Foto: AP EXPLICA-UCRANIA-INVASIÓN
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Por: Héctor Vega Deloya

Como buen todólogo, aquí les dejo mis primeras notas del conflicto ruso-ucraniano.

Creo que lo más complicado es definir desde dónde se puedo analizar y explicar. No creo que haya certezas sobre un posicionamiento personal, político o histórico. Pero lo que sí estoy seguro es que se debe opinar en sentido contrario de las versiones o posicionamientos mediáticos, de los discursos imperialistas y neocoloniales, de las versiones revisionistas de la historia moderna y de los planteamientos de liderazgo individual.

Sin duda y desafortunadamente el enemigo a vencer en la compresión de estos conflictos son los medios de comunicación oficialistas y legitimadores de los grandes discursos nacionales. Es tan evidente que los dos polos de producción de información sobre el conflicto tienen objetivos contrarios. Mientras que los medios pro-rusos intentan difundir el mensaje de justificación de un intervención armada, estratégica, quirúrgica y humanitaria. Por el contrario los medios pro-OTAN (USA-Reino Unido) dibujan una imagen de terror, de miedo civil, en donde se percibe un monstruo que amenaza la paz mundial y el sueño de la civilización superior, la occidental europea, Schengen.

Ambos discursos en su obviedad y aberrante manipulación evidencian la falta de independencia de los productores de la comunicación socialmente compartida que permite a los sujetos formarse una idea del mundo. Se requieren herramientas para digerir toda esta información y un aparato crítico de análisis. Evidentemente no todo mundo lo tiene y son pocos casos de mujeres y hombres periodistas que éticamente ofrecen una visión si acaso no crítica, por lo menos imparcial del conflicto.

Sobre de esto un caso interesante, la Cámara de los Comunes de Reino Unido tuvo sesión para analizar si prohíben Rusia Today (RT) por su campaña ideológica y de desinformación. La verdad que he visto programas de RT que son diarreicos, montajes pro-rusos con tinte de periodismo crítico. Pero bueno, NYT o BBC también ofrecen poca opción crítica del discurso, solo hablan de Putin y su peligroso personaje que pone en riesgo el equilibrio mundial, jejeje cuál, qué, cómo, de qué me perdí.

La tendencia a resumir o reducir el conflicto a una disputa geoestratégica de un nuevo mapa global, es una visión todavía más complicada de comprender ya que hay muchos “evidentes”. En el discurso ruso, de un tema de “espacio vital estratégico”. Y si se trata de esto, es tan evidente para los sujetos comunes y corrientes, espectadores televisivos del conflicto, que la pregunta es todavía más evidente: por qué no lo analizó así Estados Unidos al intentar por diferentes formas incluir a Ucrania en el pacto de la OTAN, tan insistentemente y con una visión militarista de la solución de un posible conflicto.

Es decir, vio militarismo en el inicio, formación, creación y resolución del conflicto, nunca apostó realmente por la diplomacia ni mucho menos por un acuerdo bilateral. Y Rusia por su parte, esperó esto desde hace años, por lo menos lleva diez años esperando este conflicto, el momento de hacerse ver nuevamente como una potencia global, con capacidad financiera y militar para marcar su territorio y área de influencia geopolítica. Entonces, si es tan evidente de comprender no creo que los analistas militares de Estados Unidos no hayan pensado en este escenario, por el contrario, han de tener planeada una intervención económica militar de largo termino contra Rusia que la lleve consecuentemente a una desaceleración económica y crisis política, que termine por hundir a Rusia tal como en la caída de la URSS. Sin duda esto tendría enormes costos humanos ya que implicaría una guerra de por lo menos cinco años.

El caso de conflicto de Rusia-USA es un claro ejemplo de la pedagogía perversa en el que hay que eliminar al mal ejemplo. USA intentó por todos los medios anotarse la autoría de la caída de URSS y la revitalización de la economía rusa por medio de la penosa Perestroika. Y durante los años del 2000 al 2010 en los que se reguló la política rusa a partir de un sistema de participación semi-democrática y cacical (no podía ser de otra forma) dominada por oligarcas políticos y económicos que obtuvieron la titularidad de las grandes empresas del Estado para incorporarlas al sistema capitalista, lograron comprender que no había nada mejor para su propio bienestar que mantenerse independientes de las políticas económicas de Estados Unidos.

Eso ocasionó que los capitalistas rusos en lugar de ser vistos como los nuevos aliados agradecidos y protegidos de los gringos, volvieran nuevamente a marcar su raya y demostrar sus capacidades productivas y de explotación del capital, y sobre todo su necesidad de independencia y autonomía política. Es necesario entender esto, no se trata de un discurso nacionalista ruso de la defensa de la madre patria, es en el fondo, el esfuerzo de guerra del capitalismo ruso en su intento de consolidar su mercado histórico, reafirmando su capacidad de incidencia y coerción social, política y económica. En resumen, cómo te vas a volver una potencia capitalista sin ser mi socio, es decir, mi lacayo.

