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El veganismo propone un estilo de vida libre, hasta donde sea práctico, de productos de origen animal, y en última instancia busca la abolición de todo tipo explotación animal y el reconocimiento de sus derechos como seres vivos individuales. 

“..Las patas delanteras se enderezan, se endurecen y avanzan hacia adelante y hacia arriba,
implorantes y fatalmente rígidas, rematadas en cortas pezuñas que hace un instante amasaban
el barro del corral, el estiércol de otros cien balidos, dinosaurios del siglo de las máquinas,
nacidos para morir de un marronazo… Ahora ya es carne azul colgada en la heladera”: “Uruguay for export”

                                      Alfredo Zitarrosa en “Guitarra negra”

Ética, moralidad, ideales, comodidad, costumbre. Todos somos seres morales, todos tenemos nuestro propio y único código de ética que hemos formado a través de nuestro desarrollo individual desde que nacimos hasta este momento. Las circunstancias son importantes pero no siempre definitivas para la formación de nuestros valores como individuos sociales. Nuestra sociedad (enferma, distópica, acomodaticia) nos marca la pauta de lo aceptado y lo no aceptado, lo que a su vez marca la pauta de nuestros principales valores. Así, podemos encontrarnos que un “valor” muy apreciado a nivel social es el trabajo, quien es considerado “trabajador” tiene por lo general una buena imagen dentro de su entorno aunque la carencia sea incesante, en esos casos la falla sistémica se hace evidente y se recrimina al Estado, al orden social o hasta a la realidad misma como ente abstracto (“así son las cosas y nada se puede hacer” se llega creer). Cuando se culpa al Estado y al orden social por la miseria y la desigualdad al hacerse evidente la manipulación sistémica se forman movimientos de resistencia que pueden llegar a sucumbir gobiernos, al menos desde la Revolución Industrial la lucha de los obreros por sus derechos pisoteados por la oligarquía en el poder ha estado presente con cierto grado de “éxito”. Pero que se tome el trabajo como una virtud y un valor individual es algo relativamente nuevo. Durante siglos, quizás milenios, la oligarquía impuso su visión del trabajo como algo indigno, adecuado sólo para los miserables plebeyos, sirvientes o esclavos, inferiores en todos los sentidos a la nobleza y la realeza. Así, el trabajo era visto como una actividad completamente despreciable, y el ser trabajador no era ningún tipo de virtud ni mucho menos. Como este ejemplo cunden incontables situaciones similares de cambios de “valores” en la sociedad a través de la historia.

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El veganismo es una postura ética y moral que busca el cambio de valores, en cuanto al trato animal se refiere. Así es, para el ciudadano común y corriente es de lo más común –a diario lo hacen– pedir en la fonda o en el Sanborns una orden de tacos al pastor, una orden de arrachera, un filete mignon, un roastbeef, etc., etc., sin reparar en que lo que comerá son restos de un ser viviente que sentía y poseía mayor o menor grado de consciencia (aunque lo refuten hasta el hartazgo los carnistas). Si se ve el animal detrás del alimento se ve como un producto de la naturaleza destinado a ser sacrificado y consumido por su carne. Y se habla de millones de años de evolución que nos llevaron a ser una especie omnívora, se habla que el cerebro creció gracias a la ingesta de la proteína animal y a la cocción de ésta con el descubrimiento del fuego, se habla que somos naturalmente omnívoros y prueba de ello son los enormes caninos (insertar tono sarcástico aquí) que contenemos en nuestra boca que nos sirven como filosas cuchillas para cortar con voraz facilidad la carne cruda del ciervo o el caballo recién cazado con la intención de satisfacer nuestro estomaguito y sed de proteína animal, todas estas son teorías sin comprobación científica. ¡Oh, bendita P.N.L. que llenas de ignorancia y apatía la propaganda oficial y por afectación las mentes más comunes y sencillas de nuestra distraída sociedad! ¡Qué sería de la oligarquía mundial sin tu inconmensurable ayuda! Sí, la programación neurolingüística ha permeado nuestra capacidad de empatía en general y hacia los considerados “animales de producción” en particular. Sí, sin empacho comemos tacos de lengua, ojos, tripas, corazón, sesos, cabeza, pierna, manita, buche, etc., etc. Mi intención no es que se le haga agua la boca a nadie, menos a ti, curioso lector, al contrario. El veganismo propone un estilo de vida libre, hasta donde sea práctico (hasta el hule de las llantas tiene componentes animales, así como las bolsas de plástico hueso molido), de productos de origen animal, y en última instancia busca la abolición de todo tipo explotación animal y el reconocimiento de sus derechos como seres vivos individuales.

Progreso. Evolución. Tradición.

Progreso: una pantalla de beneficios públicos que en realidad con cada obra enriquece y empodera más y más a la oligarquía.
Evolución: la necesidad de adaptación de la especie para su sobreviviencia.
Tradición: conjunto de hábitos arbitrarios, algunas veces sin beneficio ni sentido común.

El progreso no sólo es la producción en serie masiva y magnánimas obras públicas, de hecho, ese concepto de progreso es retrógrada en estos días, es regreso. El concepto de progreso el día de hoy tiene que ser el de la sostenibilidad y el bienestar general, no la imposición de un estilo de vida produccionista-consumista. Las necesidades satisfechas tienen que ser necesidades reales y no “tradicionales” o comodidades hechas gracias a la industria (a menos que sean completamente sostenibles, respetuosas de los derechos individuales, y libres de explotación animal).

