Luis Enrique Ortiz
- El glifosato pasa de un alimento a otro
El glifosato es un herbicida utilizado desde principios de los años 70 y 45 años después una dependencia de la Organización Mundial de la Salud, lo declaró como probable cancerígeno, sin embargo, en países como Estados Unidos o México su aplicación es todavía legal, utilizado principalmente para abaratar costos de los monocultivos en el control de malezas, en especial de cereales como el maíz amarillo.
Existe una enorme variedad de tamaños, formas, colores y sabores de maíces en México, pero el que se consume de manera mayoritaria es el que pertenezca a una de las tantas variedades de grano color blanco.
Está prohibido en nuestro país la importación, compraventa o utilización de sustitutos en cuyo cultivo se aplicó glifosato como herbicida o de granos transgénicos en su producción. En México todo el maíz blanco que se consume es de producción nacional, es decir, somos autosuficientes y es “round up free”.
El probable cancerígeno, mata de adentro hacia afuera a toda planta no transgénica en su radio de acción, pero a la que sí ha sido modificada genéticamente no le hace nada, pero se almacena en sus tejidos y frutos, como granos sobre todo los del tipo forrajero con que se engordan las aves, cerdos o ganado mayor.
Ceder ante la importación de maíces amarillos para la industria pecuaria, es de alguna manera el precio que estamos pagando para evitar que nuestros granos blancos se contaminen con polen de semillas patentadas.

Debemos estar plenamente conscientes de que la proteína de todo antojo o comida casera que tengamos en adelante, se enfrentará al dilema de haber sido “engordada” con maíz amarillo transgénico, comprado a los “Farmer” de los socios comerciales de América del Norte, que producen nadando en un mar de agrotóxicos, como el referido glifosato.
La razón para no importar maíz amarillo, es que se lo van a dar de comer a los animales que la cadena alimentaria convertirá en “chiken wings”, chicharrones, dogos, pizzas o la tradicional carnita asada familiar.
El glifosato llega a nosotros desde los campos de Kentucky, Idaho, Indiana y Iowa, donde se produce el 80% del maíz amarillo importado por México del vecino país del norte, como comida para engordar aves, cerdos y ganado, que luego nos comemos a razón de miles de toneladas diarias en sazones y formas muy variadas.
La lucha contra el glifosato no inició en 2015, pero el involucramiento de instituciones internacionales en el tema -a partir de esa fecha- le dan relevancia global y materia de ser atendidos.
México logró detener al menos de manera coyuntural la producción de maíces transgénicos en su territorio, sean del color que sea y la importación de maíz blanco, pero no ha tenido la fuerza suficiente para impedir el ingreso al país de forrajeros amarillos producidos con el multi citado herbicida.
Prohibir la entrada al país de maíz blando, por ser de consumo humano directo, es un gran paso en materia de soberanía alimentaria y salud pública.
Pero el hecho de que consumamos tortillas sin glifosato, no garantiza que el herbicida no llegue a nuestro cuerpo en forma de hamburguesas, burritos de machaca, carnitas de cochi o pollo en mole. Incluso hay otros usos permitidos en el espectro de maíces transgénicos industrializados para consumo humano.
La soberanía alimentaria debe ser total o no será, por definición, pero cada paso en ese camino debe respaldarse, por lo menos con un discurso solidario y alguna acción en consecuencia.
Dejar de importar maíz blanco está más que chingón y lo que le sigue, sin regateo alguno, pero también debe avanzarse hacia las restricciones a otros alimentos como los aceites de soya, muy popular porque puede ser de precio muy bajo para las amas de casa, respecto a los de maíz, cártamo o canola.
El 31 de marzo de 2024 es el plazo que dio el presidente Andrés Manuel López Obrador, para liberar a México de manera total de transgénicos y glifosato, no es un tema -por desgracia- de mucho interés de la mayoría de la gente, pero vigilar que se cumpla el decreto presidencial del 31 de diciembre de 2020 y modificado el 13 de febrero de 2023, para abrirle la puerta al maíz amarillo transgénico con fines forrajeros y otros productos de consumo humano directo.
Publicado originalmente en: https://www.facebook.com/luisenrique.ortiz1