Por su puesto que esto no justifica éticamente una guerra, para eso sirven los discursos políticos, nacionales y de derechos humanos. Llama enormemente la atención la elaboración del discurso ruso, señalando claramente, estamos a favor de los que se han querido incluir en Rusia y en contra de los que se han querido ir con Estados Unidos, especialmente siendo vecinos estratégicos. Me pregunto cómo reaccionaría Estados Unidos si México aceptara tener un sistema misilístico o una base militar rusa. Creo que la respuesta es obvia. Por eso mismo llama la atención también el discurso gringo, apelando a la libertad del pueblo ucraniano, a lo terrible del personaje de Putin que emula a la figura de Hitler, al salvajismo del ejército ruso.

Es decir, se trata de un discurso que contextualizado en el escenario imaginario de una alianza militar México-Rusia, seguramente no sería reproducido, seguramente no apelaría a la autonomía e independencia del pueblo mexicano, y diría sin tapujos que es su espacio estratégico y quizás apelaría al tratado de Guadalupe en donde se prohíbe que México produzca o tenga armas que pongan en peligro a los Estados Unidos.

Entonces nos encontramos ante dos discursos absurdos. Uno, el ruso, descarado e iracundo que apela al respeto de los esfuerzos militares de la segunda guerra mundial y al reconocimiento de su área de influencia y derecho de propiedad histórica de Ucrania; el gringo, hipócrita y arrogante, que promete llevar al mundo a la guerra total porque Rusia así lo quiso al atentar contra la libertad de un país que vale la pena decir, no posee nada, solo el acceso directo a la zona de producción de gas y petróleo de Rusia.

Es aquí donde entra el análisis de los personajes, que es siempre el más errado, el más perdido, estúpidamente repetido y repetitivo. No hay nada más errado que atribuirle la guerra a una persona, y señalar a ese personaje ruso como el anti-héroe para posicionar a los gringos como los salvadores del mundo. Esta es una visión miope y aberrante, tanto para los que adulan como para los que satanizan al personaje.

No hay nada más equivocado que explicarse la guerra por los caprichos de un sujeto, sobre todo interpretar que Putin es el líder supremo de la política y la economía rusa ¡Por favor! Hay demasiados leones en esa jaula. Regreso líneas atrás, no puede entenderse a Putin sino como el representante de un sistema de organización política-económica cupular, patriarcal, hegemónico y capitalista. Él hizo el casting para ocupar el papel y lo ha ganado durante veinte años, y sigue siendo el mejor actor político de Rusia porque representa la ideología del capitalismo ruso, que es sin duda, uno de los capitalismos más neobarrocos del mundo, ostentoso, feroz, rapaz, anticomunista y religioso.

Es sin duda, un ejemplo exitoso de lo que André Gunder Frank denominó como la implantación del subdesarrollo, es decir, como volver un país subdesarrollado en un contexto de crecimiento monopólico, quizás a nosotros nos parezca conocido el modelo, pocos ricos, muchos consumidores, un enorme ejército productivo de bajo costo dándole con gusto a la explotación de los recursos naturales. Un capitalismo que ha tenido la capacidad de hacer un nuevo discurso sincrético de justificación histórica retomando elementos míticos fundacionales y reconociendo a favor de su reivindicación nacional post-comunista, su rol en la segunda guerra mundial y en la extinción del comunismo. Es aquí donde Putin le pregunta a Biden, “y usted qué hubiera hecho en mi lugar”.

Posibles escenarios. El primero, una intervención militar rusa para desarticular el poder político ucraniano y posicionar a un grupo pro-ruso que reivindique la autonomía ucraniana pero reconociendo la influencia rusa. Parece que esta es la apuesta rusa, algo corto y de impacto político, pero esto llevaría sin duda a un segundo escenario. Una guerrilla pro-ucraniana que quizá dure algunos años en desarticularse, dependiendo de si recibe apoyo de Estados Unidos, esto sería el peor de los escenarios porque sería una guerra de terrorismo, atentados y sobre todo violencia contra la población civil.

Un tercer escenario que sería complicado es que Estados Unidos intente establecer un área de excepción en Ucrania, como en Coreo o Vietnam, una Ucrania del Sur. Esto significaría una guerra a gran escala y en la que posiblemente llevaría a la ruptura de la OTAN o a la salida de algunos de sus miembros, ya que tendría costos y consecuencias para miembros como Alemania, Francia o España, que no están en condiciones de mantener un conflicto armado, y en donde posiblemente Estados Unidos y Reino Unido asuman la mayor parte de los costos de guerra y orillen a la intervención militar de países como Polonia, Letonia, Lituania o Estonia. Esto sí que estaría jodido.

Viendo estos escenarios, en primera, México mejor que no diga nada. Segunda, ojalá que Estados Unidos encuentre mecanismos para limitar su operación militar en Ucrania. Esperar que en Rusia se den por bien servidos en una resolución del conflicto, en donde Francia y Alemania llamen a la paz. Se sienten a la mesa de negociación ucranianos y rusos, sin que Estados Unidos quiera destacar como el pacificador, y en poco tiempo el fuego se apague.