Vivimos en un mundo en el que el capitalismo ha abandonado toda pretensión. Lo que durante años se ha promovido en nombre de la democracia, la libertad de expresión y los derechos humanos se está derrumbando. La fuerza bruta, la represión, la censura, la guerra y la eliminación ya no son la excepción, sino que se han convertido en la norma. En el punto álgido de sus crisis, el capitalismo revela su verdadera cara con más claridad que nunca.
En un mundo así, es inútil depositar nuestras esperanzas y buscar ayuda en las potencias dominantes, los gobiernos y las fuerzas externas. Estos no son una fuerza liberadora, sino que forman parte integrante del sistema que ha llevado a millones de trabajadores a un callejón sin salida. Confiar en ellos solo significa repetir los errores del pasado.
Irán no es una excepción. Lo que está sucediendo aquí es una manifestación particular y flagrante de las mismas relaciones: pobreza, represión, injusticia, inseguridad, discriminación y destrucción de la vida cotidiana de todos los trabajadores.
En tal situación, el llamamiento al derrocamiento del régimen se escucha por todas partes. Este llamamiento es justo y necesario. Pero la experiencia histórica de la clase obrera ha demostrado que si el derrocamiento es solo un eslogan, si se lleva a cabo sin una visión clara y sin apoyarse en la fuerza real de los trabajadores, ha conducido repetidamente a la derrota y a la reproducción de la misma situación. Hemos visto en numerosas ocasiones cómo los oprimidos y los opresores, las víctimas y sus verdugos, se han unido bajo una misma bandera, y que el resultado para la clase obrera no ha sido más que la continuación de la explotación y la eliminación. Esta experiencia se ha repetido una y otra vez en Irán, y son los trabajadores y sus familias quienes han pagado el precio.
Hoy en día, junto con la ira y la protesta, existe otra realidad: en algunos medios de comunicación y, a veces, incluso en las calles, las corrientes monárquicas se hacen cada vez más oír. Es un fenómeno que debemos reconocer, pero no debemos dejarnos intimidar. No debemos permitir que este alboroto mediático y estas consignas ruidosas desanimen o desmoralicen a los trabajadores y los desvíen de su camino. Estas voces, por muy fuertes que sean, no representan la vida interior de la clase obrera y no aportan ninguna respuesta a sus problemas reales. La historia ha demostrado que las voces dominantes en los medios de comunicación en un momento dado no son necesariamente la fuerza dominante en la vida real. Lo que es determinante es estar arraigados en los sufrimientos y las necesidades cotidianas de la clase obrera.
La cuestión principal sigue siendo la siguiente: ¿con el apoyo de qué fuerza y para qué cambio debe derrocarse el régimen? El simple hecho de permanecer en las calles y agotarse allí, especialmente en condiciones de represión brutal y aislamiento, contribuye más a aumentar el número de víctimas y a minar nuestras fuerzas que a promover la causa de los trabajadores. La calle es importante, pero no lo es todo. La calle solo tiene sentido cuando se apoya en la vida real de los trabajadores.
La vida no se desarrolla únicamente en la calle. El pan, los medicamentos, la sanidad, la educación, el agua, la electricidad, el transporte, la seguridad y la paz son las preocupaciones cotidianas de los trabajadores, aquí y ahora. Si estos problemas siguen sin respuesta, ninguna protesta, ningún grito durará.
Nuestros aliados no son los gobiernos, ni las potencias extranjeras, ni las oposiciones burguesas heterogéneas, ya sean de derecha, de izquierda, nacionales o extranjeras. Nuestros aliados son los propios trabajadores; trabajadores que viven juntos, que trabajan juntos, que se enfrentan a problemas comunes y que luchan contra ellos. Ahí es donde podemos mantener nuestra fuerza, cumplir con nuestras tareas semana tras semana y aprovechar la oportunidad de tomar decisiones reales sobre nuestro trabajo y nuestra vida.
Cuando los trabajadores pueden gestionar su vida cotidiana, cuando se desarrolla un sentimiento de apoyo y camaradería, y cuando las decisiones emanan del corazón mismo de la clase obrera, entonces la calle ya no es un lugar de erosión, sino un foco de movilización de una fuerza real.
Y este camino no puede recorrerse sin aclarar las reivindicaciones inmediatas y urgentes. Con el fin de revertir el statu quo, las reivindicaciones de los trabajadores son claras e inequívocas:
- La alimentación, el vestido, la vivienda con todas las comodidades, los medicamentos, la asistencia sanitaria, la educación, el agua, la electricidad, el gas, Internet, transporte, ocio, viajes y todas las necesidades básicas de la vida humana deben quedar totalmente excluidas de la esfera de las mercancías y los intercambios monetarios y, sin ningún requisito de pago, ser universalmente accesibles para todos, en particular para los trabajadores y sus familias.
- Debe prohibirse absolutamente cualquier forma de injerencia del Estado en todos los aspectos de la vida humana, ya sea en la vestimenta, la vida comunitaria, las relaciones sociales, las creencias, la cultura, la ética, las tradiciones, las costumbres, las actividades políticas o cualquier otra esfera.
- El trabajo doméstico debe ser completamente abolido y sustituido por servicios sociales colectivos, al margen de cualquier forma de intercambio monetario.
- El sistema penitenciario debe ser abolido y todas las prisiones desmanteladas.
- Todas las formas de ejecución deben estar absolutamente prohibidas.
Estas son las reivindicaciones urgentes y vitales de la clase obrera; su realización está ligada a la fuerza real de los trabajadores, esa misma fuerza que se forja en la vida cotidiana, y no en la sobrepuja mediática ni en las promesas y proyectos del poder impuestos desde arriba.
¡Abajo el capitalismo, la República Islámica y todos los Estados capitalistas!
¡Establezcamos una sociedad de consejos sin explotación, sin clases, sin esclavitud salarial!
Trabajadores anticapitalistas activos del movimiento por la abolición del trabajo asalariado.
Fuente en persa: t.me
Fuente en inglés: againstwagelabor.com


