POR JORGE TADEO VARGAS

Días de revuelta, días de combate

En mis recientes columnas he escrito sobre las distintas alternativas que existen para buscar una verdadera gestión de cuencas integral, de enfoque ecosistémico, partiendo del reconocimiento de la necesidad de proteger todas las dinámicas que se dan en los ríos en particular, pero desde el concepto de cuenca.

Para ir cerrando estos textos, poniendo énfasis en los proyectos que están contemplados tanto en el plan hídrico nacional y el estatal para el estado de Sonora, donde otro de estos proyectos, es la construcción de una planta desalinizadora o desaladora que se construirá en el Golfo de California, en la región de Guaymas-Empalme y para la que se tiene -según los documentos de este plan- un presupuesto de 345 millones de pesos SÓLO para la construcción de la planta. Este dinero se otorga por parte de BANOBRAS.

En una rápida investigación se sabe que este proyecto es de los más avanzados del plan hídrico, de nuevo presentándose como una solución a la crisis hídrica. Cabe mencionar que la información de esta planta desaladora es muy poca. Como en todo lo que se maneja en el actual gobierno federal y estatal, la opacidad y el poco involucramiento de las comunidades afectadas es casi la norma del gobierno.

Antes que nada hay que dejar claro que las costas, son -por llamarlas de alguna forma- el ecosistema último de una cuenca. El agua llega al mar y desde ahí pasa el proceso de evaporación para regresar a los ríos y otros cuerpos de agua continentales, por lo tanto, debemos tener claro que la afectación de cualquier ecosistema tiene consecuencias en todo el macro, así que no podemos verlos más que de forma integral. Cualquier proyecto tiene repercusiones en toda la cuenca, desde el nacimiento en las sierras/montañas hasta las costas.

Ahora bien, una de las discusiones más comunes sobre los proyectos que se ponen en marcha para garantizar el progreso y desarrollo de los países, es que todos ellos generan un impacto. He escuchado en demasía el cómo, cualquier actividad va a generar un impacto, eso lo hacen para justificar la minería, las presas, los desarrollos turísticos, incluso la agricultura donde incluyen la familiar y la agroindustria o agrotitanes como se les llama actualmente.

Esta lógica que permea incluso el discurso de muchos investigadores es parte del problema, porque no se hace una diferenciación entre impactos y aquello que ocurren en una planeación con enfoque ecosistémico. No es lo mismo -solo para caer en el reduccionismo- una presa construida por castores a una construida por los seres humanos, no es lo mismo en tamaño, necesidad y formas de hacerlo, por lo que hay que tener en cuenta el enfoque hacia donde va dirigido cualquier proyecto que salga de este sistema de clases y su modelo de producción-consumo.

Desde ahí es importante recalcar que una desaladora es una solución de final de tubería que a mediano y largo plazo genera más impactos negativos que positivos en el ecosistema inmediato que son las costas, pero repercute en toda la cuenca.

Entonces, el primer impacto es que la disponibilidad de agua se ve afectada, pues se extraen millones de litros cúbicos -dependiendo el tamaño del proyecto- que serán enviados a otras regiones para el uso de las actividades humanas, con esto tenemos que cambian las dinámicas del ecosistema que sufren afectaciones. De las principales afectaciones es la pérdida de biota importante para el ecosistema costero y mar adentro, tomando en cuenta que más de la mitad de los procesos de reproducción y desarrollo biológico de muchas especies marinas ocurre en las costas. Tomar agua de un ecosistema para llevarlo a otro es contribuir al daño y al riesgo de desaparición de este.

El segundo impacto es la generación de los residuos del proceso de desalación, lo que comúnmente se conoce como salmuera y que no es más que un concentrado de sales y minerales que resultan del proceso de desalamiento y que en muchas ocasiones terminan siendo devueltos al mar con lo que modifican los patrones bioquímicos generando un impacto mayor. Tenemos que ser muy claros que no hay actividad sin residuos por lo que hay que aprender a manejarlos de la forma correcta, comenzando por el no producirlos.

El tercer impacto es el consumo energético de este tipo de plantas que es uno de los mayores consumidores energéticos en el mundo, por lo que eleva los costos, generando que el agua que se extrae en el proceso sea excesivamente cara y solo la industria pueda utilizarla. Temas de aumento de emisiones que contribuyen al cambio climático es otro de los aspectos a tener en cuenta. Este es el principal problema para los países que solo ven el tema económico por sobre lo socioambiental.

Un cuarto impacto es que estas plantas necesitan ser construidas en zonas que les den cierta protección ante la posibilidad de fenómenos naturales como son los huracanes, por lo que la mayoría de las veces se construyen cerca o desapareciendo zonas de manglares creando un impacto local que se resiente en lo global y de lo que estaré escribiendo la próxima semana. La desaparición de los manglares y todo lo que esto conlleva.

Finalmente y como ocurre en estos proyectos, la construcción de la planta modifica el paisaje y esto genera cambios en el ecosistema. No hay un proyecto de este tipo que no modifique considerablemente el paisaje, que en la construcción termine por destruir ciertos hábitats importantes para las dinámicas ecosistémicas.

Plantear una desaladora como la solución a la crisis de agua, es un sinsentido que solo agrava más la problemática y aquí es curioso que cuando se mencionan ejemplos exitosos, estos siempre sean de países que han modificado tanto sus ecosistemas que solo pueden ser de mosaico y por lo tanto no hay dinámicas de intercambio, sino solo de utilidad antropocéntrica.

Cuando se revisa a fondo el plan hídrico -tanto federal, como estatal- queda claro que desde los gobiernos siguen sin entender la importancia del agua verde y de los ecosistemas. Sus proyectos son meramente hidráulicos, sin la menor protección a los ecosistemas, al final siempre se puede crear una serie de mosaicos que den la apariencia de que todo está bien.

La lógica de que todos vivimos rio/cuenca abajo es importante tenerla como un mantra que nos ayude a entender que desde las montañas hasta el mar hay una conexión que debemos proteger y que las costas son parte de la cuenca con la misma importancia para ella como son los ríos y otros cuerpos de agua continentales.

Agosto 2025

Desde el autoexilio en las montañas de Klatch City

Sobreviviente de Ankh-Morpork, profesor, traductor, anarquista, exActivista, pero sobre todo panadero casero.

Hay días que viajo a Mundo Disco para sobrevivir.