
Cultura light 2020
Manuel Alberto Santillana
1) A unas poca semanas de que inicien las campañas de vacunación contra el COVID19 han aparecido, de nuevo, las teorías conspirativas de todo molde. Una de ellas, la más loca, impulsada entre otros por actrices como Patty Navidad nos dice vía tuiter que si nos aplicamos la vacuna el gobierno controlará nuestros cerebros por ondas electromagnéticas, ya que la vacuna tiene nano-robots que obedecerás a esas señales. Otra dama por ahí, igualmente en tuiter, señala que si nos aplicamos la vacuna estaremos inmóviles por varios días y entonces al ser la tierra plana el infierno debajo de nosotros nos freirá por un efecto sartén. Hace meses, al inicio de la epidemia había una dama argentina quien aseguraba, en un video largo como de media hora, que la epidemia de COVID19 era un ejemplo claro de cómo el capitalismo crea una crisis “a propósito” para desacelerar lo agresivo que estaba siendo este sistema con el planeta. Adicionalmente los varios movimientos antivacuna que recorren el mundo occidental crecieron como espuma de detergente. Basados en que las vacunas producen daños como meningitis, choques anafilácticos o cuadros severos de la enfermedad señalan que deben de prohibirse o que la gente tenga el derecho de no vacunarse. Efectivamente, las vacunas sí tienen esos efectos adversos, sí pero en uno de cada 20 o 50 mil casos. Y, en efecto, la gente puede no vacunarse ejerciendo un derecho de no atención o libertad sobre su cuerpo. Pero estos movimientos promueven el no vacunarse como lo verdaderamente sano, y que los gobiernos nos han mentido todo el tiempo.
Por último están dos teorías conspirativas a cual más de surrealistas. Una de ellas enarbolada por el propio presidente Donald Trump, de que esta epidemia la generó China para atacar a los EEUU como represalia por aranceles impuestos a varios productos asiáticos. En síntesis, que el virus fue fabricado en los laboratorios biotecnológicos chinos de Wu Han y que lo esparcieron entre consumidores de alimentos extraños del mercado de esa ciudad, y de ahí por viajeros dirigidos los enviaron a Europa y a los EEUU. Conspiración que mantuvo durante toda la epidemia, incluso cuando estuvo enfermo él mismo del COVID. Por si fuera poco, en el colmo de esta teoría conspirativa a comenzado a circular un mensaje por whatsapp de que una farmacéutica norteamericana es la socia comercial del laboratorio chino donde “se fabricó” el virus. Y que la financiera Black Rock está detrás de todo, ya que creó el virus, impulsó la pandemia y ahora financia a Pfizer para que salve al mundo con su vacuna. La otra locura es la del presidente ultraderechista de Brasil Jair Messias Bolsonaro, quien haciendo honor a su nombre de Mesías lanza una campaña de que “no hay que ser mariquitas” y hay que salvar la economía. En pocas palabras, una campaña de que “al que le tocó, ni modo, pero son pocos los que mueren. Y es mejor la riqueza económica que algunos se mueran”. O sea, no una campaña de “no existe el virus, son mentiras” sino una de “No es para tanto”.
2) La doctora Karina Acevedo Whithouse, investigadora de la Universidad Autónoma de Querétaro tiene otra opinión. Y esto se puede consultar por youtube y un video que ya anda circulando por whatsapp. La doctora Acevedo, desde una perspectiva científica seria y con bases inmunológicas, señala que la vacuna está sobrevaluada. Además de que señala que también está sobrevaluada la prueba PCR para detectar el virus de la epidemia de COVID19. Primero, porque la aplicación de la prueba diagnóstica de PCR detecta esbozos o trazas del virus Corsar2, el agente causal. Lo cual quiere decir que está detectando cualquier virus de este tipo, incluidos los de años anteriores como el antiguo H1N1. Por si fuera poco, la doctora señala el conflicto de intereses que existe entre los autores de los artículos que promueven el riesgo de la epidemia, promueven la salvación a través de la vacuna pero que a la vez uno de estos autores es el propio editor del British Medical Journal (el acreditado BMJ donde se publicó la emergencia del nuevo virus). Por último, que se ha sobre estimado la mortalidad del COVID19. Ella señala, “la letalidad real de la epidemia es el 2% o máximo 3% mundial, o sea menor que la de la influenza de cada año”. Todo lo anterior es cierto, pero en mi opinión, no es suficiente.
3) Umberto Eco nos advertía en su artículo “Conspiraciones y tramas” que dudamos o quisiéramos creer en esas conspiraciones porque: “La interpretación recelosa nos absuelve de alguna manera de nuestras responsabilidades porque nos hace pensar que se oculta un secreto detrás de lo que nos preocupa, y que la ocultación de este secreto constituye una conspiración contra nosotros”. Y que además en el colmo del falso silogismo de tal complot está el hecho de que, si lo ocultan o lo niegan, es la prueba de que existe. Tal como los ovnis, la Atlántida, lo Yeti o Pie Grande, los Mayas extraterrestres, o el asesinato de Kennedy por un solo hombre.
4) En cualquiera de los casos lo que sí es evidente es que sí hay muertos por COVID19, y ha fallecido gente cercana a cada uno de nosotros. Es probable que sí sea menor la letalidad que la tuberculosis o la influenza, o incluso a morir por otras causas, pero sí hay muertes. Y que pese a movimiento anti-vacunas, o que razonamientos científicos críticos tengan mucho de cierto, o de que hay intereses financieros anti-éticos de las farmacéuticas que producen las vacunas, o que guerras comerciales entre China y los EEUU estén por ahí detrás; lo cierto es que la mortalidad y el colapso de los hospitales –en todo el mundo- se debió a las concentraciones de gente sin cuidado, tal como si no pasara nada. Como si para algunos quienes siguen sin hacer caso a las normas de higiene –incluyendo a algunos que morirán por este virus-, el complot sí existe, el mundo es plano.
