Aquí tenemos una falta de transparencia por parte de la institución. Lo segundo es que se mantiene el reciclaje como pieza clave para la gestión de los residuos plásticos, lo cual sigue siendo un absurdo pues el reciclaje responde a la demanda económica y por lo tanto solo un porcentaje es el que va a ser reciclaje, pues desde la lógica del capitalismo siempre es un porcentaje menor que el de la producción de plástico desde su origen. Sabemos que menos del diez porciento del plástico global actualmente es el que se recicla y no parece aumentar.
La segunda y la que es más preocupante es que se contempla la incineración (coprocesamiento) de los residuos plásticos en plantas cementeras como parte de la gestión y manejo de estos residuos, lo que abre varias posibilidades -todas de un grave impacto- de lo que pasará. Sin embargo, aquí me voy a centrar en lo que ha venido haciendo la industria del cemento en los últimos años, pues desde el 2019 se comenzó un fuerte cabildeo por parte de esta industria para poder reconvertir el uso de combustible fósil a combustible derivado de residuos, es decir plásticos.
Lo primero que hicieron fue un fuerte cabildeo con diputados y senadores para modificar la Ley General de Prevención y Gestión de Residuos para que el coprocesamiento no sea considerada como un proceso de termovalorización, es decir por ley un proceso físico deja de existir, con lo que las cementeras no estarán violando ninguna ley con la quema de residuos plásticos en sus hornos.
Lo segundo fue la influencia que ejercieron ante el gobierno federal mexicano en las negociaciones de la Enmienda de Plásticos del Convenio de Basilea donde quedó la puerta abierta para que el país recibiera cientos de toneladas de residuos plásticos son pasar por un filtro ecológico y/o de salud. Un segundo avance que va dejando la puerta abierta para lo que sigue, como son los Créditos Plásticos que permitirán que junto a los Créditos de Carbono la industria del cemento invierta en las falsas soluciones de mitigación a la crisis climática.
Todo esto -que no solo pasa en México- socava el supuesto objetivo principal del Tratado Global de Plásticos, pues al usarlo como combustible, incluso se reducirá el reciclaje, con lo que no se alcanzara el objetivo que es poner un límite a la producción.
Por otro lado, no podemos ver la incineración de estos residuos plásticos como lo presenta la industria, esto es, un “aliado” contra la crisis climática, pues si tomamos en cuenta de que el noventa y nueve por ciento de los plásticos producidos provienen a partir del uso de combustibles fósiles, contabilizar solo el final de las emisiones sin tener en cuenta toda la cadena de extracción-producción-distribución-consumo-disposición es un sinsentido.
Y por último es importante mencionar que la industria del cemento es una de las industrias mas sucias, con las regulaciones más laxas, con poco o nulo monitoreo en todo el mundo y en México no es la excepción, además de ser de las industrias consentidas del gobierno federal actual. Con esto en la mesa, cuando se plantea aumentar las toneladas de plásticos a incinerar en los hornos cementeros es aumentar las emisiones toxicas en las poblaciones cercanas, por lo que se aumentan los daños a la salud ambiental y humana, una situación que por poner un ejemplo emblemático, para la región tolteca, donde hay siete plantas cementeras, entre mucha otra industria contaminante se les esta condenando a que ningún plan de restauración y/o reparación ecológica funcione para darles el mínimo de sanación tanto a los ecosistemas como a las poblaciones humanas.
Es importante recalcar que no solo la industria cementera está haciendo cabildeo para conseguir que estas cientos de miles de toneladas sean quemadas en los hornos, también empresas como Nestlé, Unilever, Coca Cola han lanzado programas y gastado millones de pesos en lobby para conseguir que esto suceda, la idea de no producir más plásticos, de buscar otras alternativas no está dentro de la agenda del sistema, por el contrario, se busca socializar aún más los daños socio-ecológicos en las poblaciones vulneradas y en la naturaleza, antes de tener pérdidas económicas. Desde aquí el panorama no es nada alentador.
Mayo 2023
Desde el exilio de Ankh-Morpork
Jorge Tadeo Vargas, escritor, ensayista, anarquista, a veces activista, pero sobre todo panadero casero y padre de Ximena. Está construyendo su caja de herramientas para la supervivencia.
En sus ratos libres coordina el Observatorio de Emergencias Socio-Ecológicas