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La evolución se da de manera natural, pero no por eso debemos de esperar a que la naturaleza actúe, tenemos que actuar para provocar una evolución desde ya, que el planeta lo está pidiendo, y la evolución tiene que ser de consciencia y de conciencia. Consciencia de que somos seres que podemos encontrar la plenitud en nosotros mismos y no en las riquezas que podamos acumular o cualquier cosa material que podamos poseer. Conciencia de que somos individuos sociales cuyas acciones tienen efecto en el resto de la sociedad en que vivimos, incluso más allá.

La tradición es pintoresca y curiosa (como tú, lector), nos muestra una parte de la sociedad que la produce a modo de exhibición grotesca mientras anula por completo las otras partes (para nada como tú, curioso lector). Por lo general existen 2 tipos de tradiciones: las que se han transmitido por generaciones como un producto de la practicidad, el ingenio y la identidad local; y las que han sido impuestas a conveniencia de los conglomerados de poder, ya sea estados, religiones, o consorcios comerciales.

El veganismo supone progreso, ya que plantea la desaparición de la industria cárnica que produce casi el 20% de los gases de efecto invernadero que están calentando el planeta (mucho más que todos los automóviles, aviones, y vehículos impulsados por combustibles fósiles) por lo que representa una propuesta sostenible de gran impacto.

El veganismo supone una evolución consciente del homo sapiens para convertirse en una especie con responsabilidad ambiental y respeto a los seres vivos con que compartimos nuestro hábitat.

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Al veganismo no le interesa en lo más mínimo la conservación de “tradiciones” que destruyen el medio ambiente y aniquilan a las especies no humanas, le interesa la compasión hacia éstas. Pero, ¿por qué?

Los animales de producción usuales (vacas, cerdos, gallinas, etc.) son seres sintientes, con un sistema nervioso complejo que responde a cada situación de dolor de la misma manera que nosotros los humanos, es decir, sufren el dolor. Si eso no bastara, científicos como Douglas Hofstadter aseguran que existen de forma natural “niveles de consciencia” en los seres vivos, desde el mosquito más básico, hasta el humano, pasando por todos los animales restantes en el trayecto. Sí, según Hofstadter los mosquitos no llegan a tener un bucle de retroalimentación tan complejo como para tener consciencia de sí mismos, pero sí para contemplar y analizar su entorno de manera básica. De aquí, entre más complejo el organismo más complejo el bucle de retroalimentación y más posibilidad de consciencia de sí. Si tomamos en cuenta que los animales típicos de producción son millones de veces más complejos que un mosquito y que sus secuencias de ADN están mucho más cercanas a las del humano (la del cerdo es prácticamente idéntica), es fácil llegar a la conclusión que llega Hofstadter sobre la consciencia real de los animales, completamente análoga a la nuestra, claro, matizada por las características de cada especie. Sí, el filete que tan placenteramente saboreas, curioso lector, fue parte de un cadáver de un ser que sintió y sufrió y murió prematura y cruelmente por haber nacido dentro de una especie considerada “de producción” o “de consumo”. Un ser consciente que muy probablemente profirió un pensamiento análogo a la oración “yo estoy sufriendo”.

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El especismo es la condición que nos lleva a distinguir y separar a las especies consideradas “de compañía” (las mascotas), las consideradas “salvajes” (vistas comúnmente en los zoológicos), las consideradas “de producción” o “de consumo” (vistas en los mercados y en los platos), y por último las “circunstanciales”, que están ahí sin beneficio directo para el humano y que en ocasiones son tratadas como plagas o son usadas para experimentar con ellas en los laboratorios (incluidos primates).

Para el veganismo todo esto es inaceptable, es un abuso del poder de destrucción del humano. Debemos terminar con estas prácticas por completo, la abolición de todo tipo de explotación animal es la meta.

Ahora, el veganismo propone todo esto llevado hasta sus últimas consecuencias prácticas. Es decir, (hablando hiperbólicamente) no significa que por proteger a todas las especies pongamos en peligro la subsistencia de otras o del mismo humano. Se trata de actuar ética y responsablemente, porque así también ayudamos a preservar nuestro entorno y a resolver problemas como las hambrunas y las sequías que en gran medida son producto de la agricultura animal (aquella destinada a servir de alimento de engorda para los animales de producción).

Es verdad que el veganismo de por sí no es la panacea en cuanto a salud se refiere. Es cierto que dejar de comer carne, lácteos y otros productos animales tiene sus ventajas para la salud, pero como en cualquier dieta omnívora, la alimentación vegana requiere ser balanceada, así como consumir como complemento la vitamina b12, la cual es producida por bacterias en el estómago, mismas que debido a la producción agrícola contemporánea son aniquiladas por pesticidas y demás químicos usados para “optimizar” la producción. Y la verdad es la comida más sabrosa y variada del mundo, neta.

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Espero, curioso lector (suponiendo que existes y no eres vegano) que esta perorata no te moleste, muy al contrario, te haga conciliar un poco tu perspectiva de justicia con tus actos, de no ser así, probablemente tendrás un caso típico de disonancia cognitiva, pero eso lo dejamos para otra ocasión. Chau.

Aldo Barrios
Agosto 2015

 

Guitarra negra – Alfredo Zitarrosa (16:44min)

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